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Agosto 18, 2026

Panorama energético de Chile: La porfía por el carbón

En Chile, el precio de la electricidad acumuló este mes un incremento de 57% en lo que va de 2008. Esta vez, el nuevo aumento no es consecuencia de la falta de agua en las represas (que Endesa presentó antes como panacea para construir las represas Ralco y Pangue en territorios de influencia mapuche, y hoy repite el discurso para levantar 5 represas en la Patagonia, bajo el nombre de Hidroaysén), sino a la fluctuación internacional de las energías fósiles.

Mientras la especulación en torno del petróleo significa hoy impredecibles subibajas en los precios internacionales, la tonelada de carbón –el combustible más contaminante- supera los US $115, aun cuando hace una década registraba US $15. Sin embargo, las empresas eléctricas del mercado chileno insisten en ofertar represas hidroeléctricas y centrales termoeléctricas a carbón, para mantener sus utilidades (en la primera mitad de 2007 ganaron $1.325.561 millones; en la primera mitad de este año reportaron $1.454.876 millones), mediante la externalización de costos sobre economías locales, salud de la población y patrimonio natural.
Los incrementos constatados en la reciente década (entre 2000 y 2006 el precio de la electricidad subió 100%) evidencian una vez más los perjuicios de una matriz eléctrica atada a combustibles fósiles importados. La producción de electricidad en Chile cuesta 400% más que en Argentina y casi el doble que en Colombia, Perú y Brasil, lo que la convierte en la más cara de América Latina, según un estudio publicado el pasado invierno por la consultora argentina Montamat.

Las alzas constatadas desnudan el irrisorio argumento de estas empresas monopólicas, que anuncian que la puesta en marcha de la nueva ley de promoción de Energías Renovables No Convencionales (ERNC), promulgada en marzo pasado por la Presidenta Michelle Bachelet, significaría alzas de 3% ($300 por hogar). Al contrario, el primer estudio del “Aporte potencial de ERNC y eficiencia energética (EE) a la matriz eléctrica 2008-2025” (de la U. de Chile y la U. Santa María, y un Comité Consultivo integrado por gobierno, empresarios y sociedad civil) concluye que, a partir del precio actual o uno mayor de la energía, el país podría abastecer a lo menos 53,6% de la demanda eléctrica del Sistema Interconectado Central (entre Tal Tal y Chiloé) en 2025, y así evitaría la construcción de una potencia térmica de 7 mil a 10 mil MW a 2025 y la emisión de 16 a 22 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2), que este año han aumentado en 30 millones, y se proyectan a casi 70 toneladas hacia 2017. Esto, obviamente, implica riesgos de castigos impositivos a las exportaciones, pues Chile figura hoy en el segundo lugar mundial de los países con mayor crecimiento de emisiones, luego de China.

Sin embargo, pese al anuncio de la Presidenta Bachelet de invertir US$ 400 millones en promoción de ERNC y eficiencia energética, y la creación, por parte del candidato presidencial de la oposición de derecha, Sebastián Piñera, de una comisión para estudiar estas alternativas no contaminantes, el sector energético ha presentado 6 proyectos térmicos a carbón por 3.860 MW. Esto, sumado a los 2.201 MW en construcción, significa aumentar la dependencia externa del actual 16,4% de la capacidad instalada a 30% en 2020.

Si a esto agregamos que Chile no cuenta con normativa para las termoeléctricas, la autoridad debe asumir su responsabilidad por la agudización de protestas sociales. Estos focos ya son visibles al sur de Constitución (a causa del proyecto Los Robles, de AES Gener, que lidera la expansión del carbón con casi US$ 6 mil millones en inversiones); en Coronel (a causa de Bocamina II, donde la Corema decidió reevaluar el proyecto de Endesa, colindante con poblaciones); en La Higuera (a causa de Cruz Grande, de CAP y Barrancones, de Suez Energy), y Farellones, donde la estatal cuprífera Codelco ha puesto en peligro la contigua Reserva de pingüinos de Humboldt y tuvo que suspender la tramitación de su iniciativa porque este carecía de información relevante para ser evaluado.
Ante esta situación, es lamentable que la autoridad aduzca la política de la “neutralidad tecnológica” (en un mercado monopolizado, que apuesta por el combustible más barato de turno, a costa de la salud de las personas).

Sara Larraín
Directora del Programa Chile Sustentable
comunicaciones@chilesustentable.net