Los mercados, que apuestan, especulan, no lo hacen sobre la fantasía: Siempre, sobre los posibles eventos ulteriores, sobre la conformación de una eventual realidad. Si ahora se derrumban de la noche a la mañana –muchos han perdido en semanas la riqueza acumulada en años- es también una evidente señal: el futuro no es tan incierto. Es peligroso, es oscuro.
Los efectos, venideros en el corto plazo, son tan sombríos como los pronostica el mercado: más turbulencias, sí, pero sobre todo, una recesión, que podría ser larga y profunda. Como la de 1929 dicen ya sin ninguna duda numerosos economistas, pero tal vez también con enormes diferencias. Grande, sí, histórica como aquel crack, también. Pero quizá mayor. Peor.
Los organismos internacionales han comenzado a difundir sus primeras proyecciones oficiales, las que apuntan a un decaimiento de aquellos otros indicadores, los que conectan a la economía con la vida real. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que los efectos de la crisis en el desempleo mundial serán caóticos: globalmente, unas 20 millones de personas pueden quedar sin trabajo de aquí a un año más. De cumplirse ese pronóstico, en el mundo habrá 210 millones de trabajadores sin empleo.
La pérdida de empleos está directamente relacionada con el aumento de la pobreza. Nada nuevo y avisado hace unas semanas también por organismos internacionales, por el mismo Banco Mundial. Robert Zoellick, presidente de esta institución, lo dijo sin rodeos: “Cien millones de personas han caído en la pobreza este año y la cifra va creciendo”. Y en “esta catástrofe causada por el hombre”, serán, lo dijo también, los países pobres los más vulnerables a absorber los daños.
Este fue uno de los fantasmas que rondó por la Cumbre Iberoamericana de El Salvador, la última semana de octubre. Un hecho casi seguro, explicó en la cita el presidente mexicano, Rafael Calderón, será el aumento de la pobreza en los países de la región. El desafío, dijo, ya no es reducir la pobreza, sino evitar el aumento de la pobreza extrema.
Y de la pobreza, al hambre. Hacia la mitad de octubre, durante la celebración del Día Mundial de la Alimentación, convocado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el secretario general, Jacques Diouf, mostró datos que debieran llenarnos de pavor. En los últimos meses 75 millones de personas han aumentado el grupo mundial de los desnutridos, grupo que llega a la cifra de 854 millones de personas.
¿Es Chile especial?
Cifras globales, que afectarán también a las naciones denominadas o mal denominadas “emergentes” en mayor grado. Y si es así, también a Chile. Aun cuando el ministro de Hacienda, Andrés Velasco, se ha empecinado en insistir en el blindaje de la economía chilena ante la crisis global, la fuerza del cataclismo es imposible de ocultar. Fue ésta la principal materia de la Cumbre Iberoamericana, la que fue abordada en términos dramáticos por los distintos jefes de estados y de gobiernos. Entre ellos, también Michelle Bachelet.
Esta ha sido probablemente la primera vez que Bachelet se refiere a la crisis en toda su extensión. Esto es, no solo como un fenómeno bursátil, acaso financiero, sino como un desastre económico y social. “No nos quedemos en el desplome bursátil. Evitemos con fuerza el desplome social. La Cumbre Iberoamericana puede jugar, como foro de concertación política, un rol de gran relevancia para el logro de los desafíos que debemos enfrentar para proteger a nuestra gente y a los más pobres ante el desamparo y para construir una respuesta colectiva que privilegie el interés común, por sobre el interés particular”.
Bachelet fue bastante clara en la Cumbre con el diagnóstico futuro. No podía haber hecho otro en un ambiente que declaró “las exequias del neoliberalismo”, en que la idea de soltar las amarras con la actual institucionalidad económica mundial ganaba terreno. Rafael Correa, el economista presidente de Ecuador fue preciso: Demandó poner “en el cesto de la basura las instituciones que no sirven” y puso sobre la mesa la propuesta de crear un banco y una moneda regional única para dejar de pagar “tributo señorial” en dólares.
Bachelet, sin embargo, les pidió ayuda a esas instituciones que Correa desea mandar a la basura. Ha llamado a la ayuda, en la certeza que los problemas que amenazan a la región son grandes. Porque ya hay certidumbre de una disminución de las exportaciones, de los flujos de capital, de un aumento del desempleo, de la pobreza. De los problemas económicos, sociales y políticos. Bachelet instó a la comunidad internacional a movilizar recursos en la región para reforzar las ayudas: “Necesitaremos medidas adicionales y más contundentes, en proporción a la magnitud de la demanda que introducirá la crisis a partir de los próximos meses y el próximo año”.
El peso triturado
Lo dijo. Por vez primera con tanta claridad. Chile no está blindado, como le había dicho el ministro Velasco. Chile sufrirá los efectos de la crisis como tantas otras naciones. Más aún, la institucionalidad económica chilena, que privilegió durante décadas la apertura de los mercados en la más rigurosa receta neoliberal, hace al país especialmente vulnerable a la crisis. Basta mirar lo que ha sucedido con la inflación tras el alza de los precios de los diferentes bienes en los mercados internacionales, y basta ver las tremendas presiones que ha debido soportar en las últimas semanas el peso, ahora muy devaluado respecto al dólar y al euro. Presiones que se harán sentir muy pronto en una nueva alza de todos los bienes importados, desde los alimentos a los automóviles a los combustibles.
Los efectos de esta crisis los pagaremos los más pobres. Ha sido así antes y lo será ahora. La presión contra las divisas, que ha devaluado el real, el peso mexicano y el chileno en las últimas semanas, con serias y crueles consecuencias en sus economías, es un efecto típico de los grandes especuladores, que buscan día a día dónde colocar sus capitales y sacar, a costa de lo que sea, una ganancia. Luiz Inacio Lula da Silva lo dijo: las naciones pobres “son víctimas y no culpables”.
AFPs
Pymes, otra vez bajo la ola
La crisis asiática de finales de la década pasada dejó lecciones muy amargas en las pymes. Es entonces cuando el deterioro adquirió rasgos veloces y profundos. Un estudio de entonces realizado por una consultora reveló lo que hoy es una percepción diaria. Si se toma como índice cien el año 1994, la gran empresa en el 2000 había aumentado en un cinco por ciento sus ventas, en tanto las pymes en todas sus variantes (micro, pequeña y mediana) las había reducido en este periodo. “La microempresa cayó en esos cinco años más de diez puntos porcentuales, la pequeña empresa casi quince puntos, la mediana empresa casi 16 puntos, en tanto las grandes empresas aumentaron su participación en casi cinco puntos. Un fenómeno que tuvo su referente directo en una transferencia de la riqueza desde este extenso sector de pobres a la gran empresa.
Las pymes, que absorben la gran mayoría de la fuerza laboral, son también las grandes generadoras de desempleo en momentos de crisis. Bien es recordado que tras la crisis asiática la tasa de desempleo chilena se elevó a dos dígitos. Sólo hace un par de años ha tendido a contraerse, pero jamás a los niveles que tuvo el desempleo en los años previos al trance.
Construcción
Las autorizaciones de construcción han venido cayendo durante los últimos meses. A septiembre pasado este indicador cayó más de un 30 por ciento respecto al año anterior, baja que se refleja en la construcción de viviendas, oficinas y otro tipo de inmueble.
Los índices de la Cámara de la Construcción también apuntan hacia un freno. En septiembre, las ventas de este sector cayeron en más de un once por ciento, y en un 14 por ciento respecto al diciembre del año pasado.
La construcción, bien se sabe, es uno de los sectores más sensibles a las oscilaciones económicas, por lo que esta caída es muy probable que se mantenga durante los meses siguientes.
Exportaciones
El impacto en las exportaciones será claro y contundente. Aún es prematuro para observar el fenómeno, pero el descenso en el precio del cobre – de 3,2 dólares en enero a dos dólares en octubre –que ha reducido en casi un 30 por ciento los excedentes de Codelco es una tendencia que probablemente continuará. Por ahora, aun cuando no se observa una caída en las exportaciones, sí ya se percibe un estancamiento. A octubre pasado, la cifra total exportada era levemente superior a la de un año atrás, en circunstancia que durante los últimos años este sector mantuvo un crecimiento permanente.
Desempleo
Todos estos fenómenos ya se observa en la tasa de desempleo. Si bien la tasa general de desocupación no ha tenido grandes variaciones, sí hay señales en la construcción y el comercio. Si comparamos los meses de septiembre del 2008 con el de 2007 observamos que en la construcción los desempleados aumentaron en más de cinco mil personas, en tanto en el comercio en casi 25 mil.
La tasa de desempleo nacional se ubica en 7,8 por ciento, la que tenderá a subir durante el próximo año para alcanzar niveles similares, o mayores, a los de la pasada crisis de finales de los 90, con guarismos de dos dígitos.
Precios
El Banco central ha venido subiendo las tasas de interés durante el año, para colocarlas en este momento en 8,5 por ciento anual. El motivo de tales alzas ha sido una desatada inflación, como efecto de las súbitas alzas de los precios de materias primas internacionales, desde el petróleo a los alimentos.
Pese al fuerte cambio en la tendencia de los precios internacionales –el petróleo pasó desde casi 140 dólares a poco más de 60 en un par de meses- hay ahora otro problema con los precios. Las presiones sobre el peso, devaluado día a día por la acción de especuladores, nuevamente incide en un encarecimiento de todos los bienes importados. Un fenómeno que por cierto se trasladará a la tasa de inflación general y llevará al Banco central a subir otra vez las tasas de interés y a provocar un mayor decaimiento de la ya aletargada economía. Tendremos inflación con recesión, quiebras, desempleo, el peso triturado.
Estamos en la tormenta perfecta, como han calificado no pocos economistas.
PAUL WALDER
paulwalder@yahoo.es
Artículo publicado en revista Punto Final
