Hoy en día todo mundo habla de un “tema”; el tema de la basura, el tema del terrorismo, el tema de la delincuencia, el tema de la crisis, el tema de las elecciones, el tema de la vida, el tema de las erecciones. Todo cuanto sucede en el universo público y privado, regional e internacional, particular y universal constituye un “tema” y a partir de éste, se hilvanarán diversas conversaciones, análisis desde el vitalismo, el mensaje de los arcanos y la filosofía hermética, desde la chocarrería y la prudencia, hasta la fealdad y la belleza: durante 365 días bailamos el vals del tema ¿Es que el tema constituye un tema?
Hoy en día no existe un discurso único y envolvente más allá de aquel vinculado a la economía; derecha e izquierda, arte y poesía se revuelcan como cerdos en el lodazal de los imperios del dinero. De ahí que todo cuanto producen, regentan, vomitan y espetan se rotula bajo el vocablo unidimensional “Tema”. El diccionario de la Real Academia define Tema como una proposición o texto que se toma por asunto o materia de un discurso; es por esto que para los diputados, presidentes, senadores, periodistas y calumniadores la operación de nalgas de la modelo en boga y el hambre constituyan un tema, es decir, un asunto frente al cual los piadosos y gentiles tienen algo que decir. Lo peor es que debido a esta relativización de los discursos bastante reciente y en aras de la llana ignorancia, el tratamiento que reciben cuestiones como las violaciones a los Derechos Humanos y la cloaca en que se transformaría Chile con un presidente de la Derecha, es prácticamente el mismo ya que como se ha manifestado, ambos son “temas” y nada más que eso.
Este “tema” chileno obedece a las corrientes delirantes y posmodernas a las que nos tiene acostumbrados nuestro sis-tema de democracia concertacionista, donde todo es analizado y medido de acuerdo a las leyes del ahora y del acaso y por lo tanto, el interés puesto en el “tema” es bastante exiguo ya que seguramente la semana entrante habrá un cambio en el “tema”. Durante cinco días el “tema” será la crisis financiera; un ministro dirá “El tema del ahorro urge patentarlo en la mentalidad de nuestros sirvientes, perdón, compatriotas”; luego vendrá la educación: “Esta presidenta se comprometerá a solucionar tan importante tema”; alabanzas a Lucifer: “El tema es saber por qué la presidenta no vino a cortar la cinta del monumento”; Derechos Humanos: “Es todo un tema lo que esos terroristas hacen en las tierras de los nobles hacendados”. Ecce Hommo Chilensis.
¿Todo es un tema? Efectivamente así es. Ahora, el asunto cardinal aquí es entender por qué la liviandad precisa constituir el único prisma a través del cual se observarán los diversos temas. Pero ¿Cuáles serían los más grandes y primordiales entre ellos, los que sin duda requieren un especial y particular énfasis, un estudio minucioso y acabado? Sin duda los que tienen sumergido a Chile en la ciénaga de la soledad y el abatimiento: la injusticia, la desigualdad, la ignorancia y la pobreza. En este sentido y para desgracia nuestra, los temas vienen filtrados por el descalabro casi siempre maquiavélico de aquellos que se empecinan con una cargancia animalesca en ocultar la realidad bajo la alfombra, construyendo un Chile inexistente, sordo y ciego para los berreos guturales provocados por nuestra infelicidad: de ahí que los hiperventilados “Temas” obedezcan a los caprichos de la necedad y bobería.
Para el ciudadano promedio el “tema” será averiguar el lugar exacto donde adquirir las ofrendas navideñas: los medios de comunicación ayudarán al vulgo a solucionar tan importante “tema”, consultado como siempre lo hacen durante cuatro oportunidades en el año (Inicio Escolar, Semana Santa, Fiestas Patrias y Navidad) al Sernac, las multitiendas, los gerentes, sirenas, gnomos, hechiceras y saltimbanquis de la periferia. Más de alguien escuchará por allí “Yo creo que igual el tema de los adornos lo debería ver la Lucha” “Estai loca Nancy, igual para ella es un tema ir la tienda y sacar las cosas, el tema es que no que le queda cupo en la tarjeta y ese sí que es un tema. Deberías ver el tema con el Pepe, aunque para él igual es un tema, no te creai”.
Lo interesante de cualquiera de los Temas chilensis, es que su presentación en la Agenda pública va de la mano con las intenciones horripilantes de los medios de comunicación y que tienen relación con la defensa descarada del sis-tema y orden establecidos. Efectivamente, se presenta el tema de los Mapuche ¿Para qué? Para explicarle a la ciudadanía que la lucha por la conservación de la identidad y pretensión de derechos obedece a los empachos de gentuza iracunda y malintencionada, el “tema” es que son terroristas: aún cuando la población civil jamás haya sufrido un solo atentado. El “Tema” de la reivindicación de la mujer tiene que ver con su “integración” al mundo de los hombres, pero jamás –siguiendo a Simone de Beauvoir- con el abandono de su condición servil, de identificarse como la contraparte de lo uno (el hombre) y contentarse siendo lo Otro. El “Tema” de las violaciones a los Derechos Humanos en dictadura, tiene que ver con el resentimiento y desprecio de sí de los familiares de Detenidos Desaparecidos, con su indiferencia hacia el futuro y la felicidad de los violadores. El “Tema” de la delincuencia tiene que ver con la maldad inmanente de quienes rompen las leyes y jamás con un aislamiento provocado por una sociedad hambrienta de dinero y fetiches mercantiles a los que rinden una pleitesía y adoración sin límites. Desde esta óptica sin lugar a dudas el tema constituye un tema; en qué medida los temas van anulando nuestra alma y entereza humana.
Lo más bajo, lo más ruin, lo más decadente está ligado a estos temas que presenta la agenda nacional. En un tiempo próximo serán los tópicos, las cuestiones, los asuntos, los remilgos y las querellas; pero el fondo de todo, las intenciones ocultas tras el velo de una simple palabra, se mantendrá incólume pues el arte de ocultar bajo la alfombra es una costumbre demasiado arraigada al instinto nacional. Pero ¿Qué hacer ahora con los temas? Habrá que analizarlos con agudeza y precisión, pues cada vez que aparecen en la vida se desprenden de la boca de un pateta y eso es algo que de inmediato nos debería provocar un profundo e inconmensurable asco; de ahí la importancia de investigar y no sólo tragar los Temas.
