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Agosto 18, 2026

Obama presidente ¿Adiós a la cabaña del tío Tom?

Con el triunfo electoral del abogado Barack Obama, se han escuchado expresiones como “afro americano”, “afro descendiente”, “raza negra”, “gente de color” (¿Cuál será la gente sin color?), proferidas por la cursilería habitual, común a la derecha e izquierda “cuica”. Son pocos los que se refieren como “Presidente negro” a secas –y sin ninguna carga peyorativa- a la “principal” característica que la prensa mundial destaca del presidente número 44 de la historia de EE.UU.

Dichas expresiones –con todos los matices y carga semántica que encierran-  no contribuyen a analizar las causas que permitieron a Barack Obama derrotar al candidato republicano. El color de la piel no determina una política de Estado. Además sorprende que en un mundo globalizado en lo económico no se globalicen las razas y etnias que habitan el planeta. Ya es difícil soportar un sistema político unipolar no se diga ¿uniracial? Colin Powell, general de las tropas invasoras en la Guerra del Golfo o la actual Secretaria de Estado, Condoleeza Rice, cuya piel también es de color negro, no destacan por cambiar la política imperialista del Estado que posee la maquinaria de guerra más mortífera en la historia de la humanidad. Creo que para explicarnos los aspectos raciales, si es que éstos jugaron un factor preponderante en la elección del 4 de Noviembre, deberíamos indagar en los escritos de Franz Fanon. Lo otro es equivocar el rumbo.

“La cabaña del tío Tom” (“Uncle Tom’s Cabin”) conocida novela abolicionista, que tiene a la esclavitud del pueblo negro de los estados del Sur de EE.UU. como tema central, es un diagnóstico –en blanco y negro- de la dura realidad de segregación y discriminación racial que existe en el país del Norte. La historia se centra en el relato de tío Tom, un esclavo afro americano, de convicciones cristianas, que pela el ajo bajo el látigo de sus patrones blancos. La novela dramatiza la dura realidad de la esclavitud en EE.UU. autoproclamado país de “la libertad”.

La discriminación racial y la política de exterminio no es un dato nuevo en la historia gringa. Comienza cuando los primeros colonos ingleses desembarcan del buque “My Flowers” en las costas de Norteamérica en 1620. No pasó mucho tiempo para diezmar a los pueblos originarios que resistieron bajo la dignidad de jefes guerreros como Jerónimo, Caballo Loco, Seattle y otros. Hechos recientes sobre discriminación racial los encontramos en las golpizas que policías blancos propinaron a unos jóvenes negros en la cinematográfica ciudad de los Ángeles, lo que tuvo a esa ciudad al borde del estallido social.

El triunfo de Barack Obama, no se explica solamente porque un pueblo –considerado uno de los pueblos más consumistas e ignorantes del mundo- votó contra la discriminación racial. Lo que no pudieron hacer los análisis de James Petras o documentales de Moore, por citar a destacados intelectuales norteamericanos, lo hizo el huracán Katrina y sus devastadores efectos en Louisiana, Missisipi y Alabana (ver mi columna “Katrina: los ricos también lloran”) donde quedó al desnudo una realidad que muchos ignoraban: la pobreza y abandono del pueblo negro de EE.UU. por parte del Gobierno Republicano y de quienes le precedieron.

En todo caso el pueblo de EE.UU. avanza y deberá llegar el día en que no sea novedad elegir un presidente negro, una mujer, un chicano, latino o descendiente de un pueblo originario. Lo qué importa es que Barack Obama, su equipo de gobierno y aquellas voluntades que logró sumar con el slogan “del cambio” sirva realmente para que EE.UU. respete los principios del derecho internacional como la Autodeterminación de los pueblos, la Igualdad jurídica de los Estados y la Solución pacífica de los conflictos. El cambio se verá reflejado –si es que es genuino- en poner fin al bloqueo a Cuba y retirar la Base Militar de Guantánamo, hoy convertida en centro de torturas para el pueblo árabe.

¿Podrá Barack Obama hacer realidad la palabra del evangelio de cambiar las espadas por rejas de arado? EE.UU. es el mayor productor y exportador de armas. Duro camino, pero desafiante y revolucionario, espera a Barack Obama si de verdad quiere iniciar una nueva historia en el país de Mark Twain, Jerónimo, Martin Luther Kin, Malcon X, Marilyn Monroe, Kurt Cobain y Muhammed Ali. América Latina mira con esperanzas que un nuevo orden mundial se instale definitivamente en un planeta que busca superar la pobreza, derrotar las nuevas enfermedades, y por sobre todo quiere paz y desarrollo.
 

Por Rodrigo De Los Reyes Recabarren
                                                          
rodrigodlr@patagoniachile.cl