Pero al neonazismo chileno la raza de los ferroviarios les olía mal. Uno de los transportes que los hombres de estos sureños pagos, necesitamos para desplazarnos para nuestros afanes y por el mero gozo de estar vivos. Pero renace el siglo y el tren.
Me escribe el ciudadano Klein, amigo poeta con el cual realizamos hace 10 años un viaje de protesta lúdica, por el cierre inminente del ramal que va del trueno al mar. Mescribe diciendo que el ramal se transformó en un “monumento nacional”.
Me acuerdo que pedimos el tren un sábado para nosotros. Un piño como de cuarenta personas de variadas layas, unidos por la alegría y por la novedad y por el único objetivo de impedir pacíficamente el cierre de un trozo de nuestras únicas vidas.
Personalmente llevo cincuenta años de lucha por el renacimiento del tren entre el valle del mapocho bip y el puerto de Valparaíso.
La cosa es que con la bandera tricolor en la locomotora y con el ánimo sobre el volcán descabezado, el grupo empezó a entonar viejas canciones entre bocadillos de jabalís y mostos de santa Rosa del Lavadero.
Y el viaje entró en energías del siglo 19, puesto que en la estación de Colín, las huestes de los Tomates Asesinos las emprendieron contra los vagones de la oruga de metal, que con la voz de don Pablo de Rokka por su parlante/nariz paro su marcha en la primera estación del largo recorrido.
Decenas de tomates se incrustaron en las ventanas relativamente limpias y los de adentro del vagón si bien es cierto que sufrieron unos primeros instantes de pánico, se bajaron a saludar mejor, no vaya a ser que hasta allí durara el viaje.
Afuerinos y orilleros en paz.
También dicen que tres meses después de los acontecimientos tan vagamente transcritos de la memoria, algunos cientos de habitantes del ramal utilizando el mismo tren de trocha corta, se presentaron en la intendencia de la plaza de los correos Talquina a exigir que no se cierre el tren porque lo necesitamos para vivir.
Bueno y después de la estación de Colín de los tomates, llegamos a la estación González Bastías, poeta que se radico por esa orilla de río y fue llamado por el tiempo como el poeta de las tierras pobres.
Ese caserío donde nos bajamos locos por la lentitud del caballo de metal, llegando a las otras lentitudes de esos caseríos ramalinos.
Con el hombre pájaro plantando un canelo, mientras la pichanga ya sacaba vientos de la tierra seca, ya jugaban los fantasmas comalianos entre olores al primer humo de asados cantados.
Unas poesías para celebrar en Contida y Vueltalca.
Memoria de fin de siglo para iniciar este otro, de celebración en un galpón del río claro, con unas mesas puestas por Russo y la música de no me vayan a decir y el ciudadano ilustre de Valparaíso y la vitralista de la catedral de los piratas, bailando el bolero, en un video blanco y negro del fotógrafo Rocco.
Si logramos recuperar el último ramal como no vamos a ser capaces de recuperar el último chile de las garras de S.A Piraña.
¡Creacionistas sin cuotas al día votaremos para presidente
Por el poeta García¡
