Si el candidato es indígena, negro, blanco, culto, inculto, de origen popular o pequeño burgués no da seguridad de nada. Los publicistas pueden usar estos detalles para montar a favor o en contra las campañas. Así difunden que quien les paga es religioso, representa un cambio generacional, tiene experiencia, es inteligente, está muy bien preparado, es honrado.
Lo que se debe observar es el programa, qué cambios va a hacer, qué conservará igual, cómo interpreta a los empresarios y los trabajadores, qué definición hace de los militares, su opinión de Estados Unidos y Cuba.
Y aún así no basta. Existen los simuladores y los traidores, los pragmáticos que luego de vivir bien en una posición descubren que es buena otra. Hay guerrilleros convertidos en neoliberales, indígenas transando sobre cadáveres, negros administrando el imperialismo, izquierdistas ocultando su programa reciente para que les den cargos.
Hay que preguntar por el plan de gobierno y si en su historia el partido o el candidato han tenido cambios.
Rómulo Pardo Silva
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