No pueden atribuirse sólo al sentido de la responsabilidad política los pasos al costado de la ministra Barría y la senadora Alvear. La coyuntura, tal como quedó dibujada a partir de las elecciones municipales, no permitía librar luchas individuales dentro de un colectivo severamente golpeado.
Las renuncias de las dos Soledades que remecieron el ambiente fueron manifestaciones directas de la coyuntura política que se vive a partir del domingo. Incluso el paso al costado de Soledad Barría no debe achacarse sólo a la no notificación de una veintena de casos de VIH Sida, con resultado de muerte –hasta ahora- de un matrimonio. También a la acusación constitucional que ya se había anunciado contra la ministra de Salud.
Si ésta tenía claro que debía asumir su responsabilidad política, no lo hizo sino hasta después del comicio municipal. No darle anticipadamente un regalo a la derecha puede ser un argumento, pero está claro que la crisis oficialista posterior no permitía resistir una embestida opositora como la que se terminó con la destitución de la ministra de Educación. Además, el partido Socialista se mostró dividido respecto de apoyar o no a su militante al frente de la cartera de Salud.
La generosidad personal y la lealtad por la causa no fue, entonces, la única motivación de María Soledad Barría, ni tampoco lo fue en el caso de María Soledad Alvear. Las condiciones políticas no permitían a ambas continuar con luchas individuales dentro de un colectivo severamente dañado. Un examen racional de los porfiados hechos llevó, por segunda vez, a la dirigente decé a resignar su aspiración presidencial, junto con asumir la responsabilidad por la debacle de su partido en las elecciones de alcaldes y concejales.
No estuvieron ausentes las presiones abiertas ni las indirectas. La bancada de diputados del partido, por unanimidad, pidió postergar la definición presidencial hasta cuando se diesen las condiciones para elegir el mejor abanderado. El golpe de gracia los dieron los llamados “príncipes”, aquella generación del 80 considerada brillante por muchos concertacionistas y que no ha accedido al relevo en la conducción de la DC. Sus más legitimados representantes, los reelectos alcaldes Orrego y Undurraga, decidieron pedir a Alvear un acuerdo con Frei que pasase por una postergación de las internas, y acto seguido se reunieron con el ex Presidente de la República, para plantear lo mismo.
Ahora los Claudio Orrego y los Patricio Walker, si son consecuentes, deberán reclamar ser protagonistas del futuro, lo cual implica, en esta pasada, respaldar a Eduardo Frei, no porque él haya acuñado el término, sino porque no hay otra carta sobre la mesa.
En la otra sección del tablero, Insulza no puede considerar su opción despejada, porque la pieza Lagos -jugando como rey- sigue en la expectativa general. El jefe del PS insiste en llevar adelante la instancia que proclamará, hacia fines de noviembre, su candidato propio, pero con ello arriesga que los díscolos lo boicoteen y que, formando o no tienda aparte, proclamen una opción de izquierda que tiente al Juntos Podemos.
Los rebeldes comienzan a exigir ya primarias de la Concertación totalmente abiertas, en que se presente quien lo desee y todos se enfrenten a todos. Un síntoma más del cuadro generalizado de ansiedad e incertidumbre desatado en el oficialismo a partir de las municipales del domingo, y que lo lleva a una incoherencia por lo menos formal: la profusión de proyectos particulares mientras todos claman por la unidad. (Comentario transmitido por Universidad de Chile Noticias, radio 102.5 FM).
La generosidad personal y la lealtad por la causa no fue, entonces, la única motivación de María Soledad Barría, ni tampoco lo fue en el caso de María Soledad Alvear. Las condiciones políticas no permitían a ambas continuar con luchas individuales dentro de un colectivo severamente dañado. Un examen racional de los porfiados hechos llevó, por segunda vez, a la dirigente decé a resignar su aspiración presidencial, junto con asumir la responsabilidad por la debacle de su partido en las elecciones de alcaldes y concejales.
No estuvieron ausentes las presiones abiertas ni las indirectas. La bancada de diputados del partido, por unanimidad, pidió postergar la definición presidencial hasta cuando se diesen las condiciones para elegir el mejor abanderado. El golpe de gracia los dieron los llamados “príncipes”, aquella generación del 80 considerada brillante por muchos concertacionistas y que no ha accedido al relevo en la conducción de la DC. Sus más legitimados representantes, los reelectos alcaldes Orrego y Undurraga, decidieron pedir a Alvear un acuerdo con Frei que pasase por una postergación de las internas, y acto seguido se reunieron con el ex Presidente de la República, para plantear lo mismo.
Ahora los Claudio Orrego y los Patricio Walker, si son consecuentes, deberán reclamar ser protagonistas del futuro, lo cual implica, en esta pasada, respaldar a Eduardo Frei, no porque él haya acuñado el término, sino porque no hay otra carta sobre la mesa.
En la otra sección del tablero, Insulza no puede considerar su opción despejada, porque la pieza Lagos -jugando como rey- sigue en la expectativa general. El jefe del PS insiste en llevar adelante la instancia que proclamará, hacia fines de noviembre, su candidato propio, pero con ello arriesga que los díscolos lo boicoteen y que, formando o no tienda aparte, proclamen una opción de izquierda que tiente al Juntos Podemos.
Los rebeldes comienzan a exigir ya primarias de la Concertación totalmente abiertas, en que se presente quien lo desee y todos se enfrenten a todos. Un síntoma más del cuadro generalizado de ansiedad e incertidumbre desatado en el oficialismo a partir de las municipales del domingo, y que lo lleva a una incoherencia por lo menos formal: la profusión de proyectos particulares mientras todos claman por la unidad. (Comentario transmitido por Universidad de Chile Noticias, radio 102.5 FM).
