Bueno a mediados del siglo pasado ir al cine se decía también vamos al teatro. Gran profesionalismo extroppiano. Un alarde técnico y las excelentes actuaciones de todos los actores especialmente de JC Sagal y Laura Pizarro.
Soy grupi de ellos desde hace veinte años y aún tengo en los buenos recuerdos “Viaje al centro de la tierra”.
Cerca de 23 personas trabajando durante dos años me decía Sagal feliz al final de la hora y media que se te pasa volando porque además se trata de un nuevo formato teatral, una suerte de Spanglish, entre el Teatro y el Cine.
Bueno hablamos de una de las tres o cinco compañías teatrales chilenas a nivel mundial.
No hace muchos días atrás deslumbraron a los Ñuyorquinos con la puesta en escena de “Gemelos”, creo recordar.
Muy buen tiempo el de hora y media, permite disfrutar quizás como los asombrados ciudadanos que veían por primera vez una película en cinerama, como el que había frente a la Biblioteca de la Alameda.
García Lorca decía del cantejondo gitano que dentro de ellas había obras con ángel y duende.
Como Sin Sangre donde se equilibra el alucine del paisajismo del sur de italia pero que bien podría ser la casa de campo cerca de Rancagua o el desierto de Atacama.
El dibujo de comic negro en movimiento y con las potentes actuaciones de la pareja de magos.
Hacia esa conversación entre la sobreviviente y uno de los que habían allanado su casa y matado a su padre y su hermano.
Por el vestíbulo del histórico teatro de ñuñoa, se movía alegre Ramón Griffero.
Recordemos su precursora “Cinema Utoppía” a fines de los ochenta. También en esta obra está ese viejo automóvil como el que pintaron los Wurlitzer en Matucana 19.
En el efecto de las viejas películas donde los de dentro del auto quieto parecía que se desplazaban por una carretera.
El mismo logro pero venido desde el teatro.
Personajes magníficos que viajan al interior de si mismos.
Dauno Tótoro en las precisas visuales de esta obra de cine.
Cuando uno asiste a un estallido de una supernova, las palabras no alcanzan para digerirlo inmediatamente pero si para el halago y el reconocimiento. Gracias por la curva provincia.
Apuestan al diálogo largo a los tres cuartos del camino. Para recordarnos lo que se nos había olvidado. Para pasar en riesgo del llanto a la risa y al diálogo simple y profundo.
Como en el cortometraje “La sombra de don Roberto” de Juan Diego Spoerer. Se encuentra un preso con un guardia que lo cuidaba. En la dureza del nitrato de chile.
Se encuentran la hija que sobrevivió porque ese hombre cabizbajo no le disparo cuando la tenía delante.Escondida tal como le había dicho su padre muerto.
Literatura,cine y teatro bien fusionados para advertirnos lo nefasto de la guerra y la violencia. El lado horroroso del siglo XX. La necesidad de no repetir y el abrazo siempre posible,ahí, en el fluir del tiempo recobrado.
Jordi Lloret.
