La cadena económica es muy singular. Heterogénea, asimétrica, abultada. Gruesa en ciertos tramos, ligera en otros, densa en algunas áreas, hinchada y endeble en otras. Pero responde a ciertas características comunes: si se rompe, lo hará por su eslabón más débil, que en este caso es el más grande. No el más rico, simplemente el más grande, numeroso, masivo. Las pymes chilenas, que absorben entre un 70 y un 80 por ciento de la fuerza de trabajo, según sea el estudio y la metodología de cálculo, y sólo logran controlar el 17 por ciento de las ventas del país, son, sin lugar a dudas, el eslabón más débil de la cadena económica.
Si la crisis global y actual se ensaña con algún sector, así como lo fue con las anteriores y más veniales crisis de la década pasada, será con éste.
Lo saben con claridad el millón y medio de pequeños y medianos empresarios que conforman este universo, el que puede duplicarse si se considera esa difusa área que es la economía informal. Un grupo de pequeños emprendedores que desde finales de la década pasada, bajo los efectos locales del tequilazo, de la crisis asiática, la rusa y la argentina, ha venido perdiendo terreno para pasar a vivir en la cuerda floja. Estadísticas del sector exhiben el dramático curso de los hechos: si en 1990 este sector obtenía el 32 por ciento de las ventas del país, hoy ha bajado al 17 por ciento. Pérdida de mercado por una parte, y endeudamiento a altas tasas por otra.
La precariedad de este enorme sector de la economía chilena puede observarse en sus ventas. Datos oficiales apuntan: las más pequeñas, que puede ser un quiosco o un puesto en la feria, un colectivo o furgón escolar, tiene ventas por 2,5 millones de pesos anuales (lo que nos da ingresos mensuales inferiores al mínimo), las medianas hasta 50 millones al año y las mayores, que son muy pocas, hasta 300 millones.
Otra de las características de este sector es su énfasis en el comercio. La mitad de las pymes está en este rubro, que está sometido a fuertes presiones de competencia. Como ejemplo, puede citarse que hoy, y a diferencia de hace años atrás, sólo dos grandes cadenas del comercio al detalle tienen el 90 por ciento de la venta de los alimentos perecederos. El diez por ciento que resta, para las cientos de miles de pymes. Esto lleva a una concentración extrema de este mercado que lleva a Iván Vuskovic, presidente de Conapyme, a denunciar la fijación de precios por parte de estas dos cadenas y el impacto que tiene este proceso en la distribución de la riqueza. Estos consorcios, comenta Vuskovic, hoy han ingresado hasta en los barrios pobres, desplazando a los más débiles almacenes de barrio.
Se ha hablado y discutido mucho sobre cuál es el problema de las pymes. Uno es de financiamiento, poco y caro (no representan más del dos por ciento de las colocaciones bancarias); el otro, de mercado. Para Vuscovic, son ambos, pero en el orden inverso. “No se gana mucho con financiar si no hay dónde vender”.
El gobierno no regula ni interviene los mercados. Pero algo ha hecho para apuntalar a las endebles pymes. Lo ha hecho ahora, en medio del fragor de la crisis y ante la inminencia de una recesión cuya profundidad aún no se puede otear.
Hacia comienzos de octubre la crisis financiera mundial comenzó a tener efectos, más psicológicos que reales, en la banca chilena. El pánico a una corrida bancaria llevó a las instituciones a protegerse, lo que provocó una restricción en todas las operaciones. La economía chilena no tuvo liquidez –un sondeo reveló que el 90 por ciento de los empresarios notó la restricción crediticia- lo que obligó al gobierno a actuar y colocar 1.100 millones de dólares para licuar el mercado. Pero se acordó también de las pymes.
Días más tarde anunció un paquete de 850 millones de dólares para los más pequeños, el que básicamente se canalizará a las pymes a través de la banca a una tasa preferencial. Un monto que no llega a ser ni el uno por ciento de las colocaciones de la banca y que posiblemente no resolverá el problema. De hecho, por tratarse de un problema de financiamiento y de mercado, pero también, dice Vuskovic, porque los más débiles, los más afligidos, quedarán fuera del sistema. La banca privada, aun cuando ofrecerá estos créditos a la tasa preferencial exigida por el Estado, discriminará a los más riesgosos y a los más endeudados. “Entregará los créditos con criterios comerciales”.
La crisis asiática de finales de la década pasada dejó lecciones muy amargas en las pymes chilenas. Es entonces cuando el deterioro adquirió rasgos veloces y profundos. Un estudio de entonces realizado por una consultora reveló lo que hoy es una percepción diaria. Si se toma como índice cien el año 1994, la gran empresa en el 2000 había aumentado en un cinco por ciento sus ventas, en tanto las pymes en todas sus variantes (micro, pequeña y mediana) las había reducido en este periodo. “La microempresa cayó en esos cinco años más de diez puntos porcentuales, la pequeña empresa casi quince puntos, la mediana empresa casi 16 puntos, en tanto las grandes empresas aumentaron su participación en casi cinco puntos. Un fenómeno que tuvo su referente directo en una transferencia de la riqueza desde este extenso sector de pobres a la gran empresa.
Artículo publicado en Terra Magazine. Reproducido en Clarín con autorización de Terra y de su autor
Las pymes, que absorben la gran mayoría de la fuerza laboral, son también las grandes generadoras de desempleo en momentos de crisis. Bien es recordado que tras la crisis asiática la tasa de desempleo chilena se elevó a dos dígitos. Sólo hace un par de años ha tendido a contraerse, pero jamás a los niveles que tuvo el desempleo en los años previos al trance.
Una lección, pero no aprendizaje. La actual crisis se ve mucho peor que la asiática. Los efectos en las pymes amenazan con ser su golpe de gracia. ¿Doctrina del shock?
PAUL WALDER
Artículo publicado en Terra Magazine. Reproducido en Clarín con autorización de Terra y de su autor
