google-site-verification: google096975d001c6a771.html
Agosto 18, 2026

La memoria trágica se instala en el centro de Santiago

Es el fin de un ciclo, de un largo intervalo. Pero no de un proceso, que sigue latente, y muy presente. Durante la ceremonia de inauguración del memorial de detenidos desaparecidos y ejecutados políticos en la céntrica calle Londres 38 esa era la impresión en los rostros, en los discursos: el cuartel de muerte y tortura de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINA) finalmente se purga del mal y se transforma, después de casi 35 años, en un espacio de memoria, en un lugar ceremonial; pero la historia aun se escribe, la memoria se fusiona con la tragedia.

Fin de un ciclo, de un largo intervalo; extensión del proceso en los casos aún abiertos y no resueltos. Esta página de la reciente historia de Chile aún admite muchas líneas, notas, apuntes.

Y ése es el objetivo de un memorial, que no es un simple monumento, como una estatua levantada en un parque o una avenida, dijo, esbozó, en un sentido discurso Gloria Elgueta, que pertenece a la agrupación ‘Colectivo Londres 38’. El memorial se levanta para colocar la historia en el presente, para su reflexión, para reforzar el “Nunca Más”.

Durante largos años este inmueble permaneció, si no oculto, sí difuso a la mirada. No se le demolió, como a otros centros de tortura, pero sí se le veló, se le enmascaró en otra numeración. Por mucho tiempo el número 38 de la calle Londres desapareció, así como las personas, y en su lugar “alguien” colocó una placa con otro guarismo: 40. Los testimonios entregados por las víctimas sobrevivientes a las comisiones de investigación –Comisión Rettig durante el gobierno de Patricio Aylwin y posteriormente la que dio origen al informe sobre tortura, conocido como informe Valech, en el gobierno de Ricardo Lagos- no dejaron espacio ni para la duda ni confusión. El primer centro de tortura de la DINA funcionó en una tranquila calle en pleno centro de Santiago desde septiembre de 1973 hasta septiembre de 1974. Durante aquellos doce meses pasaron cientos de personas por este recinto y 96 de ellas -83 hombres y doce mujeres, la mayoría del MIR- no salieron con vida.

Londres 38 no fue cualquier local de tortura y muerte. El confiscado local del Partido Socialista fue el primero, el más importante de la DINA, e inauguró una práctica que se extendió a otros numerosos lugares de Santiago y de regiones. Pero es también otra su mayor característica, llena ésta de un simbolismo que se relaciona con la sociedad chilena de entonces, con su clima de terror y miedo. Estaba emplazado a pasos del centro cívico de la capital, a un par de manzanas de la histórica Iglesia San Francisco, a pocas más del sector financiero, de los bancos, del exclusivo Club de la Unión, de la Bolsa de Santiago, de todos los ministerios, de restaurantes, de hoteles. Londres 38 operó durante un año en el mismo corazón de Santiago.

Varios fueron los intentos de encubrir esta gran casa, varias las “borraduras”, como explica Gloria Elgueta. No sólo su renumeración, su cambio de folio, sino también de identidad. En 1978 fue traspasado por los militares al Instituto O´Higginiano y 17 años tras la reinstalación de la democracia, en diciembre del 2007, fue recuperado por el Estado. En un comienzo, en este recinto funcionaría el aún no inaugurado Instituto de Derechos Humanos, idea que fue rechazada desde un comienzo por las agrupaciones de familiares de víctimas. Uno de los motivos, tal vez el principal, es que Londres 38 es el único centro de tortura que se mantiene más o menos intacto. El resto, de una u otra manera, ha sido expuesto a las diferentes veladuras. Como ejemplifica el Colectivo de Londres 38, “guardando las proporciones, es como si Auschwitz, espacio símbolo de los crímenes contra la humanidad, hubiera sido convertido en sede del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas”.

Este cambio de destino ocurrió hace solo un par de meses. Y por presión de los organismos y agrupaciones, el gobierno de Michelle Bachelet accedió a entregar los recursos -38 millones de pesos en un comienzo- para la construcción del memorial. En lo inmediato, y es ésta fase la que se inauguró este martes, se entregó a la comunidad una intervención arquitectónica en la calle Londres, que es ahora un paseo peatonal. A lo largo de la calle se han instaladas 300 pequeñas placas de mármol blanco y piedra granítica negra, que simulan la visión que tenían los detenidos a través de las vendas. Frente a la fachada del inmueble hay también 96 placas metálicas con el nombre de las víctimas. La obra es de la artista María Fernanda Rojas, del colectivo Londres 38, y contó con el financiamiento del Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior y del Consejo de Monumentos Nacionales.

El destino de la casa aún es incierto. Lo claro es que no albergará al Instituto de Derechos Humanos y que será también un memorial. ¿Cómo? Se estudian las experiencias de otros tantos memoriales por los grandes holocaustos en Europa, y es probable que sea un espacio de creación de cultura.

Por el momento la casa recupera su presencia en la ciudad. La intervención urbana es un trabajo que recoge la historia del lugar y la extiende, la relaciona, con Santiago. A diferencia de los largos meses de 1973 y 1974, cuando esta casa estaba cerrada al exterior, hoy se abre. La memoria, la historia, está presente.

PAUL WALDER

Artículo publicado en Terra Magazine. reproducido en Clarín con permiso de Terra y del autor.