El juicio del siglo. Augusto Pinochet frente al derecho y la política internacional (UNAM, 2007) escrito por Eduardo Rosales Herrera nos invita a la lectura sobre uno de los personajes más controvertidos de la historia chilena, el genocida Augusto Pinochet. La región se vio gobernada, casi en su totalidad por dictaduras de carácter autoritario y represor, con el común denominador del abuso de poder, perpetuando con ello los privilegios y canonjías del neoliberalismo.
En Sudamérica esta situación se generalizó en el marco de la Guerra Fría y bajo el pretexto de combatir ideologías y movimientos de izquierda terminaron por anular, en ese momento, las reivindicaciones de orden social, económico y político de los pueblos. La oligarquía garantizó el ascenso y permanencia de los militares, cancelando el ejercicio a la democracia y las libertades individuales como la de expresión, de asociación, de participación ciudadana entre otras.
Destaca la figura del dictador chileno, Augusto Pinochet Ugarte, no sólo como el responsable de ese largo período de gobierno 1973–1989, sino por las violaciones constantes a los derechos humanos de los opositores, a su política interna y más tarde por los efectos de su gobierno dictatorial, pues algunos de esos adversarios exiliados buscarían llevarlo a un juicio que por muchas razones no se efectuó en la medida de las expectativas.
Sin embargo puso en tela de juicio a su gobierno, a sus colaboradores, a las leyes internacionales e incluso a los mismos jueces que aplicarían la legislación. El doctor Eduardo Rosales nos relata cuáles son las reglas internacionales y algunos términos que esclarecen ampliamente muchos de los argumentos legales. Lleva de la mano, de una manera sencilla y amena, a los lectores para explicar bajo qué marco se efectuó el golpe del 11 de septiembre de 1973 hasta el llamado Referéndum del No, por el cual se ve obligado a dejar el gobierno Augusto Pinochet Ugarte y el lento restablecimiento de la democracia en el país.
Sin embargo una de las partes más interesantes del texto y que atrapa al lector, es el de la detención del dictador en Inglaterra, lugar al que había acudido para someterse a una cirugía, y el inicio del proceso jurídico que se le siguió por los crímenes cometidos durante su gobierno. Parte medular, sin duda y que da origen al título del libro, El Juicio del Siglo, es el argumento de poder someter a juicio al ex dictador centrándose en el proceso de extradición a España. En esta parte el asunto se torna importante pues la decisión del ministro inglés Jack Straw sería fundamental en el futuro inmediato de Pinochet.
Ahora bien, el autor no ignora la serie de demandas interpuestas por varios chilenos exiliados en diversas partes de Europa. Por ello nos muestra países como España, Bélgica, Francia y aún Suiza que exigieron, en su momento, la extradición del otrora dictador, siendo portavoces de aquellos asilados políticos chilenos.
Comenta el autor de qué manera se involucraron en este proceso jurídico el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, el Opus Dei y la Iglesia católica, la Acción Pinochetista Unitaria, la Unión Demócrata Independiente (UDI), incluso Organizaciones No Gubernamentales como Amnistía Internacional y Human Rights Watch. Pero llega un poco más allá de sólo explicar su labor en pro o en contra de la extradición, pues relata el origen de dichas agrupaciones, sus tendencias e incluso sus objetivos.
Parafrasea comentarios de personajes que en ese momento se hicieron públicos tales como Andrew McEntee (director de AI), quien en octubre de 1999 y ante los argumentos de defensa de los abogados de Pinochet declararía que: “saben que todos los casos son tortura, incluso los 1198 casos de desaparecidos”
Así, participa Rosales Herrera el gran júbilo que les dio a los representantes de las ONG, Amnistía Internacional y Human Rights Watch, al enterarse de que el juez británico Ronald Bartle concedió la extradición solicitada por España, misma satisfacción que se verá ensombrecida más tarde, cuando en enero del 2000 el Ministro del Interior británico, Jack Straw suspendiera por “razones humanitarias” fundamentadas en partes médicos que señalaban e insistían en la precaria salud del dictador, lo que generó nuevas y más controversias en torno a la decisión, favorable una vez más al otrora hombre fuerte de Chile, quien parecía seguir siendo una figura importante en la vida política, no sólo nacional sino internacional.
Gran Bretaña adoptó la Convención de las Naciones Unidas contra la tortura en 1988, entre octubre de ese año y marzo de 1990, Amnistía Internacional pudo contabilizar los casos de chilenos detenidos y sometidos a choques eléctricos, muriendo 12 de ellos a causa de las agresiones por lo que Human Rights Watch pudo sostener que al menos 52 de esos casos podrían haber sido motivo suficiente para extraditar y juzgar a Pinochet en España.
Insiste, Rosales Herrera, en que para las víctimas y sus familiares, que han esperado 27 años para recibir justicia, ese día fue un día histórico. Aparentemente la defensa tenía las manos atadas, pero una vez más muestra como El Juicio del Siglo liberaba nuevamente a Pinochet de la extradición.
Interesante es, además, la opinión de Eduardo Rosales en torno a los derroteros que van tomando todos y cada uno de los caminos para lograr determinar que “la tortura no tiene prescripción ni territorialidad, ya que en los casos de connotados criminales de guerra como Klaus Barbie no se concedió la libertad, pues los delitos cometidos fueron considerados delitos de lesa humanidad y en ellos no se concede la libertad por cuestiones humanitarias, de edad o de salud, por lo que Pinochet debería de enfrentar a los tribunales españoles.
En El Juicio del Siglo se reconocen que los crímenes cometidos por Pinochet pueden ser juzgados y sancionados en otros países, solicitando a los países miembros de la comunidad internacional conozcan y signen el documento que permitirá la creación de un Tribunal Penal Internacional, planteando con ello la idea de una sola ley para el mundo, en el marco de una justicia universal.
Parafraseando a Mirelle Rocatti, ex presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos de México, con este juicio se reconoce el principio de la universalidad de las garantías individuales que sólo existía en la teoría.
Conclusiones que nos llevan a más preguntas, a más disertaciones y sobre todo a más propuestas temáticas que seguramente permitirán acrecentar los conocimientos hasta ahora existentes.
El epílogo es el proceso de enriquecimiento de Pinochet y su familia, lo que nos permite cuestionarnos: cómo tan pocos hombres pudieron enriquecerse de una manera tan fácil a través del tráfico de armas, cocaína y privatizaciones de bienes muebles e inmuebles, arrebatados a sus propios connacionales y sobre todo con la anuencia de los grandes hombres del poder internacional y del capital extranjero.
No podemos dejar de soslayar como la Gran Bretaña y los mismos Estados Unidos de América intentaron dejar limpia la imagen de quien fue su mejor colaborador durante la larga dictadura chilena.
Con abundantes fuentes de primera mano Eduardo Alfonso Rosales Herrera, nos entrega un trabajo inédito que por sus aportaciones debe de convertirse en texto obligado para todos aquellos estudiosos de las Relaciones Internacionales, de la Jurisprudencia, de la Historia y de las Ciencias Sociales. Trabajos como este, manejado con el rigor y la seriedad académica, deben de ser alentados entre el público en general y entre los miembros de la comunidad universitaria.
*Catedrática de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional Autónoma de México. Una versión preliminar de ensayo fue leído en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán en la presentación del libro El Juicio del Siglo; con autorización de la autora se publica en Clarín.cl a una década del inicio del caso Pinochet en Londres.
Destaca la figura del dictador chileno, Augusto Pinochet Ugarte, no sólo como el responsable de ese largo período de gobierno 1973–1989, sino por las violaciones constantes a los derechos humanos de los opositores, a su política interna y más tarde por los efectos de su gobierno dictatorial, pues algunos de esos adversarios exiliados buscarían llevarlo a un juicio que por muchas razones no se efectuó en la medida de las expectativas.
Sin embargo puso en tela de juicio a su gobierno, a sus colaboradores, a las leyes internacionales e incluso a los mismos jueces que aplicarían la legislación. El doctor Eduardo Rosales nos relata cuáles son las reglas internacionales y algunos términos que esclarecen ampliamente muchos de los argumentos legales. Lleva de la mano, de una manera sencilla y amena, a los lectores para explicar bajo qué marco se efectuó el golpe del 11 de septiembre de 1973 hasta el llamado Referéndum del No, por el cual se ve obligado a dejar el gobierno Augusto Pinochet Ugarte y el lento restablecimiento de la democracia en el país.
Sin embargo una de las partes más interesantes del texto y que atrapa al lector, es el de la detención del dictador en Inglaterra, lugar al que había acudido para someterse a una cirugía, y el inicio del proceso jurídico que se le siguió por los crímenes cometidos durante su gobierno. Parte medular, sin duda y que da origen al título del libro, El Juicio del Siglo, es el argumento de poder someter a juicio al ex dictador centrándose en el proceso de extradición a España. En esta parte el asunto se torna importante pues la decisión del ministro inglés Jack Straw sería fundamental en el futuro inmediato de Pinochet.
Ahora bien, el autor no ignora la serie de demandas interpuestas por varios chilenos exiliados en diversas partes de Europa. Por ello nos muestra países como España, Bélgica, Francia y aún Suiza que exigieron, en su momento, la extradición del otrora dictador, siendo portavoces de aquellos asilados políticos chilenos.
Comenta el autor de qué manera se involucraron en este proceso jurídico el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, el Opus Dei y la Iglesia católica, la Acción Pinochetista Unitaria, la Unión Demócrata Independiente (UDI), incluso Organizaciones No Gubernamentales como Amnistía Internacional y Human Rights Watch. Pero llega un poco más allá de sólo explicar su labor en pro o en contra de la extradición, pues relata el origen de dichas agrupaciones, sus tendencias e incluso sus objetivos.
Parafrasea comentarios de personajes que en ese momento se hicieron públicos tales como Andrew McEntee (director de AI), quien en octubre de 1999 y ante los argumentos de defensa de los abogados de Pinochet declararía que: “saben que todos los casos son tortura, incluso los 1198 casos de desaparecidos”
Así, participa Rosales Herrera el gran júbilo que les dio a los representantes de las ONG, Amnistía Internacional y Human Rights Watch, al enterarse de que el juez británico Ronald Bartle concedió la extradición solicitada por España, misma satisfacción que se verá ensombrecida más tarde, cuando en enero del 2000 el Ministro del Interior británico, Jack Straw suspendiera por “razones humanitarias” fundamentadas en partes médicos que señalaban e insistían en la precaria salud del dictador, lo que generó nuevas y más controversias en torno a la decisión, favorable una vez más al otrora hombre fuerte de Chile, quien parecía seguir siendo una figura importante en la vida política, no sólo nacional sino internacional.
Gran Bretaña adoptó la Convención de las Naciones Unidas contra la tortura en 1988, entre octubre de ese año y marzo de 1990, Amnistía Internacional pudo contabilizar los casos de chilenos detenidos y sometidos a choques eléctricos, muriendo 12 de ellos a causa de las agresiones por lo que Human Rights Watch pudo sostener que al menos 52 de esos casos podrían haber sido motivo suficiente para extraditar y juzgar a Pinochet en España.
Insiste, Rosales Herrera, en que para las víctimas y sus familiares, que han esperado 27 años para recibir justicia, ese día fue un día histórico. Aparentemente la defensa tenía las manos atadas, pero una vez más muestra como El Juicio del Siglo liberaba nuevamente a Pinochet de la extradición.
Interesante es, además, la opinión de Eduardo Rosales en torno a los derroteros que van tomando todos y cada uno de los caminos para lograr determinar que “la tortura no tiene prescripción ni territorialidad, ya que en los casos de connotados criminales de guerra como Klaus Barbie no se concedió la libertad, pues los delitos cometidos fueron considerados delitos de lesa humanidad y en ellos no se concede la libertad por cuestiones humanitarias, de edad o de salud, por lo que Pinochet debería de enfrentar a los tribunales españoles.
En El Juicio del Siglo se reconocen que los crímenes cometidos por Pinochet pueden ser juzgados y sancionados en otros países, solicitando a los países miembros de la comunidad internacional conozcan y signen el documento que permitirá la creación de un Tribunal Penal Internacional, planteando con ello la idea de una sola ley para el mundo, en el marco de una justicia universal.
Parafraseando a Mirelle Rocatti, ex presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos de México, con este juicio se reconoce el principio de la universalidad de las garantías individuales que sólo existía en la teoría.
Conclusiones que nos llevan a más preguntas, a más disertaciones y sobre todo a más propuestas temáticas que seguramente permitirán acrecentar los conocimientos hasta ahora existentes.
El epílogo es el proceso de enriquecimiento de Pinochet y su familia, lo que nos permite cuestionarnos: cómo tan pocos hombres pudieron enriquecerse de una manera tan fácil a través del tráfico de armas, cocaína y privatizaciones de bienes muebles e inmuebles, arrebatados a sus propios connacionales y sobre todo con la anuencia de los grandes hombres del poder internacional y del capital extranjero.
No podemos dejar de soslayar como la Gran Bretaña y los mismos Estados Unidos de América intentaron dejar limpia la imagen de quien fue su mejor colaborador durante la larga dictadura chilena.
Con abundantes fuentes de primera mano Eduardo Alfonso Rosales Herrera, nos entrega un trabajo inédito que por sus aportaciones debe de convertirse en texto obligado para todos aquellos estudiosos de las Relaciones Internacionales, de la Jurisprudencia, de la Historia y de las Ciencias Sociales. Trabajos como este, manejado con el rigor y la seriedad académica, deben de ser alentados entre el público en general y entre los miembros de la comunidad universitaria.
*Catedrática de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional Autónoma de México. Una versión preliminar de ensayo fue leído en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán en la presentación del libro El Juicio del Siglo; con autorización de la autora se publica en Clarín.cl a una década del inicio del caso Pinochet en Londres.
