Cuando nos dicen que todos vivimos del sistema establecido, a otro tonto con las quejas, yo digo ¡Gran error! ¿Se puede llamar vida a una realidad volcada al consumo, cuyo espíritu se basa en las tarjetas de crédito, diarios y revistas populacheras, bebidas de cola y de frente, modas del vestir que ofrecen majestuosidad del alma a través de un traje fabricado con el plumaje de un ave migratoria? Si de alguien vivimos –y día a día nos colgamos cual macacos de su intelecto- es de gente como Goethe, Leibniz, Newton, Mozart, Hegel, Marx, Nietzsche, Einstein, Heisenberg o Foucault, lo demás es pus alambicado. Pero tal revelación jamás será admitida en la medida que nuestra conciencia ha sido entrenada en el total desprecio y resistencia contra los antiguos y en cambio, nos mantenemos en vigilia por el supurante ahora, cuya carga de pestilencia y mundanidad inmisericorde estamos presenciando en un ocaso que demasiado pronto se hizo presente…
Lo peor es la mala conciencia de la libre opción ¿Puede haber libre albedrío en una sociedad Chilena, donde la estructura del libre mercado pareciera elevarse como única alternativa posible, descartando cualquier otra forma de felicidad, de dicha y solaz? Sinceramente no existe hoy en día nada más intelectualmente vacio y decadente, que la actitud pecaminosa de quienes berrean su moral del libre mercado; los hay empresarios, diplomáticos, senadores, ministros, prostitutas, payasos, gitanos, mercachifles, druidas, gnomos, sirenas y duendes. Todo aquel sujeto que dedica su vida a la regencia de actividades completamente inútiles –product managers de naderías como celulares, I-pods y nutella- merece nuestro total y profundo desprecio; ellos están ocultos tras los cortinajes de la superestructura del mal que nos tiene confinados al rincón de la ansiedad vomitiva y delirante provocada por el consumismo, que atrofia la vida y se resiste a ella, que nos encierra en espacios urbanos repletos de vidrios y cámaras de seguridad que impiden que la delincuencia creada, entrenada y sostenida por el sistema se resienta aún más y perfeccione sus métodos para robar y aniquilar. La increíble obediencia al sistema establecido en Chile toma ribetes alarmantes, en la medida que las masas siguen con un arrobo e intensidad sublimes todo cuanto ocurre en los mercados internacionales en estos tiempos de crisis, temerosos de que las grandes empresas colapsen y así dejar de percibir las limosnas que los gobiernos insisten en describir como “desarrollo económico”, cuando lo único que traen consigo es la desdicha y la soledad…
Lo peor es que la vida se encuentra atiborrada de los fruslerías dispuestas por el orden económico establecido y quizá Chile tendrá en un tiempo cercano, a uno de los más grandes empresarios del país ocupando el sillón presidencial; Sebastián Piñera. Aquel discursillo con tufo a idiotez que se desliza en la conciencia nacional y que al parecer ha calado muy hondo, y que ora respecto a las maravillosas y encomiables intenciones del empresariado, nos parece absolutamente irritante y precisa ser erradicada de una vez por todas si lo que se anhela realmente es fomentar una vida inclinada a la justicia y la armonía social ¿Podemos decir que los grandes dueños del capital anhelan la equidad, el conocimiento, la dicha, la gloria, la belleza de la sociedad? Nada profundamente intelectual puede estar oculto tras el velo de dinero que adorna la presencia de los grandes patriarcas de Chile. Entonces ¿Qué? Al margen de la voluntad de poder, y que en el candidato de derecha chilena pareciera carecer de límites, existen mansiones, piscinas, cenas románticas en la península, capillas y judaísmo, limusinas y convertibles, drogas con aroma a heno y mermelada, yates y estancias largas en África y el viejo continente, todo lo cual se obtiene a través de la esclavitud disfrazada de trabajo, de la explotación humana a cambio de rellenar los deprimentes rancheríos de fonola y asbesto donde viven la mayoría de los chilenos, con televisores y computadoras, dildos y refrigeradores, a ver si con eso dejan de hinchar las pelotas…
Hoy podríamos mirar hacia atrás y decir “Esta es la vida, así va a ser”. La vida fue y será una porquería reza el popular tango, y nosotros no estamos haciendo absolutamente nada. Precisamos trabajar arduamente desde el espíritu y el intelecto para abrirnos de una vez por todas a la vida, sin descartan la protesta vital y el bloqueo absoluto de nuestros sentidos al ruido molesto de los Medios que transmiten la información para lavar la imagen de sus regentes, antes que sea demasiado tarde y empecemos a quejarnos y mascullar entre dientes en el instante que la vida ya se esté fugando a través del crepúsculo y de a poco nos quedemos peor que antes; tropezando en la oscuridad.
