Los millonarios recursos públicos dispuestos por los gobiernos para el rescate de los bancos y empresas privadas de todo el mundo dejan como lección la necesidad de que los estados recuperen plena autoridad en la gestión económica. Que asuman la necesidad de intervenir e imponer regulaciones a los mercados y poner obstáculos severos a la usura, a la concentración de la riqueza y a la explotación irresponsable de los recursos naturales.
Si se impusiera una visión estratégica, lo cierto es que las naciones debieran desahuciar las políticas neoliberales, ya que finalmente son éstas las que nos han conducido a una crisis planetaria. A un trágico desenlace que, a juicio de multimillonarios como Carlos Slim y economistas como Joseph Stiglitz, será tanto o más terrible que la hecatombe de 1929 y derivará en quiebras estridentes de entidades financieras y empresas de todo el mundo.
Más allá de tiemblen las bolsas de comercio y se descontrolen los valores de las divisas y materias primas, son los pueblos los que se llevarán la peor parte. Sabemos que lo que se augura es cesantía, pérdida del poder adquisitivo de los salarios y una clara disminución de los recursos destinados a combatir las lacras más agudas del hambre, la enfermedad o el analfabetismo. Por lo mismo que no debemos descartar el surgimiento de fuertes convulsiones sociales que, ojalá esta vez, no se resuelvan con mayor represión e incremento de los gastos militares. Recursos que si se invirtieran en rescate social podrían atenuar muchísimo el impacto de esta nueva recesión.
En el reconocimiento de que ha “fracasado el modelo”, el propio George Bush ha patrocinado el más millonario rescate fiscal de la economía de que se tenga memoria. Es, asimismo, el conservador Presidente francés el que llama a reformular el capitalismo y ponerle restricciones. A confesión de parte tan explícita, lo que corresponde entonces es que nuestros países emprendan medidas que recuperen el liderazgo estatal en el diseño y manejo de las estrategias económicas. Políticas que compatibilicen la iniciativa fiscal y el emprendimiento privado en el desarrollo de actividades productivas. Que estimulen efectivamente la inversión, pero se asuman en verdaderos garantes, ahora, de que se cumplan los derechos laborales y de los consumidores. Que castiguen drásticamente la corrupción, la evasión tributaria y le impongan barreras al consumismo desenfrenado, la contaminación del medio ambiente o la explotación inicua de nuestros recursos renovables.
Políticos y partidos que sirvan a la soberanía popular, nacional y regional. Que pongan bajo propiedad del Estado los yacimientos, los recursos hídricos y otros que, como en el caso chileno, han pasado a depender de especuladores foráneos. Empresas, por ejemplo, que agotan nuestro cobre y se apropian de nuestros manantiales con total desparpajo y renuencia a pagar un royalty justo y a levantar represas e hidroeléctricas que se sometan a los mínimos resguardos medioambientales.
Nos complace mucho que nuestra Presidenta reconozca en el capitalismo mundial la causa de esta crisis, como que se permita en territorio estadounidense acusar la injerencia impropia del Gran Gendarme en los asuntos de otras naciones. Sin embargo, y a propósito de la recesión mundial, bueno sería que en lo que queda de su administración al menos consolide las bases para recuperar para Chile lo que la Dictadura vendió a precio vil, que disponga de los cuantiosos recursos públicos depositados y depreciados en el extranjero para desarrollar empresa, elevar las tasas de empleo y pagar salarios éticos. Disminuir drásticamente los gastos de defensa en beneficio de la educación y salud. Gastar más para enfrentar la crisis y prevenirnos de la criminalidad. Controlar la inflación y frenar la violencia redistribuyendo equitativamente: para que los pobres gasten más y los ricos menos.
Al mismo tiempo que cerrar las alcancías fiscales, a fin de evitar la malversación y la creciente desacreditación de la política. Porque sin la política y regulaciones fiscales, el desbarajuste provocado por el “libre mercado” sería total.
