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Agosto 18, 2026

Caen los mercados, tiemblan los dogmas

Por grande que sea el costo social, puede que en el centro no se resquebraje el sistema neoliberal, pero en la periferia se acentuará un cuestionamiento que hace rato se inició en Latinoamérica.

No será fácil situar la actual crisis financiera internacional en el plano del debate de ideas. Porque los ideólogos del neoliberalismo ya están en plena contraofensiva frente a los que consideran agoreros del pesimismo. Así, tal cual. Las acciones caen y las bolsas se debaten en frenéticas oscilaciones, con días negros y otros de rebote, el Congreso estadounidense discute arduamente sobre los planes de rescate de la administración Bush y aún así, algunos se atreven a deslizar, por ejemplo, que Europa está peor preparada para salir de la crisis por su exceso de regulaciones.

Pero lo cierto es que hasta emblemas internacionales de la derecha como el presidente francés Nicolás Sarkozy piden ahora un ·capitalismo regulado”, alineándose con lo que vienen reclamando los socialistas de su país, entre ellos el propio Pascal Lamy, mandamás de la Organización Mundial de Comercio: “más gobierno, para regular la globalización”.

Capitalismo es una palabra que ya no se usaba para designar el ahora llamado sistema neoliberal -o “modelo” a secas-. Es como la palabra ”pueblo”, que en Chile desapareció a partir de la campaña del No de 1988, para dar paso a la expresión  “la gente”. Hasta el ex presidente Lagos, que nunca acuñó términos ideológicos durante su mandato, usó la denominación “neoliberalismo” en una columna que publicó unos días atrás. Más allá de los oportunismos, algunos ideologistas se sienten reivindicados en sus viejas críticas al sistema.

Paralelamente, ciertos miembros del Capitolio del distrito federal han reflotado el término “socialismo”, arguyendo que Wall Street no puede soportar medidas de ese corte… y que por eso la Cámara de Representantes las rechazó, antes de que las aprobase anoche el Senado, con algunos aditivos. En realidad, lo que hicieron los congresistas fue ceder a las demandas de los contribuyentes, que no aceptan que su dinero vaya a rescatar las felonías y los juegos especulativos de los operadores del mercado. Eso no significa necesariamente que los ciudadanos se opongan a regulaciones que frenen lo que se la Presidenta Bachelet llamó en Naciones Unidas la “codicia de unos pocos y la irresponsabilidad política de otros tantos”.

Algunos voceros del capitalismo aseguran en estos días de turbulencias que se saldrá de la crisis actual como se ha salido de varias anteriores. Con esto se consolida, por lado y lado del espectro pensante, la caracterización del  capitalismo por sus crisis cíclicas. Pero los costos para las personas pueden ser muy grandes y nunca se sabe si se caerá en una espiral que lleve a una Gran Depresión como la vivida el siglo pasado entre los años 29 y  31. Con el agravante de que ahora la recesión será a escala mundial.

Salvatajes al estilo Bush –un ultraconservador socializado por el pánico- pueden rehacer la vida de los agentes financieros y de aquellos que pierden mucho para  recuperarlo después, pero no necesariamente la de los empleados que se convertirán en cesantes, los profesionales que ya se quedaron sin casa, los pequeños inversores y ahorrantes que arriesgan perder lo comparativamente poco que tenían, los niños que verán mermada su educación y aun los que pasarán hambre. Como dijo otro gobernante social demócrata latinoamericano, Inácio  Lula da Silva, “la euforia de los especuladores ha engendrado la angustia de pueblos enteros”.

¿Vale la pena abogar por un sistema así, en que el mercado -en nombre de la libertad-  comete injusticias y el Estado –preocupado de su tamaño- peca por omisión? Es posible que la actual crisis marque un antes y un después en el reinado sin contrapeso del llamado Consenso de Washington de los años 80, aunque también es probable que en EEUU no  se cuestione mayormente esa entelequia que es “el modo americano de vida”, tal como lo sugiere el tono de los senadores del bipartidismo que anoche antepusieron los intereses de una “nación unida”.   

Pero una cosa es lo que pase en el centro del sistema, después del pánico y las elecciones presidenciales. Y otra el serio cuestionamiento del modelo en la periferia, que en América Latina, al menos, hace rato se inició.   

(Comentario transmitido por Universidad de Chile Noticias, radio 102.5 FM).