Quienes corrompieron autoridades, ocultaron las pérdidas con manejos de cuentas y libros y falsificaron balances bajo la mirada cómplice de la FED, de las agencias de notación (Moodys) y de los ministros de finanzas, hoy saldrán indemnes. Ningún tribunal mundial los juzgará.
Son los mismos que especulan en energías y alimentos, sobornan a gobiernos y controlan las petroleras. Son los que contaminan y amenazan la vida sana de los ciudadanos del planeta y de las nuevas generaciones.
Mientras millones de personas pasan hambre, producto del alza de los alimentos, otros perderán sus casas y se quedarán forzosamente sin trabajo (¿el capitalismo no es acaso el reino de la libertad individual?). Es la existencia precaria en pleno siglo XXI; en la época del capitalismo total y desbocado.
Cantidades inimaginables de dinero serán despilfarradas con el beneplácito de los poderosos para mantener un sistema que vive de la explotación humana y de la destrucción de la bioesfera a niveles insospechados y anárquicamente programados (mire HidroAysén).
Todo este escenario catastrófico que se produce ante nuestros impávidos ojos fue previsto y explicado con lujo de detalles por economistas, expertos, periodistas y ciudadanos en innumerables artículos, revistas, foros y documentales. La perversión de un sistema neoliberal donde mandan los mercados y “la mano invisible” (no la de Adam Smith, sino la de la oligarquía financiera ) fue denunciada en la ONU, la OIT, por algunos gobiernos, partidos y organizaciones populares.
Los neoliberales chilenos han sido responsables ideológicos de esta crisis. Tienen que estar “orgullosos” de haber contribuido a hacerle propaganda a las virtudes mágicas de los mercados sin regulación, para generar crisis de destrucción del dinero de otros, pero poniendo a buen recaudo el de ellos. Ahí están los resultados. Los especuladores no perderán y los trabajadores y las clases medias del mundo entero (no sólo los norteamericanos) pagarán los costos de la crisis y la operación rescate del sistema capitalista liderada por Bush. Sin embargo, ese dinero hubiera podido ser invertido de manera productiva, generando puestos de trabajo y demanda, creando al mismo tiempo un ciclo económico virtuoso, pero para eso se necesitan otras políticas, otros partidos y otros dirigentes.
Además, a países como Chile, Brasil y Argentina los efectos de la crisis les llegará más pronto que tarde.
Eso está claro. El ciclo de exportación de materias primas y de inversiones industriales que gracias a la demanda chino-asiática-india benefició a las economías emergentes, que comenzó en los 90, se acaba pronto. Se predicen convulsiones políticas y sociales en China e India. Factor clave, el consumo declina en Occidente.
