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Agosto 18, 2026

Chávez, Morales y el fantasma de la izquierda marxista

De acuerdo a la Corporación Latinobarómetro, el apoyo a la democracia en América Latina ha fluctuado entre el 58% en el año 1995, 63% en 1997, 48% en el 2001, para alcanzar un 54% en el año 2007. (Informe, noviembre de 2007, p. 77). Esta misma Corporación señaló el año 2005 que el 96% de la población cree “que los dirigentes políticos se preocupan  poco y nada  de los temas que le interesan a la población” y que sólo el 27% esta satisfecho con la economía de mercado.

Siguiendo el análisis del profesor Emir Sader (CLACSO), en la década del noventa del siglo pasado existe claramente una fase neoliberal, la cual se ve reflejada (entre otras cosas) por una confianza ciega en lo particular y el mercado sobre lo estatal y colectivo; el pragmatismo frente a los derechos humanos; el rechazo a la redistribución de la riqueza y el poder como condiciones del desarrollo económico. Se privilegian los ajustes macroeconómicos, el control de la inflación mediante la disminución del gasto publico, la eliminación de todo tipo subsidios y economías abiertas al máximo. Paralelamente alrededor del 40% de la población latinoamericana está en situación de pobreza. Las consecuencias sociales de las crisis son extraordinariamente graves. La clase obrera que siempre fue un actor importante en muchos países, ¿qué es hoy día?, ¿a qué está reducida?.  Además, las clases medias se están desintegrando en muchas partes como consecuencia de las propias dificultades. Paralelamente a aquello, progresivamente se fue dando una descomposición de las articulaciones entre Estado, sociedad (ciudadanía), política y economía, quedando los países a merced de los poderes fácticos que son principalmente las transnacionales, los capitales financieros y ciertas instituciones como el FMI.

Ante tal panorama, ¿Cuáles fueron los caminos por los cuáles optaron nuestros vecinos en los últimos años?. Las ideas de izquierda o neoizquierda, para algunos algo trasnochadas o anacrónicas comenzaron a tomar fuerza nuevamente. El descontento, la repulsa al neoliberalismo y a como funcionaba ésta democracia por parte de la población comenzó a plasmarse en hechos concretos. Irrumpen en el escenario Hugo Chávez, Lula da Silva, Néstor Kirchner- Cristina Fernández, Evo Morales, Tabaré Vásquez, Rafael Correa y Fernando Lugo. Nuevos gobiernos con un discurso antisistema neoliberal, con propuestas de redención hacia los sectores populares, que propugnan una mayor mancomunión de los países del continente para enfrentar cohesionados las políticas neoliberales de Washington y sus filiales trasnacionales.

Lo anterior no significa necesariamente que estamos en presencia de gobiernos marxistas o marxistas-leninistas; Por el contrario, estas izquierdas o esbozos de izquierda “en sus versiones liberal o socialdemócrata  (o del socialismo renovado), no son el fantasma de Marx, sino el polo no derechista de los sistemas. Como tal, sólo son inaceptables para quienes repudian la diversidad o están en el escenario porque el cerco se corrió a su favor. Sería el caso de los nostálgicos fascistas, franquistas, pinochetistas y gorilistas de la región”, (José Rodríguez Elizondo, La Tercera, lunes 25 de abril de 2005). Por lo tanto, hay que ser cuidadosos a la hora de los análisis, es fácil caer en las descalificaciones y caricaturas con algunos de nuestros vecinos. El ejemplo más claro lo constituye Hugo Chávez y Evo Morales. Al presidente venezolano se le ha tildado de todo, desde dictador a loco; pero cuantos se han sentado a leer, estudiar y analizar del por qué Chávez llego al poder, cuantos saben de la historia venezolana de los últimos 50 años, cuantos saben de la corrupción de la clase política y elite petrolera venezolana. Además, el caudillo Venezolano, desde que llegó al poder a triunfado en prácticamente todas las consultas y elecciones, con excepción de la propuesta de reforma constitucional del 2 de diciembre de 2007.

Lo mismo ocurre con Evo Morales. A estás alturas, el principal merito del mandatario boliviano es mantenerse en el poder, en un país donde los presidentes son elegidos por una elite, que luego de un corto período de administración son depuestos por levantamientos, cuartelazos y golpes militares, por revueltas o protestas encabezadas por algún caudillo de la propia elite boliviana. El problema de Evo no es su bajo perfil, no usar terno y corbata, no hablar tres o cuatro idiomas; sino el de ser el primer indígena que llega al poder en un país donde la masa, conformada mayoritariamente por mestizos e indígenas, (más del 70%) está en la inopia cultural y de subsistencia más grande. Ese es el pecado de Evo, no ser un blanco, o formar parte de élite boliviana que se ha repartido el poder político y económico durante el último tiempo. Recientemente y a pesar de la oposición (autonómica) boliviana, Evo logró en el referéndum revocatorio un rotundo triunfo (más del 60%), superando la votación obtenida cuando fue elegido presidente.

Entonces, ¿De qué izquierda vuelve Hugo Chávez, más heredero del general peruano Juan Velasco Alvarado que de Fidel Castro?, ¿De qué izquierda volvía Rafael Correa en Ecuador?, ¿Podemos soslayar que el peronismo de Néstor Kirchner y Cristina Fernández es hijo expósito del fascismo? Y Lula, ¿No es producto del fracaso de la vieja izquierda brasileña, desplazada por el movimiento sindical?.

Por lo tanto y tal como dice el ya citado Rodríguez Elizondo “Gritar que en la región están volviendo los izquierdismos, como pedrito inventando lobos, es una estupidez” sino una supina ignorancia.

*Académico de Historia de Chile Contemporánea en el Depto. Ciencias Históricas y Sociales, Universidad de Concepción.