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Agosto 18, 2026

Pudahuel y sus depredadores (1977) II y III

El avión de Aeroflot partió puntualmente. Esplendente el cielo, plateada las alas de la herramienta voladora, áureo  y espejeante el equipo de la línea áerea rusa. Nunca había viajado en un avión comunista. Las azafatas, altas, de piel blanca y rubias, nos saludaban con una sonrisa libre y llena de esmerilados en las dentaduras. Veía en cada compañera rusa una Marilyn Monroe. Parecían trillizas las tres azafatas de la herramienta rusa. Escapaba de un Chile fascista para volar en una herramienta leninista. Javier estaba sentado a mi lado. Era gentil. Sus vestimentas eran domingueras.

A lo mejor nació un domingo, pensé. Su mirada era de un efebo amaestrado. No abusaba con sus ojeadas.  Me impresionaba ese donaire de Javier. Me dijo que yo tenía dos posibilidades para quedarme fuera de Chile. La primera era que me quedara en Cuba: la segunda en Europa. Me sentía castigado, despojado de mi tierra. Es muy duro amaestrar las lágrimas en un momento tan delicado de la historia chilena. Llore nomás compañero, me dijo, Javier. Era injusto reprimir mi llanto.

Adónde había quedado mi adiestramiento para no ser débil? Fui un hombre hasta que no entré a la morgue en busca de compañeros desaparecidos, al salir de ella, era un ser destruido, vencido de tanto inocente acribillado, llorón de camas diferentes,  el gaudeamus  del trauma. lloré, al igual que lo hago ahora mientras escribo mis memorias. Javier pidió un trago para nosotros dos. La Azafata comprendió todo. Javier era conocido en la línea Aeroflot. Viajaba en busca de los compañeros que llegaban a Lima. Nunca pregunté nada y tampoco se me preguntó algo.  Llegar al exilio no es la verbena devota de un día de fiestas ni mucho menos el guateque de la dolcevita.  En Chile quedaron los restos de mis viejos camaradas. En Cuba y en Europa estaban mis otros camaradas.

La alimaña de los idiomas. En Cuba  corría el riesgo de holganzar, en Europa la obligación de estudiar el idioma. No era el problema de región, sino que el bullicio de mis cuatro años resistiendo contra una junta tragantona de cadáveres me  hinchaba hasta el hocico de tanta impotencia. Cierto es que yo viajaba completamente destruido.  Mi mascarada de antropólogo o de cura había fallecido a la entrada de la herramienta rusa. Dormí hasta Cuba.  En ese momento me sentí aristocrático del proletariado. En Cuba las palmeras tienen otro ritmo. En Chile las palmeras no tienen cocos. En mi cuerpo, no de palmera ni de feligrés de morgues o estadios de detención, sangraba mi árbol. El juicio de todo   es haberme sacado de la patria y condenado a  morir plagiado como un cubano de segunda mano o sino como un europeo care indio.

Apuntes: Pudahuel y sus depredadores (1977) último capitulo

En la Habana los salones de peluquería son nostálgicos. En cuba no se chalanea. Si te quieres cortar los bigotes, pues te los cortas y pagas, guajiro. Que no abaratamos la revolución y  los bárbaros hacen escándalos cuando, por una chuleta mas larga de la otra, se paga otro precio.  Una chuleta izquierda paga poco pero si te cortas la derecha, que el derroche de electricidad compañero lo paga el pueblo… y no, no se puede cortar una chuleta derecha con electricidad sino que con navaja y no se digan disparates ni bestialidades de Cuba porque  no hacemos descuentos ni a los compañeros del comité central ni tampoco a Fidel que hoy por hoy todos pagan, guajiro, todos…, hasta los muertos, los fusilados y los que serán pasado por las armas, porque no se diga que en Cuba no hay gusanos, pues los hay en todas partes  del mundo que ni los yankis se escapan de sus gusanos… Cuba y sus canciones, Cuba y sus puros, Cuba y su banquete preparado para recibir a Corvalán.

Los lienzos en la habana no porfían con el viento y se mueven pa´la izquierda, guajiro. Camino por las calles de la ciudad. Debo decidir si quedarme o irme para Europa. El avión se ha quedado sus 4 horas en revisión. Tengo tiempo para informar a Javier. Me avecino a una muchacha y le pregunto su nombre. Amelia, mi amor, me llamo Amelia como mi abuela y mi madre. En Cuba es permitido hablar con todo el mundo. La propaganda yanki anda con otras informaciones. Es cierto que desde el exterior de la isla el imperialismo anda hablando de los opositores castristas. Es verdad que hay escritores que se leen fuera de la isla pero en el interior no hay obras de ellos. Contrarevolucionarios, guajiro, por eso no se les publica en la isla, me dijo un campesino. Deseaba quedarme en la isla. Seguramente habría tenido algunos beneficios como exiliado chileno. Con el tiempo se me iría formando militarmente para volver a la tierra de mis zapatos rotos y darme plomos con los gorilas chilenos. El beneficio de abrazar un fusil de la revolución cubana, guajiro, lo tienen pocos en el mundo.

Fidel que te diría: “Enhorabuena, compañero, porque la revolución te necesita”. Me fumo un puro. Tomo un poco de ron cubano. Un perro lanza un alarido. Es un perro de la revolución. Lo han atropellado, guajiro. Con su carne hacemos una asado y con sus bolas albóndigas, digo. No encantó mi humor de la resistencia chilena. Desde aquel momento me daba cuenta que los cubanos se habían herido con mi salida a la chilena. El quiltro seguía vanagloriándose de ser perro atropellado porque aullaba, quizás, hasta consignas contra el guajiro que lo había casi mandado a mejor mundo. Caminé con Javier por algo de tres horas. Me preguntó si había decidido mi suerte. Sabía que de Cuba se partía hacia Angola. Sabía que si iba a Europa luego tendría que volver a Cuba y partir para Angola, sabia que si me quedaba  perdería todos mis contactos con Chile. Javier  no se sobresaltó con mi respuesta. Voy a  Europa compañero…    Adiós al recibimiento preparados para el  condorito porque yo no fui invitado…  

Adiós, guajiros, y dile a la Amelia que la amoooooo…  El avión ruso dejó la isla de un pueblo que trabaja de sol a sol para defender su dignidad… Yo, junto a Javier ya nos tomábamos un Vodka.