No es que en Chile exista una democracia de baja calidad, en donde los ciudadanos no alcanzan a sentir que viven en ese estatus, ya que se da el caso, que a cada rato los porfiados hechos demuestran que estamos en una sociedad clasista en que la riqueza y la libertad en el sentido amplio de la expresión, está reservada para un pequeño grupo o elite como a ellos les encanta escuchar decir, lo que sugiere que vivimos realmente una triste parodia que adopta la forma de democracia.
Como todos sabemos, se ha puesto de moda Adam Smith, pero no el Adam que conocimos, el de la competencia perfecta, el de aquella prístina transparencia. Se trata de la de aquel que utiliza información privilegiada para hacer Política & Negocios, y que si hay que pagar una multa, en algún país, importantísimo país que sí lo contempla, se paga sin demora el altísimo monto, cargándola a la cuenta de gastos operacionales.
La Neo-economía, le exige al Estado que limpie el camino, que despeje variables, que haga posible el modelito que sólo beneficia a los grupos consolidados. Ese parece ser el objetivo principal de la Política.
Ciertamente que el pueblo ha sido traicionado por la Concertación. La existencia del binomalismo es una prueba irrefutable de ello. Lo mismo que la desnacionalización del cobre, la venta del agua y de las comunicaciones. Sólo falta la venta del aire, que aún no está madura puesto que existe exceso de oferta como todos sabemos.
La puesta en escena del financiamiento del Transantiago no entusiasma a nadie, salvo a los comentaristas políticos que nos han prodigado de augurios, catástrofes y otras yerbas. Después de haber sido dado por muerto, este peculiar sistema privado de hacer política pública, y a pesar del 2% constitucional, el gobierno vuelve a la carga, de igual forma como lo hacen aquellos colosos de los titanes del ring que se incorporaban después de salir expulsados del cuadrilátero y llamaban a la clemencia a su archirival para que reconsidere su actitud, poco antes de volver a marcarse arteros golpes.
Si se tratara de una reacción verdadera, podríamos esperar, que se formara una empresa estatal comprando para el Estado todos los contratos. Esa sí que sería una señal que no se está en sintonía con la Derecha. Ignoro si a estas alturas del partido, el Estado de Chile estaría facultado para emprender algo tan elemental de su función pública.
La Izquierda tendrá que salir de la camisa de fuerza llamada Concertación, tendrá que llevar un candidato propio. Es lamentable que las fuerzas extraparlamentarias en su minúscula expresión política, no hayan estado a la altura de las circunstancias. El obtener resultados para obligar a un cambio es un objetivo político. Medir fuerzas, diminutas fuerzas, es algo ciertamente ridículo.
Es bien poco lo que se puede decir bajo esta densa bruma de desinformación imperante, salvo lo que ha dicho el Obispo de Aysén.
Como una farola que ilumina la fría calle, como ese perfecto triángulo isósceles que cae sobre su vereda haciéndola visible, Infanti habla un lenguaje propio de su formación, que es el que reconocen los cristianos católicos que forman la gran mayoría de nuestro pueblo. De modo que no ha caído nada de bien en el gobierno la responsabilidad que le ha endosado al Estado por su actitud pusilánime o de abierta complicidad con los grandes consorcios que se han hecho a precio de huevo de nuestros recursos naturales como es el caso del agua.
Él ha recordado que el agua es elemental para la vida, de modo que no es ético que sea propiedad privada de nadie. En consecuencia la sociedad debe restituirle a su pueblo ese derecho humano elemental. Debe nacionalizar ese recurso, deshaciendo lo que se ha hecho en la historia reciente a espaldas del pueblo.
Apenas se bajó del avión pisando tierra santiaguina, fue llevado a un programa dominical de TV desde donde se vende el neoliberalismo a ultranza. La idea era servirse Obispo al spiedo, sin embargo la prestancia de iluminado y de actor directo de un pueblo, de ser la voz moral de un pueblo que padece la depredación de las hidroeléctricas, hizo que sus palabras calaran hondo en los teleespectadores.
De paso dejó en claro que no estaba contra ninguna política energética, puesto que no existía tal, salvo las políticas de las empresas privadas que desarrollan su negocio, que no son políticas públicas sino que privadas y que por lo demás están haciéndose de acuerdo a lo que hace la mano de Adam, cada vez más visible y más viciosa. .
En ese momento, como en el poema de Pezoa Véliz, nadie dijo nada. De eso naturalmente. De que no existe una política pública respecto a algo tan importante como lo es la energía para un país. Para un pueblo.
La Neo-economía, le exige al Estado que limpie el camino, que despeje variables, que haga posible el modelito que sólo beneficia a los grupos consolidados. Ese parece ser el objetivo principal de la Política.
Ciertamente que el pueblo ha sido traicionado por la Concertación. La existencia del binomalismo es una prueba irrefutable de ello. Lo mismo que la desnacionalización del cobre, la venta del agua y de las comunicaciones. Sólo falta la venta del aire, que aún no está madura puesto que existe exceso de oferta como todos sabemos.
La puesta en escena del financiamiento del Transantiago no entusiasma a nadie, salvo a los comentaristas políticos que nos han prodigado de augurios, catástrofes y otras yerbas. Después de haber sido dado por muerto, este peculiar sistema privado de hacer política pública, y a pesar del 2% constitucional, el gobierno vuelve a la carga, de igual forma como lo hacen aquellos colosos de los titanes del ring que se incorporaban después de salir expulsados del cuadrilátero y llamaban a la clemencia a su archirival para que reconsidere su actitud, poco antes de volver a marcarse arteros golpes.
Si se tratara de una reacción verdadera, podríamos esperar, que se formara una empresa estatal comprando para el Estado todos los contratos. Esa sí que sería una señal que no se está en sintonía con la Derecha. Ignoro si a estas alturas del partido, el Estado de Chile estaría facultado para emprender algo tan elemental de su función pública.
La Izquierda tendrá que salir de la camisa de fuerza llamada Concertación, tendrá que llevar un candidato propio. Es lamentable que las fuerzas extraparlamentarias en su minúscula expresión política, no hayan estado a la altura de las circunstancias. El obtener resultados para obligar a un cambio es un objetivo político. Medir fuerzas, diminutas fuerzas, es algo ciertamente ridículo.
Es bien poco lo que se puede decir bajo esta densa bruma de desinformación imperante, salvo lo que ha dicho el Obispo de Aysén.
Como una farola que ilumina la fría calle, como ese perfecto triángulo isósceles que cae sobre su vereda haciéndola visible, Infanti habla un lenguaje propio de su formación, que es el que reconocen los cristianos católicos que forman la gran mayoría de nuestro pueblo. De modo que no ha caído nada de bien en el gobierno la responsabilidad que le ha endosado al Estado por su actitud pusilánime o de abierta complicidad con los grandes consorcios que se han hecho a precio de huevo de nuestros recursos naturales como es el caso del agua.
Él ha recordado que el agua es elemental para la vida, de modo que no es ético que sea propiedad privada de nadie. En consecuencia la sociedad debe restituirle a su pueblo ese derecho humano elemental. Debe nacionalizar ese recurso, deshaciendo lo que se ha hecho en la historia reciente a espaldas del pueblo.
Apenas se bajó del avión pisando tierra santiaguina, fue llevado a un programa dominical de TV desde donde se vende el neoliberalismo a ultranza. La idea era servirse Obispo al spiedo, sin embargo la prestancia de iluminado y de actor directo de un pueblo, de ser la voz moral de un pueblo que padece la depredación de las hidroeléctricas, hizo que sus palabras calaran hondo en los teleespectadores.
De paso dejó en claro que no estaba contra ninguna política energética, puesto que no existía tal, salvo las políticas de las empresas privadas que desarrollan su negocio, que no son políticas públicas sino que privadas y que por lo demás están haciéndose de acuerdo a lo que hace la mano de Adam, cada vez más visible y más viciosa. .
En ese momento, como en el poema de Pezoa Véliz, nadie dijo nada. De eso naturalmente. De que no existe una política pública respecto a algo tan importante como lo es la energía para un país. Para un pueblo.
