google-site-verification: google096975d001c6a771.html
Agosto 18, 2026

Las Huachas

Bien por esta obra de teatro que se presenta en el Teatro de la UC en la Plaza Ñuñoa. Felices 65 años de trabajo de una de las principales universidades de nuestro país, que mantiene en este lugar un lugar clásico para ir al teatro en el valle del Mapocho.

Bien por la obra escrita y dirigida por Alexis Moreno que dice: “Al bucear en la leyenda chilena, me di cuenta de que era más cómodo entender el tema de la orfandad a través de lo mítico, de lo sobrenatural, que desde la crudeza y el sinsentido ( ) En la primera parte, los personajes se casan con una mentira y, en la segunda, se mueven en el marco de una simple negación. Nuestra historia de país también funciona de esta manera. El concepto de huacho circunda nuestra realidad porque somos una cultura que pierde la idiosincrasia, niega la memoria y sus orígenes bastardos”.

La prosa rimada, brotada del habla campesina, es sin duda un riesgo al ponerla en escena. Toda obra de arte o le lleva riesgo o es suspirito de una decoración. Y aquí estamos hablando de un teatro chileno que se ubicó en el mundo cuando el notable Andrés Pérez y la compañía Circo Teatro se arrojó a la madeja de la poesía popular de Roberto Parra. Al habla brava de un prostíbulo del puerto de San Antonio. Arrojarse a la madeja de uno y de una para encontrar la hebra, como quería la Violeta Parra. Entonces, esa prosa rimada hace que cuando se nos aparece Tamara Acosta, nuestra gran actriz, llegando a Valparaíso en busca de su madre, su monólogo sea un poco largo y acelerado pero notable.

Cuando uno lee a The Rocka aguanta ripios para encontrarse con el trueno y el temblor. La que destaca entre los cuatro actores es Francisca von Hummel, la madre loca y borracha, que pese al texto, lo supera con dominio escénico y una vocalización con paisaje y duende. Los dos actores que forman parte de la yegua salvan un difícil papel. La yegua parece ser la tercera guacha y a la vez al ser hombres contrapuntean la soledad de la madre y la hija. Y notable la sorpresiva aparición del mismo Diablo en una escena que saca del sopor trágico. Demasiado corta. Le hubiera dado un poco más de tiempo, como hace Ruiz en la aparición del diablo en el filme Casa de campo.

Porque la mitología campesina le lleva por obra del miedo de los señoritos de la querencia y parte de la Iglesia, esto de que el diablo o el trauko andan embarazando a las chiquillas. Buena la acequia en el escenario y un aviso de neón que duda entre Huachas o Guachas. Allí nuestra Tamara nos sigue preguntando a qué letra pertenece, pertenecemos. Me gustó el aporte del video, con sus rancheritas dolorosas, porque en el campo se escucha con ganas la ranchera mexicana y sirve al espectador para ahondar en el tema desde otro lenguaje al servicio del tema.

Me tocó ir justamente un miércoles y estaba lleno de jóvenes. Las risas varias a veces merodearon la sala. La magia del vivo que tiene el teatro con una buena obra adelante, nos atrapó a todos. El aire preprimaveral de la plaza de Ñuñork nos dio gratamente en nuestras caras huachas.


Texto publicado en el diario La Nación. Reproducido en Clarín con el permiso de su autor.