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Agosto 18, 2026

Algo respecto a la idiotez y sus orígenes

Esta semana un lector me ha hecho ver mi postura “fascista” respecto a la vida, producto de unas líneas bastante sarcásticas que escribí hace algunos días en este mismo medio: “Chile, la sociedad del patronazgo, de la indios pseudo humanos y los encomiables pacificadores, nación de la futilidad y la demencia”. Por supuesto que cualquier sujeto medianamente entrenado en el arte de leer, notará ipso facto que mi intención no es la de categorizar a los pueblos originarios bajo el rótulo de “indios pseudo humanos”, sino sencillamente repetir el verdadero discurso que se oculta tras los eufemismos oficialistas que oran respecto a los verdaderos dueños de la tierra, y que según los historiadores chilenos precisaron ser “pacificados” por la voluntad y pujanza de lo más vicioso del continente europeo. La pregunta que me formulo es ¿Por qué en Chile se lee tan mal? o ¿Por qué es tan visible que en Chile se lee tan poco?

A estas alturas de la vida, podríamos concluir que la idiotez es un ente que por reunir determinadas y específicas categorías, bien podría constituir un rasgo casi inmanente de la cultura chilena; de otro modo, me es prácticamente imposible encontrar el por qué a tanta idiotez en el país. Según la Real Academia de la Lengua idiotez es lo Hecho o dicho propio del idiota, a saber, una de las características fundamentales del devenir posmoderno chileno; a la medida del poder oficial, atormentado por el aún presente terror dictatorial, atormentado por el vómito visceral esparcido por un neoliberalismo que no conoce moral alguna. Aún cuando suena a chocarrería tal descripción ¿Podría alguien afirmar que el sujeto promedio de la nación se caracteriza por una absoluta inteligencia? ¿Qué se podría concluir de un país sofocado por el vaho de la desidia y la renuncia, acostumbrado a obedecer y mascullar, inconscientemente angustiado por una realidad burlada y regentada en el corazón de Medios de Comunicación que con tal de defender una delirante moral capitalista son capaces de husmear en los calzoncillos del Papa?

Con todo un bagaje de mutismo y terror sembrado por una dictadura de la vieja usanza, es decir, por aquellas distintas a las nuestras-contemporáneas porque allí no se tenía empacho a la hora de masacrar y violentar,  cuesta imaginar un panorama donde por una vez siquiera (quizá entre 1970-73 y en 2006 hubo algunas luces) surjan las señales de Insurrección de las ideas y cambio de conciencia, de verdadera Libertad aún cuando El mundo de la libertad humana no puede ser construido por las sociedades establecidas, por mucho que afinen y racionalicen su dominio. Su estructura clasista, y los controles perfeccionados que requieren para mantener aquél, generan necesidades, satisfacciones y valores que reproducen la servidumbre de la existencia humana. Esta servidumbre “voluntaria” que justifica a los amos benévolos, sólo puede romperse mediante una práctica política que alcance las raíces de la contención y la satisfacción de la infraestructura humana; una práctica política de metódico desprendimiento y rechazo del orden establecido, con miras a una radical transvaluación de las raíces (Herbert Marcuse, “Un ensayo sobre la Liberación”). No son pocos los que actualmente anuncian supuestamente desde lo alto de la montaña, una revolución de hocico y extremidades que en última instancia se materializa de vez en cuando en patéticos y trastornados espectáculos de violencia y locura colectiva, donde al ritmo de un frenesí populachero impregnado de un ula ula fatal, cientos de estudiantes pregonan sus de ordinario rebuscados y ambiciosos discursos en honor a la moral del cambio. A partir de allí se transforman en la comidilla predilecta de nuestros sensacionalistas medios de transmisión, a través de los cuales algunos tienen la oportunidad de exhibir su ignorancia y hacer gala del realmente fútil sistema educacional chileno, toda vez que los “voceros” de la Revolución tienen la posibilidad de hablar respecto a sus querellas; “Losotros le pidimos a la ministra que revise los estatutos que inclusive le llevamos así, lo cual ella los dijo que lo iba a revisarlo”. Ecce Hommo Chilensis.

Generalizando, podemos concluir que en Chile prácticamente no se lee; esto quizá lo podríamos pasar por alto ya que formaría parte del selecto grupo de los “no” a los que nos tiene acostumbrados la nación (no hay sentido del humor, no hay una gran política, no hay filosofía propia, no hay cultura de Derechos Humanos, no existe el respeto hacia las minorías, no hay belleza), empero es preciso referirnos a este tema ya que En el principio fue el verbo (λóγος) y toda actitud es discurso y todo discurso es fluir de ideas. Precisamos afirmar que tras el renunciamiento inducido en lo que a lectura de libros se refiere, actualmente los chilenos están haciendo poco, prácticamente nada si tomamos en cuenta las muy “loables” escaramuzas anti sistema que a través de Facebook tienen lugar. En el país, se reúne la mayor cantidad de esfuerzos para evitar que la nación se eduque ya que es obvio que una audiencia culta es demasiado compleja de ser dominada; de ahí el impuesto al libro (que muchos se empecinan en no tomar en cuenta como un agravante en la pérdida de sentido crítico y experticia mental), la privatización de la educación, la “carta blanca” otorgada a los Medios masivos para que envenenen las conciencias con cualquier superchería, las Bibliotecas silenciadas y atiborradas de naderías y funcionarios ignorantes y caras largas. Las taras dejadas por la nula lectura no sólo se pueden detectar a la hora de oír la enfermiza verborrea que espeta el vulgar populacho, sino que a través de la lectura que éste realiza nos podemos dar cuenta efectivamente de cuán mal se interpreta y se lee en el Chile actual; aparentemente leer es una cuestión mecanicista, un ejercicio repetitivo de juntar una letra con otra y otorgar algún sentido baladí. De ahí que nos tengamos que ver privados de utilizar la metáfora como figura literaria para explicar lo horrible y decadente de la cultura chilena, los giros idiomáticos, silogismos e infinitas licencias: todo para que los idiotas nos comprendan y no nos entiendan al revés…

Urge preocuparse de la comprensión de lectura actual. Urge a la vez luchar por la visibilización de los mecanismos que –para mí adorado lector naífincreíblemente o a lo mejor son utilizados adrede para empantanar aún más la conciencia nacional en el fango, en la ciénaga del abatimiento, en el insondable laberinto de la perdición y la estupidez sin límites.