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Agosto 18, 2026

Conflictividad laboral: ¿revolución social o rigidez empresarial?

Los últimos años ocurrieron bulladas movilizaciones de trabajadores subcontratados en grandes empresas públicas y privadas. No todas estas empresas reaccionaron de la misma forma.  Algunas enfrentaron proactivamente y con negociación la conflictividad laboral en sus procesos, asumiendo que parte importante de sus operaciones la han entregado a trabajadores externos y que por tanto, sus demandas son problemas que les afectan y demandan creatividad e inteligencia para resolverlos.

Estas empresas acordaron negociaciones exitosas con sus trabajadores subcontratados, ganando estabilidad y seguridad para sus negocios.
 
Otras grandes empresas, en cambio, consideraron que la ley les exime de negociar con sus trabajadores subcontratados y por tanto rechazaron negociar con ellos, desentendiéndose de sus demandas. Pero tal negativa sólo logró que los trabajadores obtuvieran más legitimidad y apoyo e incluso ampliaran sus demandas. Negarse a negociar fue una mala idea: estas empresas enfrentaron un incremento de la conflictividad, paralización de faenas y un entorno cada vez menos amistoso.
 
Las empresas que se negaron a negociar dijeron que enfrentaban un problema de orden público: trabajadores sin derecho a negociar recurrían a la agitación callejera para obtenerlo, por lo que debía intervenir la policía. Pero no era un asunto policial: era un desafío laboral que grandes empresas enfrentaron exitosamente logrando acuerdos razonables con sus subcontratistas, sin exposición mediática ni politización. Las empresas que se negaron a asumir como propio el problema de mejorar las condiciones de sus subcontratistas, solo lograron politizar las demandas laborales, interpelando a la autoridad para que reestableciera el orden público.
 

Si hay aún grandes empresas que creen que solo les incumben las demandas de sus  trabajadores directos -aún cuando sean cada vez menos y estén aumentando rápidamente los  trabajadores externos en sus procesos- la conflictividad laboral no dejará de crecer. Si hay aún grandes empresas que prefieren interpelar a la autoridad ante las presiones de sus trabajadores subcontratados en vez de poner a prueba su capacidad de enfrentar la conflictividad en sus procesos y asumir que parte importante de sus operaciones la han entregado a trabajadores externos, no debiera extrañarnos que alcaldes, gobernadores, intendentes, legisladores y ministros de Estado se involucren en resolver la conflictividad laboral de grandes empresas los próximos años.

 

Abogado, investigador asociado al Centro de Relaciones Laborales, Facultad de 
Ciencias Económicas y Administrativas, Universidad Central