¿Qué vamos a hacer sin ti? ¿Quién conducirá la palabra perfecta para horadar las tinieblas de la duda y la desesperanza? ¿De donde capturaremos la tenacidad para que sea un requisito en nuestras luchas?
De todas las virtudes, fue tu sonrisa.
Que estallaba como la flor del tamarugo en la primavera incipiente iluminando la inmensidad del llano nortino.
De todas las virtudes, fue tu sonrisa.
Que estallaba como la flor del tamarugo en la primavera incipiente iluminando la inmensidad del llano nortino.
Alegrando los salones húmedos, el sindicato color ceniza, la reunión del Partido donde fuera posible.
De tu condición de compañera, tu lealtad.
A la hora de todas las horas. Junto al Presidente Allende en tantas derrotas y su gran victoria. Junto al Partido, en sus distorsiones y en su camino histórico al Socialismo. Junto a tus camaradas de siempre, en la discusión tremenda, y en el abrazo cordial de la despedida.
De tu condición de militante, tu fascinación.
Porque la presencia de un mundo nuevo y distinto, justo y solidario, categórico en el aporte al desarrollo humano, te ponía los ojos húmedos. Tu mirada perdida imaginaba tiempos distintos, en que el hombre no deba venderse vilmente para alimentar a su familia y muchos niños no tengan que alimentarse en los basurales.
De tu condición de clase, tu consecuencia.
Sabemos que llegaste del norte y hablabas con cariño de tu padre minero.
No conocimos a nadie tan consecuente, servir a los suyos con tanta dedicación, vivir una vida modesta, honesta, aguerrida. Siempre en la trinchera de los pobres.
De tus creaciones, el pastel de manzana.
Que recordamos a esta hora, en que no podemos contener las lágrimas.
De tu condición humana, fue tu palabra.
De tu condición de compañera, tu lealtad.
A la hora de todas las horas. Junto al Presidente Allende en tantas derrotas y su gran victoria. Junto al Partido, en sus distorsiones y en su camino histórico al Socialismo. Junto a tus camaradas de siempre, en la discusión tremenda, y en el abrazo cordial de la despedida.
De tu condición de militante, tu fascinación.
Porque la presencia de un mundo nuevo y distinto, justo y solidario, categórico en el aporte al desarrollo humano, te ponía los ojos húmedos. Tu mirada perdida imaginaba tiempos distintos, en que el hombre no deba venderse vilmente para alimentar a su familia y muchos niños no tengan que alimentarse en los basurales.
De tu condición de clase, tu consecuencia.
Sabemos que llegaste del norte y hablabas con cariño de tu padre minero.
No conocimos a nadie tan consecuente, servir a los suyos con tanta dedicación, vivir una vida modesta, honesta, aguerrida. Siempre en la trinchera de los pobres.
De tus creaciones, el pastel de manzana.
Que recordamos a esta hora, en que no podemos contener las lágrimas.
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