Cortázar la lleva, es un balazo para contra argumentar, a mi me pareció un espectáculo de lucidez intelectual cuando dijo frente a las cámaras que las platas que estaba solicitando iban directamente al bolsillo de los que subían a la micro. La micro cuesta $380 y debería costar como el doble, de modo que el Estado de Chile, pone la diferencia. Nada que decir, el hombre sabe lo que dice, él está subsidiando directamente la oferta.
Si embargo, le ha salido gente al camino de donde menos se podría pensar. Una experta de la UDI (http://www.lyd.cl/lyd/index.aspx?channel=3793&appintanceid=9341&pubid=12238) sostuvo que este subsidio entrega un tercio de los recursos a los habitantes pertenecientes al 40% más rico del Gran Santiago, quienes poseen el 72% del total de ingresos, mientras el 20% más pobre obtiene sólo el 21%. “Debido a que un subsidio a la oferta, provoca una rebaja tarifaria a todos los usuarios, la focalización es muy deficiente”
Es así como la Derecha cambia con maestría política sus puntos de vista. En el caso de la educación apoya a brazo partido la subvención de la oferta, es decir a los sostenedores, puesto que según ellos, allí radica la esencia de la libertad. Es el Estado el que debe garantizar la libertad de educación subvencionando a los particulares para que propaguen su particular modo de comprender al mundo. Algo así como que las partes son más relevantes que el todo.
Sin embargo lo cierto, lo que cuenta realmente, es que esta corriente de opinión situada a la extrema derecha del espectro político de la singular democracia del Santiago del nuevo extremo, propone de golpe & raja, un subsidio a la demanda. Vale decir, cargarles las tarjetas bip a los estudiantes, a los trabajadores, a todos aquellos chilenos de segunda categoría que están marginados de los beneficios que ofrece nuestro país emergente. Veamos qué responde el ministro, ahora sí que la tiene difícil.
Un amigo me aseguró que nadie le estaba subvencionando nada, puesto que el Estado de Chile era de cada uno de nosotros. De manera que la dieciseismillonésima parte que nos corresponde como socios de Chile S.A, cubre con creces ese pretendido subencionamiento de más o menos la mitad del costo del pasaje de la micro.
La cosa se pone pelúa cuando caímos en cuenta que el Estado de Chile no se menoscabaría en su imagen si entre sus muchas actividades podría nuevamente estar el manejar autobuses.
Sabemos que plantear semejante situación provocaría un gesto de desdén. Nadie está para manejar micros, pero sí para subvencionar la mitad de la gestión económica de los gestores particulares.
Para mí que vuelvan los troley-buses, prehistoria de las micros amarillas, ejemplo de empresa estatal hasta que no se propusieran liquidarla de la misma forma que tiempo después liquidaran a los Ferrocarriles del Estado.
Si el Metro es estatal, o casi estatal. No veo porqué no, el Transantiago pueda llegar a ser estatal o casi estatal.
Cortázar tiene la palabra.
Es así como la Derecha cambia con maestría política sus puntos de vista. En el caso de la educación apoya a brazo partido la subvención de la oferta, es decir a los sostenedores, puesto que según ellos, allí radica la esencia de la libertad. Es el Estado el que debe garantizar la libertad de educación subvencionando a los particulares para que propaguen su particular modo de comprender al mundo. Algo así como que las partes son más relevantes que el todo.
Sin embargo lo cierto, lo que cuenta realmente, es que esta corriente de opinión situada a la extrema derecha del espectro político de la singular democracia del Santiago del nuevo extremo, propone de golpe & raja, un subsidio a la demanda. Vale decir, cargarles las tarjetas bip a los estudiantes, a los trabajadores, a todos aquellos chilenos de segunda categoría que están marginados de los beneficios que ofrece nuestro país emergente. Veamos qué responde el ministro, ahora sí que la tiene difícil.
Un amigo me aseguró que nadie le estaba subvencionando nada, puesto que el Estado de Chile era de cada uno de nosotros. De manera que la dieciseismillonésima parte que nos corresponde como socios de Chile S.A, cubre con creces ese pretendido subencionamiento de más o menos la mitad del costo del pasaje de la micro.
La cosa se pone pelúa cuando caímos en cuenta que el Estado de Chile no se menoscabaría en su imagen si entre sus muchas actividades podría nuevamente estar el manejar autobuses.
Sabemos que plantear semejante situación provocaría un gesto de desdén. Nadie está para manejar micros, pero sí para subvencionar la mitad de la gestión económica de los gestores particulares.
Para mí que vuelvan los troley-buses, prehistoria de las micros amarillas, ejemplo de empresa estatal hasta que no se propusieran liquidarla de la misma forma que tiempo después liquidaran a los Ferrocarriles del Estado.
Si el Metro es estatal, o casi estatal. No veo porqué no, el Transantiago pueda llegar a ser estatal o casi estatal.
Cortázar tiene la palabra.
