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Agosto 18, 2026

¡Qué tiempos aquellos!

Hubo una época en la historia de los EEUU que hizo la felicidad de Hollywood y entretuvo nuestra ingenuidad de niños: aquella en la que los malandrines asaltaban bancos o diligencias revólver en mano, y salían abriendo con sacos llenos de dólares mientras el sheriff, el alguacil o el incorruptible de turno les corría atrás.

A caballo o en la célebre Ford T, eso ya dependía de si la peli iba del lejano oeste o de Chicago, visto que asaltantes de bancos hubo del género bucólico, ecológico o campestre, y de la variedad urbana, engominado, traje de tres piezas, fumador de habanos y propietario de la rubia de falda rajada que era la buena mala, o la mala que estaba muy buena.
 
¡Qué tiempos aquellos!
 
Ahora los que roban son los bancos. El sheriff y el alguacil miran para el otro lado, mientras que al  incorruptible lo tienen en un museo, como a un vulgar esqueleto de dinosaurio o las pruebas de que en el cretáceo superior hubo democracia en Chile.
 
No lo digo pensando en las tasas usureras que en la copia feliz del edén le aplican los bancos a los créditos al consumo, ni en los créditos que intentan embutirte a la fuerza por teléfono, “buenos días, habla Carolaina del Chúpatesta Bank, le hemos aprobado un crédito de cinco millones…”, ni  siquiera en que se las arreglaron, -RL mediante-, para hacerse hasta con la administración de los presupuestos generales del Estado. No. Lo digo al constatar, sorprendido, que en los países serios les obligan a devolver los “jarrones”.
 
El ministerio de Justicia del Estado de Nueva York lanzó una investigación sobre los productos financieros sofisticados, -de esos que le gustan a Andrés Velasco y que hacen parte de su MK3, mientras más sofisticados más oscuros, ¡viva la transparencia!-, y la cagalera fue tal que bancos con una sólida reputación de chorizos están devolviendo la moneda.
 
El “modelo de negocio” consiste en inventar productos financieros de “altísima rentabilidad” y acuosa liquidez, la ciega pasión del lucro hace el resto. Las agencias de notación se comportan como Kaa, la serpiente hipnotizadora del Libro de la Jungla, adjudicándole al objeto de la estafa una calificación triple A, ¡Compre no más jefe!, aquí va a la segura.
 
Los inversionistas individuales, y sobretodo institucionales (¿tu AFP?) se precipitan, porque a la voz de lucro… es más fuerte que ellos, no se retienen, se les cae la baba, corren dando grititos “¡y a mí, y a mí!”, ya ves que no hacen falta ni los trabucos, ni los pistolones, ni las tartamudas, ni las amenazas, Luca Brasi sale sobrando, ese que según Michael Corleone les ponía una pistola en la sien mientras el Padrino les preguntaba: “¿Qué quieres que pongamos en el contrato, tu firma o tu cerebro?
 
Pero a veces la regulación funciona, el sheriff es como Gary Cooper en “El tren silbará tres veces”, el alguacil se comporta como Russel Crowe en “American gangster”, el incorruptible sale del museo y dándoselas de Bruce Willis salva el planeta o al menos a los incautos que pisaron el palito.
 
Así está sucediendo con las ARS, obligaciones a tasa variable fijada por remates (ARS: auction-rate securities) con las que tales bancos como Morgan Stanley, JP Morgan Chase, Wachovia, Citigroup, Merrill Lynch y UBS estafaron a todo dios.
 
Cuando recibió el reglazo en la manita, Citigroup, contrito, se comprometió a recomprarle la basura a sus victimas por un total de 20 mil millones de dólares, mientras que Merrill Lynch, -un habitué de estas lides-, debe recomprar otros U$ 12 mil millones de obligaciones ARS.
 
Por su parte, UBS, -se ve que Suiza ya no es lo que era-, se obliga a devolver un total de 19 mil cuatrocientos millones de dólares a los estafados.
 
Morgan Stanley, junto con reconocer el dolo (en Chile dirían el “ilícito”), se compromete a devolver “jarrones” por un total de U$ 4 mil quinientos millones, y propone hacerse cargo de las pérdidas de los inversionistas individuales que compraron basura antes del 12 de febrero y la revendieron a pérdida entre esa fecha y el 11 de agosto. A los inversionistas institucionales (¿tu AFP?) que se encuentran en situaciones delicadas por su culpa, Morgan Stanley les promete «reflexionar» para encontrar soluciones de aquí a fines del 2009…
 
Lo que está lejos de absorber toda la basura ARS, que según el Wall Street Journal suma un total de 200 mil millones de dólares. Como queda dicho, todo ello sin pistolones, ni tartamudas, ni amenazas, robo limpio, en traje-corbata. ¿Cómo quieres hacer una película con eso? ¿Ah?
 
De modo que mucho antes de haber saldado las impresionantes pérdidas ocasionadas por la estafa de los créditos subprimes,  los CDO (“collateralized debt obligations”), los ABS (“asset backed securities”) y los SIV (“structured investment vehicles”), la banca mundial ya está enfrentando las que trae consigo el fraude de las obligaciones ARS.
 
Y pensar que hubo una época en la que los malandrines se quedaban con el botín, como en la peli  “Kelly’s heroes”.
 
¡Qué tiempos aquellos!
 
Escribe Luis CASADO 12/08/2008