Roma.- Las imágenes de las principales ciudades italianas, atractivas por sus antiguos y espectaculares monumentos, variaron de repente tras la salida gradual a las calles de unos tres mil militares, bajo el pretexto de reforzar la seguridad. Centenares de soldados dejaron ayer sus cuarteles para ayudar a policías y carabineros a contrarrestar la incertidumbre de la población, a controlar a los inmigrantes indocumentados y a defender objetivos considerados riesgosos.
Bajo el eslogan “Calles seguras”, el plan forma parte de un decreto ley aprobado el pasado mes por el gobierno conservador de Silvio Berlusconi y se aplicará en principios durante un periodo de seis meses, pero si resulta efectivo podría prorrogarse un año.
Además de patrullar céntricas avenidas, los efectivos vigilarán sedes diplomáticas, monumentos y estaciones de tren o metro.
La oposición de centroizquierda considera la medida como una operación de fachada, la cual evidencia falta de medios y personal para las fuerzas de seguridad.
Para el líder del partido Italia de los Valores, Antonio Di Prieto, el despliegue de soldados es sólo una decisión meramente simbólica, una lavada de cara con agua sucia.
Asimismo, representantes del Partido Demócrata, principal de la oposición, acusaron a Berlusconi de querer militarizar el país y de tomarle el pelo a la gente al dar imagen de seguridad.
Los uniformados fueron desplegados en diversos sitios de Roma, Milán, Nápoles, Bari, Catania, Padua, Palermo, Turín y Verona, y sólo podrán realizar detenciones en caso de flagrante delito, según el plan, aprobado por los ministerios de Interior y Defensa italianos.
Por su parte, los principales sindicatos de las fuerzas del orden coincidieron en sus declaraciones al diario la Repubblica, al afirmar que el empleo del ejército constituye una operación sin sentido, una vuelta de tuerca del gobierno en nombre de la seguridad.
Asimismo, abogaron por mayores fondos y medios para la policía de cada territorio con lo cual podrían, sin la intervención de soldados, enfrentar la criminalidad en el país.
El titular de Defensa, Ignazio la Russa, declaró que la decisión pretende “eliminar el miedo”, garantizar apreciación de calma y de presencia del Estado.
A los nuevos vigilantes de botas oscuras y traje de camuflaje ya se le puede ver, arma en mano o colgada a la cintura, delante de la catedral de Milán o en la plaza Plebiscito de Nápoles.
Por decisión del alcalde de Roma, Gianni Alemanno, ellos no patrullarán las calles del centro histórico ni los monumentos más visitados del corazón de la ciudad eterna, capital de la Italia unificada desde 1871.
En esa urbe, un turista británico de 70 años opinó que el despliegue castrense lo remontó a “tiempos tristes y lejanos” al ver la presencia militar en la plaza de San Juan de Letrán.
La coalición de centroderecha de Berlusconi, ganadora en las elecciones en abril pasado, prometió entre otras cosas medidas contra la criminalidad. La salida de soldados a las calles es hasta ahora la iniciativa más visible del primer ministro en su cruzada a favor de la seguridad.
