La variabilidad de precios de las frutas y verduras que hoy día el consumidor está enfrentando lo obliga a buscar los más adecuados para su bolsillo. En efecto, las diferencias de un mismo producto, entre un supermercado del barrio alto con un puesto de verduras en un barrio modesto, difieren como nunca hoy día en el mercado. Por supuesto que las razones de las alzas de precios de este tipo de alimentos se comprenden en muchas oportunidades por las condiciones climáticas o por la baja producción obtenida u otras similares.
Sin embargo, también hay que reconocer que otros tantos productos se igualan a los altos precios sin haber experimentado contratiempos como los indicados. Hay aprovechamiento de los que no tienen problemas con los que sí los tienen.
Varias pueden ser las medidas de amortiguar las alzas de tan importantes productos. Una es la de organizarse como consumidores y adquirir lo necesario en mercados más baratos, comprando las necesidades de todo el grupo. Otra, de parte de los productores, llevar sus frutas y hortalizas hasta el mismo consumidor. Esto puede hacerse, a su vez, de dos maneras. Llevando físicamente la canasta hasta el hogar que consume o, instalándose en los lugares de producción, el que con una mínima difusión, se pueda atraer al consumidor al campo.
Dejemos que el mercado actúe, pero nosotros debemos también actuar con inteligencia. Hoy día, los enormes cambios que estamos experimentando, en todo, comunicaciones, precios, climas y tantos otros, nos obliga a revisar nuestros propios comportamientos o estrategias.
¿Cómo es posible, por ejemplo, que un pequeñísimo propietario agrícola, hablemos de media hectárea cerca de una ciudad, compre las verduras al de la camioneta que pasa vendiendo por su parcela, y no las produzca él mismo? ¿Cómo es posible que un pequeño agricultor, hablemos de cinco hectáreas, coloque en toda su superficie un sólo rubro o cultivo, y tenga que ir al supermercado a comprar las hortalizas para su cocina?
En varios países desarrollados existe la agricultura urbana, consistente en cultivar pequeñísimas superficies de suelo en los patios de las casas para obtener pequeños beneficios. Incluso se dan en las jardineras de los balcones en los departamentos de grandes ciudades.
Desgraciadamente, no todo se arregla con leyes y normas. También hay que poner algo de uno para que un país camine. Hugo Ortega T.
Director
Varias pueden ser las medidas de amortiguar las alzas de tan importantes productos. Una es la de organizarse como consumidores y adquirir lo necesario en mercados más baratos, comprando las necesidades de todo el grupo. Otra, de parte de los productores, llevar sus frutas y hortalizas hasta el mismo consumidor. Esto puede hacerse, a su vez, de dos maneras. Llevando físicamente la canasta hasta el hogar que consume o, instalándose en los lugares de producción, el que con una mínima difusión, se pueda atraer al consumidor al campo.
Dejemos que el mercado actúe, pero nosotros debemos también actuar con inteligencia. Hoy día, los enormes cambios que estamos experimentando, en todo, comunicaciones, precios, climas y tantos otros, nos obliga a revisar nuestros propios comportamientos o estrategias.
¿Cómo es posible, por ejemplo, que un pequeñísimo propietario agrícola, hablemos de media hectárea cerca de una ciudad, compre las verduras al de la camioneta que pasa vendiendo por su parcela, y no las produzca él mismo? ¿Cómo es posible que un pequeño agricultor, hablemos de cinco hectáreas, coloque en toda su superficie un sólo rubro o cultivo, y tenga que ir al supermercado a comprar las hortalizas para su cocina?
En varios países desarrollados existe la agricultura urbana, consistente en cultivar pequeñísimas superficies de suelo en los patios de las casas para obtener pequeños beneficios. Incluso se dan en las jardineras de los balcones en los departamentos de grandes ciudades.
Desgraciadamente, no todo se arregla con leyes y normas. También hay que poner algo de uno para que un país camine. Hugo Ortega T.
Director
Escuela de Ingeniería en Agronegocios
Universidad Central
