A la Ministra de Educación, Mónica Jiménez le quedó chico su cargo. Pronto a cumplir 70 años de edad se ha propuesto- en abierto desacato a muchas madres del país- ampliar su función a la de Madre Superiora. Luego que la estudiante María Música Sepúlveda le vaciara un jarro de agua en su rostro, durante una manifestación por la defensa de la educación pública, la secretaria de Estado resolvió aplicarle una “sanción formativa”. La medida consiste en monitorear el desarrollo de la adolescencia de esta joven de 14 años de edad.
“He pedido que a esa niñita se le de acompañamiento emocional para que pueda procesar sus hormonas, todas sus emociones, su proceso evolutivo”.
¿Consultó la Ministra a la autentica madre de la niña antes de tomar tan trascendental decisión? ¿Que le ocurrirá a la mamá y a su hija si ellas- en legitimo derecho – se niegan a someterse a este tipo de control de sus vidas?
No es primera vez que la Ministra de Educación utiliza métodos seudo-pedagógicos tendientes a cerrar la boca de estudiantes “impulsivos, revoltosos y opinantes” dedicados – como ella misma lo expresa- a “reclamar por las ballenas, mañana por la LGE , pasado mañana por la causa mapuche”.
Dauno Tótoro Taulis, autor del thriller político- policial “ La Sonrisa del Caiman” sufrió en carne propia lo que podría acontecerle a María Música. “Conocí a la Ministra Jiménez. Sé de lo que estoy hablando”, asevera en carta pública
“En el año 1986 fui expulsado de la Pontificia Universidad Católica (PUC) por participar en el movimiento estudiantil que se agitaba en busca de democratizar la Universidad y el país”.
A la fecha, Jiménez era Presidenta de la Asociación de Académicos y miembro del Consejo Superior de la Pontificia “Ucé”.
Tótoro Taulis, en tanto, era dirigente de la Federación de Estudiantes de la Ucé , delegado estudiantil al Consejo Superior y Presidente del Centro de Alumnos de la Escuela de Trabajo Social.
“A sólo un semestre de terminar mi carrera, el Consejo de Rectores, por recomendación del por entonces mandamás de la PUC , Juan de Dios Vial Correa, decretó mi alejamiento de las aulas de la U. Católica y de las de cualquier otra universidad del país”.
Fue en este escenario que entró a tallar la figura de Mónica. ¿Qué papel jugó entonces la actual mandamás del Mineduc?
CRISTIANA SOLUCION
“Haciendo demostración de su “espíritu democrático y profundas convicciones católicas”, propuso al rector solucionar el entuerto mediante el diálogo. Fui citado a la oficina de Vial Correa, donde Mónica Jiménez me brindó una clase magistral de conceptos democráticos y del significado profundo del arrepentimiento cristiano”, relata
“Dijo la señora Jiménez que (yo) le recordaba enormemente a su padre cuando este tenía mi edad, “igual de vehemente, apasionado y arriesgado en la defensa de sus erróneos principios políticos –su padre, me explicó – era militante de la ultraderecha de sus días”. Luego se extendió en una larga arenga en torno a un único concepto: a la Universidad se va a estudiar, no a hacer política”.
Pero ella, en su afán “conciliador”, fue más lejos. Doña Mónica había convenido con el entonces Rector una solución para superar el “entuerto”, recuerda el escritor en su carta – denuncia.
“Me propuso que firmara un documento mediante el cuál me comprometía a renunciar a mis convicciones políticas de izquierda, a mis responsabilidades como dirigente estudiantil y a declarar públicamente ante la comunidad universitaria que me había equivocado al suponer que los recintos universitarios eran un campo de batalla más en la lucha contra la dictadura”
“Firma este documento”, me sugirió, “y de inmediato la sentencia de expulsión quedará sin efecto”.
“Soborno, incitación a la traición, cohecho, amedrentamiento. Esos son los principios profundamente democráticos que barajaba la señora Jiménez. La misma que hoy se reúne con los estudiantes secundarios y los profesores en jornadas de “encuentros participativos en educación”.
No es primera vez que la Ministra de Educación utiliza métodos seudo-pedagógicos tendientes a cerrar la boca de estudiantes “impulsivos, revoltosos y opinantes” dedicados – como ella misma lo expresa- a “reclamar por las ballenas, mañana por la LGE , pasado mañana por la causa mapuche”.
Dauno Tótoro Taulis, autor del thriller político- policial “ La Sonrisa del Caiman” sufrió en carne propia lo que podría acontecerle a María Música. “Conocí a la Ministra Jiménez. Sé de lo que estoy hablando”, asevera en carta pública
“En el año 1986 fui expulsado de la Pontificia Universidad Católica (PUC) por participar en el movimiento estudiantil que se agitaba en busca de democratizar la Universidad y el país”.
A la fecha, Jiménez era Presidenta de la Asociación de Académicos y miembro del Consejo Superior de la Pontificia “Ucé”.
Tótoro Taulis, en tanto, era dirigente de la Federación de Estudiantes de la Ucé , delegado estudiantil al Consejo Superior y Presidente del Centro de Alumnos de la Escuela de Trabajo Social.
“A sólo un semestre de terminar mi carrera, el Consejo de Rectores, por recomendación del por entonces mandamás de la PUC , Juan de Dios Vial Correa, decretó mi alejamiento de las aulas de la U. Católica y de las de cualquier otra universidad del país”.
Fue en este escenario que entró a tallar la figura de Mónica. ¿Qué papel jugó entonces la actual mandamás del Mineduc?
CRISTIANA SOLUCION
“Haciendo demostración de su “espíritu democrático y profundas convicciones católicas”, propuso al rector solucionar el entuerto mediante el diálogo. Fui citado a la oficina de Vial Correa, donde Mónica Jiménez me brindó una clase magistral de conceptos democráticos y del significado profundo del arrepentimiento cristiano”, relata
“Dijo la señora Jiménez que (yo) le recordaba enormemente a su padre cuando este tenía mi edad, “igual de vehemente, apasionado y arriesgado en la defensa de sus erróneos principios políticos –su padre, me explicó – era militante de la ultraderecha de sus días”. Luego se extendió en una larga arenga en torno a un único concepto: a la Universidad se va a estudiar, no a hacer política”.
Pero ella, en su afán “conciliador”, fue más lejos. Doña Mónica había convenido con el entonces Rector una solución para superar el “entuerto”, recuerda el escritor en su carta – denuncia.
“Me propuso que firmara un documento mediante el cuál me comprometía a renunciar a mis convicciones políticas de izquierda, a mis responsabilidades como dirigente estudiantil y a declarar públicamente ante la comunidad universitaria que me había equivocado al suponer que los recintos universitarios eran un campo de batalla más en la lucha contra la dictadura”
“Firma este documento”, me sugirió, “y de inmediato la sentencia de expulsión quedará sin efecto”.
“Soborno, incitación a la traición, cohecho, amedrentamiento. Esos son los principios profundamente democráticos que barajaba la señora Jiménez. La misma que hoy se reúne con los estudiantes secundarios y los profesores en jornadas de “encuentros participativos en educación”.
“Aquella tarde de 1986 no encontré en esa oficina ningún jarro de agua a la mano. Sólo pude mirarla con lástima y desprecio, lanzarle una carcajada al rostro y salir de ahí con un portazo, cerrando para siempre cualquier posibilidad de convertirme en un profesional universitario, pero más convencido que nunca de todos aquellos principios de los que la señora Jiménez me intentó hacer abjurar”.
