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Agosto 18, 2026

Criticas internacionales al manejo de la economía chilena

Una vez se consideró que Chile tenía la economía mejor administrada de América Latina. Su reputación ha sufrido el golpe mayor. La tasa de inflación ha ido en alza por más de un año, llegando al 9,5 por ciento en junio. Pero la economía se expandió en sólo el 3 por ciento en la primera mitad de este año, el índice más bajo desde 2002. Las autoridades tienen algunas excusas, según la revista “The Economist”.

Chile importa casi todo su petróleo. Subvenciona los productos de combustible un poco menos que algunos de sus vecinos: es probable que el subsidio al combustible (es decir, la diferencia entre los precios mundiales e internos) ascienda a cerca de 500 millones de dólares este año, indica un personero chileno. Eso contrasta con los 1.200 millones de dólares en Perú y 19 mil millones de dólares en México.

Sin embargo, algunos economistas estiman que el Banco Central de Chile ha empeorado las cosas al mostrarse zigzagueante entre las inquietudes por el crecimiento y la inflación. A principios de este año trató de detener la valorización del peso porque existía la preocupación que esto estaba conteniendo las exportaciones. Luego en junio elevó su tasa de referencia en medio punto porcentual, y otra vez en julio.

En vista de lo intrincado que está resultando controlar la inflación, las autoridades de los bancos centrales probablemente deberían haber elevado las tasas antes. Pero los funcionarios de Hacienda también podrían hacer más por ayudar. El gasto fiscal en América Latina es muy pro cíclico, señala Santiago Levy, economista jefe del BID. Un estudio que llevó a cabo el banco encontró que en las siete economías principales, en promedio los gobiernos han gastado más bien que ahorrado el 80% de los ingresos extra que han derivado del auge de productos básicos desde 2002. Incluso en Chile, que ahorra gran parte de esta lluvia caída del cielo, la política fiscal es expansionista, puesto que el gasto público está creciendo al doble de la velocidad de la economía.

La prueba será si la inflación disminuirá o no para fines de este año. Si no lo hace, se necesitarán acciones más drásticas, lo que podría causar un gran impacto en el crecimiento económico. Aquellos más sensatos entre los políticos de la región saben que, por muy costoso que sea, la lucha contra la inflación es una que no pueden darse el lujo de perder. Ya las alzas de precios amenazan con sumir nuevamente a varios millones de latinoamericanos en la pobreza.

El Presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, aunque es un hombre de izquierda, ha dado un fuerte respaldo a la amarga medicina del Banco Central. La inflación es una “enfermedad degradante”, sostiene. Es un mal que debilitó por mucho tiempo a América Latina. Esa es la razón de por qué la región es relativamente intolerante a esa dolencia ahora.