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Agosto 18, 2026

¿A quién creerle?

La revista inglesa “The Economist” pone en su primera página un titular de miedo: “Britain’s sinking economy”. La prensa europea anuncia el desplome de las Bolsas, la reducción de las previsiones de crecimiento, el aumento del desempleo, la aceleración de la inflación, la pérdida de confianza de los consumidores.

Notas relativas a las finanzas yanquis indican que “Cada día trae nuevas fuentes de alarma”, y Lehman Brothers precisa que si se aplicasen estrictamente las reglas de la contabilidad, dos gigantes de los créditos hipotecarios estadounidenses, Freddie Mac y Fanny Mae, tendrían que encontrar U$ 75 mil millones para equilibrar las cuentas.
 
Otras instituciones financieras están con la cabeza en la guillotina y si aun salvan su pellejo se debe precisamente a que no aplican estrictamente las reglas de la contabilidad. Ya no se trata de la “contabilidad creativa”, eufemismo que designó en su día los fraudes contables, sino derechamente de ocultamiento y manipulación de la información. La lista de las instituciones financieras al borde del precipicio se alarga como las sombras al atardecer. Incluyendo a los legendarios bancos suizos.
 
El temor es tal que la FED afirma estar dispuesta a meterse la mano en el bolsillo todas las veces que haga falta hasta fines del 2009, ¡prepárate para ver llegar dólares recién fabricados!
 
El Director General del FMI declara en Yalta (todo un símbolo) que la economía mundial está atrapada “entre el hielo de la recesión y el fuego de la inflación”. Y si bien insiste en que lo peor de la crisis financiera ya pasó (ahí veremos), según DSK las consecuencias económicas están delante. Y tal vez no esté alejado de la realidad: hoy el barril de petróleo superó los U$147.
 
Velasco no. Quiero decir que Velasco no cree en brujos, y afirma (cito textualmente) “La economía chilena no está en crisis ni lo estará”.
 
Lo que no deja de provocar una franca admiración. Sabido es que los criterios que permiten admitir una crisis como declarada varían en función del economista consultado. Y uno pudiese hasta admitir que a esta hora, mediodía en Chile, una hora menos en Buenos Aires, aquí no hay ninguna crisis. ¡Pero qué pachorra cuando el tío asegura que ni en el futuro pudiese Chile ver llegar una! Como cuando Henry Kisinger declaraba que no podía haber ninguna crisis por la simple razón que él tenía la agenda llena…
 
Zapatero en España, por no dar su brazo a torcer ante la beligerante oposición de los herederos de Franco y de Aznar, busca sinónimos para no hablar de “crisis”, pero como en el tema de los brujos… de haberla la hay.
 
Tú llegas a preguntarte si no hay que enviarlo a las Naciones Unidas a Velasco. El mundo entero nos lo agradecería.
 
Ahora bien, si aquí no hay ninguna crisis… no debe sorprenderle a nadie que no se tomen medidas para enfrentar algo que no existe. La “solicitud” del PS a la presidenta para que se ponga en juego el “carácter anticíclico de la política económica (sic)” sale sobrando y uno se pregunta si el partido de Michelle no contribuye con tales declaraciones a generar un pánico injustificado.
 
Si el Banco Central sube las tasas de interés debe ser porque esos chatos son impresionables. Yo debo haber soñado que hace un par de días Pérez Yoma llamó a “apretar los dientes” ante las dificultades económicas (he ahí un sinónimo para Zapatero…), y que el mismo Velasco proponía “remar para salir adelante” prometiendo en el mismo soplo: “Le vamos a ganar la partida a la inflación”.
 
Como no hay ninguna medida que tomar, Hernán Sommerville, presidente de la Asociación de Bancos, sugiere recortar el gasto público. Y pregunta sorprendido: “¿Me van a decir que no tenemos nada que decir en tema tributario, en materia de políticas públicas, en reformas laborales y de energía?”.
No Sr. Sommerville, porque aquí no hay ninguna crisis.
 
Por si no le hubiese quedado claro, Velasco precisa: “Desde marzo dije que vendrían meses difíciles. Por eso estas últimas cifras, que no son buenas, no nos sorprenden, y por eso no exigen un cambio de rumbo”.
 
Admiremos el sofisma: visto que las malas cifras no le sorprenden, no exigen un cambio de rumbo. Admitiendo que Velasco sabe donde va. ¡Dios nos guarde y nos libre!
 
Escribe Luis CASADO – 11/07/2008