Es el Allende humanista pero no revolucionario; el hombre bien intencionado pero no combatiente; el honesto y consecuente luchador social, pero sin explicitar contra quiénes; el hombre que dedicó su vida a trabajar por el bienestar de los pobres, pero sin mostrar el cómo; el que desde joven se interesó por la salud colectiva, pero sin mostrar las propuestas de derecho universal, el caracter anti mercantil,etc., etc. En suma, un presidente que termina inmolándose ante una realidad adversa tan grande como su nobleza e hidalguía.
Ni una palabra sobre sus actos mayores, como la nacionalización del cobre, cuya actual marcha atrás alcanza ya a los dos tercios, y mucho menos que las ganancias de las grandes trasnacionales del cobre hoy serían más que suficientes para hacer desaparecer la miseria y financiar salud y educación total para todos los chilenos. Nada sobre la libertad de prensa durante su gobierno, reemplazada hoy por la “Unanimidad de prensa” alcanzada por el gobierno mediante el duopolio que financia y la liquidación de toda otra prensa, en términos que no logró ni siquiera la dictadura. ( Fortín Mapocho ,Rocinante ,etc)
La práctica política del poder ha operado destruyendo las realizaciones de ese Allende, suplantado por el otro Allende, heroico, bien intencionado y valiente, pero equivocado, cuyos errores ha tenido que corregir el poder convergente.
El balance de tales acciones correctivas no puede ser más claro:
Los “demagógicos” avances en igualdad del gobierno de aquel Allende se han corregido con un eficaz control de la sociedad (también de los salarios) y la inversión extranjera que había huído ha vuelto en gloria y majestad, disminuyendo la cesantía al incorporar los refuerzos de lobbistas y gestores y a su escuadrón trasnacional.
En materia de pluralismo, a nadie se le habría ocurrido que durante su gobierno el presidente Allende develara estatuas de algún golpista fallecido, como ahora se anuncia con las de Guzmán, el teórico de la dictadura.
Las privatizaciones actuales compensan con creces las estatizaciones allendistas en formas transparentes y hasta creativas como lo ejemplifica el paradigmático caso del “Banco del Estado” que cambió a “Banco Estado”, en uno de los mayores y desinteresados aportes intelectuales del neo allendismo.
O el importante trabajo voluntario allendista, superado con creces por las asesorías, que se realizan en forma tan abnegada, que hasta diplomáticos ,desde el exterior, las ejercen discretamente, por control remoto. Y suma y sigue.
Hay pues, toda una ética “renovada” que “generosamente” corrige unos “errores” e ignora otras virtudes de Allende y del allendismo, reduciéndolas a mitos y estatuas inofensivas, sin inspiración ni vuelo en la memoria.
Con ello se destruye la verdad histórica, se borra al Salvador Allende real, al luchador social, al compañero, certero pero no infalible, al militante forjador de la unidad de la izquierda, al que encabezó ese vasto y original movimiento social que pretendió el tránsito pacífico al socialismo, que rechazó el reparto del mundo en zonas de influencia que la guerra fría adjudicaba a las grandes potencias, que lanzó la más grande ofensiva gubernamental por la igualdad y la justicia social, que desde la aislada pequeñez territorial con audacia política y moral, se atrevió a denunciar, demandar justicia y enfrentar al imperio transitando por caminos nacionales propios, originales y soberanos.
Este Allende que vuelve es el nuestro. No queremos santos esculapios ni laicos ni santones, no queremos invenciones
infalibles ni estatuarias, queremos rccuperar al hombre, no el mito, como deber y como necesidad, tarea en la que hasta hechos aparentemente menores pero altamente simbólicos y significativos ayuden a separar las aguas de las confusiones inducidas.
En 1970 ya confirmado el triunfo electoral, no fue casual que el primer acto del triunfante candidato Salvador Allende fuera dirigirse a la Nación desde el local de la Federación de Estudiantes. Hoy, los estudiantes son desalojados por acción policial de la casa de su Partido Socialista en una acción que tampoco es casual se ha evidenciado una línea separatriz entre los socialistas que sufren y /o que rechazan la torpeza anti socialista y los que la aplican , línea separatriz que es la misma que separa a los dos Allende.-
Rogelio de la Fuente Gaete
