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Agosto 18, 2026

Corrupción en blanco y negro

De un lado Mugabe, negro, que ya no sabe qué hacer para seguir en el poder. Del otro Berlusconi, blanco, que sufre de la misma obsesión. Esto demuestra que el color de la piel no tiene nada que ver con las ambiciones del alma. El alma no tiene color. Los dos político quieren ostentar el poder y cada cual se las ingenia como puede.

Quizá el estilo de Berlusconi, -la famosa mano negra- resulte más elegante, más europeo… y el de Mugabe -la terrible mano dura- bastante retrógado, pero el objetivo final es el mismo. Los dos son dictadores y quieren que el país entero baile con la música que ellos tocan, estilo Neron.

Cuentan los historiadores que mientras ardía Roma, Nerón tocaba la lyra, es decir, que al político le importaban más sus vicios y sus placeres que los problemas de su pueblo. Eso demuestra que el ser humano no ha cambiado mucho y tampoco la corrupción. Que los poderosos, los políticos, siguen siendo los mismos. Unos con toga, con armadura, con turbante, otros con corbatas de seda… pero el alma sigue sufriendo las mismas ansiedades. Todos desprecian a las masas, sean del color que sean.

Berlusconi aguanta las críticas aumentadas por la revelación de unas conversaciones telefónicas que demuestran sus enredos corruptos para llegar al poder. Pero ya está en él, ya no se va a ir, digan lo que digan. De hecho, ha conseguido aprobar una ley que le otorga inmunidad absoluta, como hacen los dictadores africanos.

Mugabe tampoco se va. Digan lo que digan.  

El mundo entero parece haber captado que Mugabe no es precisamente Blancanieves, y los aliados típicos del dictador, entre ellos la antigua Unión Soviética, ahora le dan la espalda. Los tiempos cambian, los vientos de los intereses políticos también. Los dictadores de larga duración deberían prever este fenómeno.

Como gesto a la comunidad internacional, Mugabe ofrece democracia en su país pero solo si gana él. Pequeño detalle. De todos modos, solo, no tiene nada que hacer. ¿Hará caso de las peticiones de la ONU? Seguramente no; por las buenas no, por eso la ONU está dispuesta a mandar fuerzas de paz; africanas, claro. Los americanos y los europeos no quieren ensuciarse las manos. Debajo del color azul de los cascos no habrá color blanco.

Mugabe debría blanquear sus verdes millones en algún otro banco, no vaya a ser que le confisquen o congelen sus cuentas como ha hecho la UE con Iran, que ha cerrado en Londres su centro bancario como medida de presión, para que deje de soñar con tener lo mismo que tienen los demás.

Será que a sus enemigos les da rabia ver cómo Irán se enriquece cada día más gracias a la subida del negro crudo, del que los blancos se creen dueños. Envidia cochina de los saudíes y de los norteamericanos. Si Europa no quiere que Irán tenga centrales nucleares, por si acaso se usaran para crear armamento nuclear, ¿porqué no ayuda y envía lo necesario ara crear en Irán el campo de energía solar más grande del mundo? Así no habría necesidad de centrales nucleares. Además de petróleo, Irán tiene Sol. ¿Cómo se especula con el Sol? Será que aun no se ha encontrado la manera de controlar, manipular y adueñarse de la energía solar.

Dudo que inventen un misil capaz de usar energía solar como forma de destrucción masiva, aunque el cambio climático cada día se parece más. Pero no culpemos al sol de eso, por favor.

Mugabe, aguantando el calor de ese mismo sol de justicia, parece querer ganar por abandono del contrario, y es capaz de llevar a cabo su representación de las elecciones por la fuerza. Misma actitud que la de Berlusconi, con pequeñas variantes de estilo, nada más.

Mientras nos intentan convencer de lo mala que es la corrupción del puño negro, el guante blanco se adueña impunemente de nuestras vidas. Nos pintan de negro a Irán como el siguiente blanco de la comunidad internacional, la blanca sonrisa de los políticos iluminan el camino a un futuro negro que ofrece coches espaciales, edificios que se mueven, una vida de ciencia ficción… pero nada de libertades individuales, ningún cambio en el alma de la política. Ningún color para el alma.