La apuesta de Alvear es errática: conducir a la DC en la campaña municipal, pero sin contaminarse con un mal rendimiento electoral de éste. Por eso ha buscado posicionarse desde ya en el escenario presidencial, para tratar de trascender como una candidata “nacional y popular”. Pero le penan casi veinte años de oficialismo.
La decisión de Soledad Alvear de plantarse en medio del escenario como candidata presidencial, antes de las elecciones municipales, puede tomarse como una movida algo errática. Acuciada por su falta de protagonismo y su baja en las encuestas, la presidenta de la DC estimó del caso posicionarse justo cuando el Centro de Estudios Públicos realiza el trabajo de campo de su encuesta ciudadana.
Para ello pidió a Televisión Nacional que le diese el mismo trato que a Lagos y Piñera: un extenso reportaje en exteriores y no una simple Entrevista del Domingo de pie en el estudio durante seis minutos. Al día siguiente compareció en radio y en la medianoche estaba en canal 13. Es curioso que los medios de comunicación se presten para solicitudes de este tipo, que se deslizan entre el hecho noticioso y los intereses de su protagonista. El resultado es una suerte de “farandulización” de la política, en la medida que medio y personaje pactan un arreglo de mutua conveniencia. O tal vez lo que se da es una “lavinización” del estilo de los políticos, al procurarse una “cuña” mediática: una declaración corta y lo suficientemente sonora para dejar secuela.
Alvear dijo provocativamente que los chilenos no votan por el pasado, al aludir a las aspiraciones de volver de los ex Presidentes Lagos y Frei. A éste lo desafió a que compita con ella al interior del partido, según la fórmula “un militante, un voto” y a Lagos lo envió tiros por elevación, cuando aludió a Aylwin, Insulza y a la preferencia del ex Mandatario por Bachelet en la pasada elección presidencial.
Lo que puede estimarse errático en la actitud de la candidata es que sabe que su proclamación no debe producirse antes de las elecciones municipales. Primero porque tiene que llevar al partido que dirige a un buen desempeño en las urnas, el que ella sitúa hasta dos puntos por debajo del 20 % que alcanzara bajo la conducción de Adolfo Zaldívar. En segundo lugar, debe aceitar la máquina para ganar la designación interna del abanderado por sufragio universal de los militantes y no por primarias abiertas, como quieren Frei y Trivelli.
Esta estrategia puede desmoronarse si el rendimiento electoral decé cae a menos del 18 por ciento, lo que vendría a sumarse a las otras falencias de la gestión de Alvear: un senador expulsado, cinco diputados que se fugaron y una ministra destituida. ¿Por qué entonces la senadora liga su suerte a la del partido? Al parecer su cálculo es que, ocurra lo que ocurriese en las municipales, su control de la maquinaria interna asegura su proclamación a todo evento. Y su temprana salida a terreno, por ejemplo en Valparaíso el martes, la situaría como una carta que trasciende el ámbito partidario: una abanderada “nacional y popular”, capaz de superar la desafección ciudadana por las formaciones políticas actuales. Una apuesta muy incierta para alguien tan ligada a un oficialismo de dos décadas.
(Comentario transmitido por Universidad de Chile Noticias, radio 102.5 FM).
Para ello pidió a Televisión Nacional que le diese el mismo trato que a Lagos y Piñera: un extenso reportaje en exteriores y no una simple Entrevista del Domingo de pie en el estudio durante seis minutos. Al día siguiente compareció en radio y en la medianoche estaba en canal 13. Es curioso que los medios de comunicación se presten para solicitudes de este tipo, que se deslizan entre el hecho noticioso y los intereses de su protagonista. El resultado es una suerte de “farandulización” de la política, en la medida que medio y personaje pactan un arreglo de mutua conveniencia. O tal vez lo que se da es una “lavinización” del estilo de los políticos, al procurarse una “cuña” mediática: una declaración corta y lo suficientemente sonora para dejar secuela.
Alvear dijo provocativamente que los chilenos no votan por el pasado, al aludir a las aspiraciones de volver de los ex Presidentes Lagos y Frei. A éste lo desafió a que compita con ella al interior del partido, según la fórmula “un militante, un voto” y a Lagos lo envió tiros por elevación, cuando aludió a Aylwin, Insulza y a la preferencia del ex Mandatario por Bachelet en la pasada elección presidencial.
Lo que puede estimarse errático en la actitud de la candidata es que sabe que su proclamación no debe producirse antes de las elecciones municipales. Primero porque tiene que llevar al partido que dirige a un buen desempeño en las urnas, el que ella sitúa hasta dos puntos por debajo del 20 % que alcanzara bajo la conducción de Adolfo Zaldívar. En segundo lugar, debe aceitar la máquina para ganar la designación interna del abanderado por sufragio universal de los militantes y no por primarias abiertas, como quieren Frei y Trivelli.
Esta estrategia puede desmoronarse si el rendimiento electoral decé cae a menos del 18 por ciento, lo que vendría a sumarse a las otras falencias de la gestión de Alvear: un senador expulsado, cinco diputados que se fugaron y una ministra destituida. ¿Por qué entonces la senadora liga su suerte a la del partido? Al parecer su cálculo es que, ocurra lo que ocurriese en las municipales, su control de la maquinaria interna asegura su proclamación a todo evento. Y su temprana salida a terreno, por ejemplo en Valparaíso el martes, la situaría como una carta que trasciende el ámbito partidario: una abanderada “nacional y popular”, capaz de superar la desafección ciudadana por las formaciones políticas actuales. Una apuesta muy incierta para alguien tan ligada a un oficialismo de dos décadas.
(Comentario transmitido por Universidad de Chile Noticias, radio 102.5 FM).
