De ellas, la más evidente es la experiencia, pero también la politización y radicalización de las demandas, las que cruzan a estudiantes y profesores. Aun cuando estos dos sujetos del sistema educacional reclaman en paralelo y separados, hay un objeto que sin duda les une: el rechazo a la Ley General de Educación (LGE).
Es menester explicar la maraña más reciente en la enseñanza chilena. En 2006 los estudiantes secundarios protestaron contra la Loce (Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza), uno de los últimos amarres normativos de la dictadura de Pinochet. Aquel año el gobierno de Michelle Bachelet creó una comisión de estudios, de la que surge un proyecto, que es aprobado entre el gobierno, la Concertación y la oposición de derecha. Un proyecto que llevó a un acuerdo político que no consideró la principal demanda de estudiantes y profesores: el fin de la lógica del lucro en la educación subsidiada por el Estado. La LGE, el proyecto que pergeña el gobierno, ha sido, desde un comienzo un documento polémico.
Los estudiantes, en estos dos años, han ganado en experiencia política. A diferencia del 2006, cuando las movilizaciones surgen por asuntos sencillos como salas de clase inundadas o el alza de los pasajes escolares, esta vez la demanda es política por donde se la mire o escuche. Una reivindicación sostenida por los alumnos que busca un cambio mayor no incorporado en el acuerdo entre el gobierno y la oposición.
La experiencia la entregan los universitarios a los secundarios, pero también ex dirigentes. María Jesús Sanhueza, una de las protagonistas con más sólida formación política del movimiento de los pingüinos del 2006, ha vuelto a la lucha este año desde la retaguardia, en apoyo a los más jóvenes, en la coordinación y organización de las movilizaciones. La Joshu, como le llaman sus amigos y conocidos, está en este proceso, como dice ella, como una estudiante más. Y lo hace con intensidad: la semana pasada se ató con cadenas a la embajada de Brasil en Santiago. Una acción que buscó, relata, “la atención internacional, la solidaridad internacional ante la represión que reciben los estudiantes chilenos”.
¿Cómo se han coordinado esta vez los estudiantes?
Este grupo lo forman los estudiantes secundarios y universitarios. Es la coordinadora de los estudiantes en lucha. Se ha ido formando, ha ido creciendo, una organización de estudiantes, estructurada a nivel comunal, un cordón comunal. Hay un sentido, una forma de organizarse desde el territorio, el que también tiene autonomía para tomar sus propias decisiones.
¿Qué papel, qué función, tienes en este grupo?
Soy una estudiante más que impulsa el cambio, que protesta contra el sistema educacional de mercado, el que no ha variado desde el 2006. Aquí lo importante es no radicar el movimiento en una figura, en una persona específica. Esto es muy importante. Es un movimiento, una organización, una entidad colectiva. El trabajo social o político no debe pasar o radicar en una persona específica. De esa forma, el movimiento se conserva, se preserva, estará presente aun cuando los dirigentes ya no estén en la enseñanza media.
En cuanto a las demandas, ¿qué diferencias hay entre las del 2006 y las actuales?
No han variado las demandas. Son las mismas. Cambio en la estructura del sistema educacional. Lo que sí ha cambiado es la actitud y la conciencia de los estudiantes. El grado de politización es infinitamente mayor. Se tiene la claridad, la convicción, que esto no es un problema puntual o superficial, sino es parte de una estructura política mucha más profunda.
Tú protestaste o negociaste con el ex ministro de educación Martín Zilic. Pasó la ministra Yasna Provoste y ahora los jóvenes se manifiestan contra la señora Mónica Jiménez de la Jara. ¿Qué diferencias entre estos dos ministros? ¿Hay ahora más posibilidades de comunicación?
No hay grandes diferencias. La ministra es parte de un gobierno, de una estrategia política. Es desde el gobierno que se envía a la policía a reprimir a los estudiantes, a desalojar de forma violenta los colegios en toma. Lo que sí ha cambiado, y de forma muy notoria, es la represión. En estos dos años el gobierno, que es el mismo, ha endurecido tremendamente su aparato represivo. Claramente, se trata de violaciones a los derechos humanos.
El jueves pasado te encadenaste en una puerta de la embajada de Brasil en Santiago. ¿Cual fue el motivo de esa acción y cuáles los efectos?
Expresar a la comunidad internacional que en Chile existen violaciones a los derechos humanos contra los estudiantes. Tras la acción hemos conseguido la solidaridad internacional de las organizaciones de estudiantes de Brasil y de California, en Estados Unidos. Hay un grupo de estudiantes que ha manifestado su rechazo a la visita de Michelle Bachelet.
La ministra Jiménez ha dicho que si no se aprueba la ley general de educación, continúa la LOCE.
Claro, porque prevalece el acuerdo entre cuatro paredes entre la Concertación y la derecha. Es un acuerdo que se tomó sin tomar en cuenta las propuestas ni las demandas de los estudiantes. Ese acuerdo de la clase política no representa ni al cinco por ciento de la población, mientras el resto, la gran mayoría del país, no está representada.
Pero ese es un problema que trasciende el acuerdo y la ley de educación, que tiene que ver con la ley electoral binominal.
Efectivamente. Ése es un punto fundamental, que los estudiantes tienen muy claro. Por eso éste es un movimiento político, cada vez más político.
¿Cómo ves al movimiento estudiantil del 2008 respecto del 2006?
Sin duda está mucho más reforzado. Esta alianza con los estudiantes universitarios ha sido muy importante. Hay una desconfianza general hacia el gobierno. Se ha pasado de aspectos y demandas puntuales planteadas el 2006, como era los asuntos relacionados con la movilización, con los pases escolares, a aspectos de fondo. En este sentido, estamos hablando hoy de un movimiento político.
PAUL WALDER
Texto publicado en
Terra Magazine. Reproducido en Clarín con permiso de Terra Magazine y del autor.