Sin embargo, para ese proyecto pueril es necesario convencer a los interlocutores del grado de sumisión de las nuevas autoridades a los designios del poder económico español. Endesa, Santander, Iberdrola, Construcciones y Contratas, Repsol. En España Felipe Calderón se comporta como un cipayo. Por este motivo es bien tratado en el círculo de empresarios. Slim había preparado el terreno con anterioridad, viajando y entrevistándose con empresarios y la CEOE. Felipe González allanó igualmente el terreno con el gobierno. Mientras tanto, su séquito aprovecha para elogiar el modelo neoliberal en crisis desde hace mas de una década , atiborrándose de compras y consumiendo hasta la extenuación y relacionandose con el Partido popular. Cada vez, la nueva derecha mexicana, se parece más a la vieja oligarquía del siglo XIX cuya única preocupación era la ostentación, el lujo y el despilfarro, ademas de vivir de las rentas y los beneficios obtenidos de administrar los intereses de las compañías extranjeras a las cuales vendía su alma. Ahora quieren revivir esa sociedad bajo las nuevas condiciones tecnológicas del siglo XXI. Exclusión, sobre-explotación, trabajo infantil, informalidad y maquila. Sólo así, pueden extremar los beneficios y las desigualdades. Ellos, los nuevos plutócratas, sueñan con trasladar el mito del capitalismo salvaje del consumo de masas, aunque nunca han pasado hambre, ni penurias, levantan el neocolonialismo, asesinando a los pueblos indígenas. Se comportan como vendepatrias. Lo cierto es que desde hace ya tiempo no tienen concepto de país.
Sin embargo, para Calderón y el PAN solo hay un lenguaje. El dinero y poder de los de arriba. Los dueños de México son Slim y es el capital privado. A La nación y el pueblo se le trata de arrebatar su identidad construida desde los valores colectivos nacidos de la revolución. La actual se construye en función de los intereses de las transnacionales y desde el mercado. La dignidad y la determinación soberana se esfuman del imaginario social.
En esta lógica, es vergonzoso escuchar como Felipe Calderón oferta ante las cámaras de televisión española médicos, ingenieros, investigadores, es decir mano de obra cualificada, formada en sus universidades públicas, como una contrapartida si las empresas españolas deciden invertir en México. Dice, de esta guisa promover la inmigración de profesionales sin salida. Pero la realidad es otra. No tiene la intención de invertir en laboratorios, en desarrollo y en innovación. De un Plumazo, expulsa la cantera, opta por la dependencia tecnológica financiera y lo que es peor, asumir formar de pensar y de actuar inadecuadas para la solución de los problemas nacionales, pagando altos costes por patentes. Así, no tiene rubor en dejar marchar generaciones de científicos y jóvenes que deseando participar en el desarrollo del país, cerrándoles las puertas por una mezquina visión de corto plazo cuyo objetivo es atraer capitales depredadores sin ningún interés en acabar con las estructuras del subdesarrollo. Nunca lo han tenido ni lo tendrán. Por ello, Calderón, evidencia su mezquindad al plantear dicha estrategia. Es la llamada fuga de cerebros, hoy convertida en inmigración. Los beneficios de tal operación siempre será un intercambio desigual. México perderá su fisonomía nacional y se convertirá en una colonia de transnacionales. Felipe Calderón paga en este viaje los favores de Aznar en su campaña y de José Luis Rodríguez Zapatero al reconocerlo como presidente legitimo. Se vende México tratar con Felipe Calderón.
