Yo, en mi calidad de Presidente de la Rama Chilena de la Asociación Americana de Juristas, sentí una enorme responsabilidad frente a un juicio en el cual se ha mantenido detenido a Roberto Painemil durante más de un año, acusado del delito de incendio de maquinaria forestal y de terreno del Fundo Las Praderas de la Comuna de Chol Chol, de propiedad de la empresa forestal Crecex, administrada por la forestal Mininco.
Siento que mi responsabilidad no ha terminado pese al imprevisto que me impidió concurrir al tribunal.
Por esto, escribo para el conocimiento público de las organizaciones mapuche, de las organizaciones sociales, de los defensores de la causa de los derechos humanos, de los abogados, juristas, y de todos los que en este país han luchado por las causas más nobles, de la democracia, la igualdad, contra el racismo, contra la tortura, contra la persecución ideológica, por el respeto a la diversidad y a la identidad cultural de la nación mapuche. En fin, para todos los que creen en el Derecho Internacional de los derechos humanos, lo que habría sido mi declaración ante el tribunal Oral de Temuco.
“Yo comparezco ante ustedes jueces de este Tribunal Oral, como un abogado que tiene el deber moral de decir la verdad, la que conoce, la que debe prevalecer en este juicio y ser oída y apreciada sin prejuicios, para hacer justicia a un inocente. Yo comparezco ante ustedes en mi calidad de Presidente de la Rama Chilena de la Asociación Americana de Juristas, y comparezco como un testigo con el rostro descubierto, porque no tenemos temor en decir la verdad acerca de los hechos que se imputan al joven mapuche Roberto Painemil.
Se me replicará por la Fiscalía ser un testigo de oídas. Lo reconozco, efectivamente lo soy, y eso me permite testificar como tal. Paso a explicar por qué.
Señores jueces:
A fines del mes de Enero del presente año del 2008, un grupo de seis abogados, miembros de las Ramas Chilena y Argentina de la AAJ., integramos una Misión al Territorio mapuche de la Novena Región. El objeto de nuestra Misión era conocer in situ las acusaciones de la violencia ejercida por agentes del Estado en contra de las Comunidades mapuche, la criminalización de sus demandas territoriales, las denuncias del verdadero estado de sitio a que estaban sometidos los mapuche de la Comunidad Temucuicui y otras de la zona. Conocer el por qué de la violencia contra sus reivindicaciones de tierra, de su lucha por defender su hábitat y sistema de vida, su resistencia a las iniquidades producidas en su medio ambiente por los megaproyectos y las empresas forestales.
Recorrimos muchas comunidades de la extensa zona. Y fue así que una tarde llegamos al sector de Ailla Rehue de Truf Truf, en territorio Huenteche. Allí nos recibieron los lonkos y varios dirigentes. Además de exponernos la historia del despojo de sus tierras, y explicar la existencia de su culturalidad, nos denunciaron los hechos de la constante violencia y el alto costo que sufren por su lucha, los allanamientos, los jóvenes torturados en la comisaría de Padre las Casas, las causas montadas, los procedimientos arbitrarios que sufren los comuneros.
Entre todas las denuncias nos conmovió profundamente la del padre de Roberto Painemil, procesado en esta causa. Un hombre delgado, vestido con modestia, de hablar despacio, con voz temerosa, que cuenta cómo su hijo fue interceptado y detenido por un grupo de civiles, mientras estaba en su camioneta, cómo fue acusado de andar robando e incendiando, colocando un arma en su camioneta y cómo a instancias de este grupo, fue detenido por carabineros y llevado a la comisaría. Que en el cuartel fue objeto de apremios. Golpeado y torturado, encerrado en calabozo, vuelto a sacar, cómo le pegaban rodillazos en su cuerpo, le palmoteaban la cara, y cómo fue obligado a inculparse él y también a otros comuneros, entre ellos a Héctor Llaitul, de la autoría del incendio en el fundo que administra la empresa Forestal Mininco. Cómo fue obligado a inculparse ante el Fiscal que habría verificado el control de detención.
La versión del padre de Painemil fue reafirmada por otros mapuche presentes en dicha reunión. Más tarde el padre vino a Temuco a la última reunión que sostuvimos con otros dirigentes mapuche, a entregarnos la declaración que su hijo quería hacer denunciando ante la opinión pública el cruel montaje efectuado para que se declarara culpable.
Existe en nuestro poder el informe del perfil sicológico practicado a Painemil por la sicóloga Astri Kindermann Holtheuer, peritaje solicitado por la defensoría pública, que en síntesis comprueba el estado sicológico que sufre, su temor, su miedo, que se ve desbordado por la angustia, frente a la situación que vive. Que es un mapuche, que está a cargo de sus padres, es el único hijo soltero que vive junto a ellos, y se siente responsable de sus vidas. Que es un mapuche de carácter sometido, con respeto a las figuras de la autoridad, que fue criado en un sistema de crianza con aspectos autoritarios, la figura del padre, el respeto a la autoridad, que se ve afligido, no comprende por qué ha sido victima de lo ocurrido.
El montaje de su caso, así como los testimonios del padre y de la gente que estuvo en la reunión que mencioné anteriormente, para esta declarante pueden ser catalogados como la voz del pueblo, es decir, cabría aplicación en este caso, que considero dramático, la consideración de la sentencia VOX POPULI VOX DEI…
Sostengo que creo que Painemil fue víctima de un cruel montaje, de una farsa, para criminalizarle de hechos que jamás cometió, de los cuales es inocente. Una especie de farsa para obtener una confesión bajo la presión de la tortura y el sometimiento por la fuerza física y sicológica ejercida en su contra.
Para finalizar mi declaración debo recordar a los distinguidos miembros de este Tribunal que en la historia de la humanidad, situaciones similares son comparables. Tan sólo en el año 1894, ALFRED DREYFFUS, capitán del ejército francés, fue acusado de alta traición y espionaje a favor de Alemania. Declarado culpable y condenado a cadena perpetua. El proceso fue irregular. Fue el manifiesto del escritor Emile Zola, en su célebre J’Acusse, en una carta abierta, el que provocó en definitiva que un tribunal anulara el juicio absolviéndole.
En la mitad del siglo XX, después de la segunda guerra mundial los esposos Ethel y Jules Rosemberg, ambos destacados científicos, fueron condenados a muerte y ejecutados en Estados Unidos, acusados de espías y de entregar secretos militares a los soviéticos, relacionados con la bomba atómica, pese a una campaña internacional que a mediados de la década del cincuenta, reclamaba su inocencia.
Pero en el pasado siglo XX en nuestro propio país, durante la dictadura militar gran parte de los crímenes y violaciones a los derechos humanos, de las víctimas del terror de Estado, han ido esclareciéndose y en los procesos judiciales se ha comprobado, como en el caso de los 119 desaparecidos, que sus muertes fueron hechos criminales de la autoridad que montó el caso de su desaparición para ocultar la operación Cóndor. En estos últimos días se han dictado más de 90 procesamientos a los autores que se ocultaron como cobardes en estos años. Pido excusas por la extensión de mi Declaración, que aunque frustrada, la escribo para el conocimiento de todos, para que en este juicio donde al parecer no se logrado probar la culpabilidad de Painemil y Llaitún, se haga de verdad justicia..
Hay que oír la voz del pueblo, y los jueces tienen el deber de escucharla.
Graciela Alvarez Rojas
Presidenta de la Asociación Americana de Juristas, AAJ, Rama Chilena.
