En un arranque de sinceridad completamente extraño a quienes ofician como voceros de gobierno, el ministro Francisco Vidal sorprendió a los asistentes de un seminario organizado por la Asociación de Mujeres Periodistas. En unos 40 minutos de terrible elocuencia, el Secretario de Estado pasó atolondrada revista al estado de la libertad de prensa en Chile y al rol que cumplen los principales medios informativos. En jerga popular, claramente no dejó “títere con cabeza” al referirse a los canales de televisión abierta, al desempeño de ciertas radios y al escandaloso duopolio de la prensa escrita.
Ante un discurso salpicado de anécdotas y acusaciones políticas, confieso que varias veces me dieron ganas de aplaudir al ministro por su espontaneidad y la forma de hacerse tan partícipe de las demandas planteadas por el Colegio de Periodistas y otras entidades y personas que le enrostran a nuestra Transición su incapacidad de consolidar un sistema que garantice la diversidad informativa propia de cualquier democracia genuina. Entre muchísimas confidencias, Vidal nos entregó detalles de la bochornosa forma en que el Gobierno y los partidos deciden a los miembros del Consejo de Televisión Nacional, donde el cuoteo campea y los elegidos finalmente no son más que operadores partidistas. Por largo rato, también, fustigó y se burló del papel que cumplen conductores y analistas de los distintos medios que el Ministro se obliga a leer, ver y escuchar en razón de su cargo.
En su locuaz recorrido, aludió, además, al candidato presidencial Sebastián Piñera y a las manipulaciones de Chilevisión, asociando claramente el envío al Parlamento de la Ley de Fideicomiso Ciego con la necesidad de acotar la influencia derivada de su fortuna económica. Respecto de la orientación de TV 13, llegó a decir que el actual rector de la Universidad Católica como el Arzobispo de Santiago evidentemente no eran ideológicamente lo mismo que el extinto Cardenal Raúl Silva Henríquez o el ex Rector Fernando Castillo Velasco… con lo cual reafirmó su polémica idea de que, en materia de televisión, la ventaja de los opositores es de “tres y medio a uno” en relación al Ejecutivo y al conglomerado oficialista.
Francisco Vidal le reconoció a los propios periodistas y medios que criticó el legítimo derecho a asumir posiciones políticas y defenderlas. Pero su discurso fue implacable con los diarios de la empresa El Mercurio y Copesa por su vergonzoso compromiso con la Dictadura Militar y su participación en montajes tan repugnantes como la Operación Colombo de los años 74 y 75 y que recién ahora los Tribunales acusan la autoría de casi un centenar de militares en la muerte o desaparición de 119 opositores. Por alguna razón, dijo, los medios y los periodistas no piden perdón por este tipo de despropósitos, en circunstancia, señaló, que la Izquierda , el general Cheyre, la Iglesia , los masones y otros sí lo han hecho.
Insisto: todo un discurso en que varias veces estuvimos deseosos de aplaudirlo sin comulgar necesariamente con todo lo que dijo. Lo lamentable fue que la organización del evento no contemplara la posibilidad de dialogar con el Ministro para preguntarle, por ejemplo, cómo es posible que él y su Gobierno tengan tan severa opinión de los medios del duopolio y en estos años lo único que hayan hecho es favorecerlos con la condonación de las deudas y la publicidad estatal,. Mientras que desde la Moneda se emprendió toda una operación de exterminio hacia la prensa que luchó contra la Dictadura.
Me hubiera gustado representarle al ministro Vidal la contradicción que entraña todo lo que nos advirtió con el hecho de que todavía el Gobierno no indemnice a los legítimos propietarios del diario El Clarín. Sobre todo después de una sentencia internacional que los acredita como tal y acusa al estado chileno de haber “actuado de mala fe” en desmedro de su legítima demanda de recuperar el medio confiscado.
Habría agradecido, además, comentar con el señor Ministro las iniciativas que se toman en los países democráticos para evitar la concentración informativa y proteger el rol cultural de los medios de comunicación, mientras que en Chile se favorece la extranjerización de nuestra cobertura radial (lo que al Ministro, según dijo, no le parece tal mal). Le habría contado lo que pasa en otros países más o menos ricos que el nuestro donde no existe el IVA que encarece los libros y revistas y, por el contrario, los estados subsidian el papel de imprenta, se financia realmente la radio y la televisión pública y se obliga severamente a los políticos a transparentar sus bienes, ingresos y gastos electorales ante la opinión pública. Al mismo tiempo que a los funcionarios se les exige colaborar con la investigación periodística a objeto de vigilar a los mandatarios del pueblo a favor de la probidad y el cumplimiento de sus promesas electorales.
En su locuaz recorrido, aludió, además, al candidato presidencial Sebastián Piñera y a las manipulaciones de Chilevisión, asociando claramente el envío al Parlamento de la Ley de Fideicomiso Ciego con la necesidad de acotar la influencia derivada de su fortuna económica. Respecto de la orientación de TV 13, llegó a decir que el actual rector de la Universidad Católica como el Arzobispo de Santiago evidentemente no eran ideológicamente lo mismo que el extinto Cardenal Raúl Silva Henríquez o el ex Rector Fernando Castillo Velasco… con lo cual reafirmó su polémica idea de que, en materia de televisión, la ventaja de los opositores es de “tres y medio a uno” en relación al Ejecutivo y al conglomerado oficialista.
Francisco Vidal le reconoció a los propios periodistas y medios que criticó el legítimo derecho a asumir posiciones políticas y defenderlas. Pero su discurso fue implacable con los diarios de la empresa El Mercurio y Copesa por su vergonzoso compromiso con la Dictadura Militar y su participación en montajes tan repugnantes como la Operación Colombo de los años 74 y 75 y que recién ahora los Tribunales acusan la autoría de casi un centenar de militares en la muerte o desaparición de 119 opositores. Por alguna razón, dijo, los medios y los periodistas no piden perdón por este tipo de despropósitos, en circunstancia, señaló, que la Izquierda , el general Cheyre, la Iglesia , los masones y otros sí lo han hecho.
Insisto: todo un discurso en que varias veces estuvimos deseosos de aplaudirlo sin comulgar necesariamente con todo lo que dijo. Lo lamentable fue que la organización del evento no contemplara la posibilidad de dialogar con el Ministro para preguntarle, por ejemplo, cómo es posible que él y su Gobierno tengan tan severa opinión de los medios del duopolio y en estos años lo único que hayan hecho es favorecerlos con la condonación de las deudas y la publicidad estatal,. Mientras que desde la Moneda se emprendió toda una operación de exterminio hacia la prensa que luchó contra la Dictadura.
Me hubiera gustado representarle al ministro Vidal la contradicción que entraña todo lo que nos advirtió con el hecho de que todavía el Gobierno no indemnice a los legítimos propietarios del diario El Clarín. Sobre todo después de una sentencia internacional que los acredita como tal y acusa al estado chileno de haber “actuado de mala fe” en desmedro de su legítima demanda de recuperar el medio confiscado.
Habría agradecido, además, comentar con el señor Ministro las iniciativas que se toman en los países democráticos para evitar la concentración informativa y proteger el rol cultural de los medios de comunicación, mientras que en Chile se favorece la extranjerización de nuestra cobertura radial (lo que al Ministro, según dijo, no le parece tal mal). Le habría contado lo que pasa en otros países más o menos ricos que el nuestro donde no existe el IVA que encarece los libros y revistas y, por el contrario, los estados subsidian el papel de imprenta, se financia realmente la radio y la televisión pública y se obliga severamente a los políticos a transparentar sus bienes, ingresos y gastos electorales ante la opinión pública. Al mismo tiempo que a los funcionarios se les exige colaborar con la investigación periodística a objeto de vigilar a los mandatarios del pueblo a favor de la probidad y el cumplimiento de sus promesas electorales.
