Los bestiarios (dragones, basiliscos, gárgolas), animales en representación simbólica exacerbada, concebidos por combinación de partes de animales diferentes, estampas en ocasiones atroces que convocaban incluso plantas y rocas, se hicieron muy populares durante la Edad Media, y eran utilizados por predicadores y religiosos para remarcar lo feo al servicio del pecado y lo bello como encarnación de las virtudes cristianas, sobre el supuesto de que el mundo era literalmente la creación de Dios y que cada ser vivo tenía su función en él. Ignorantes de la naturaleza, estos compendios tenían una visión fantasiosa porque no sabían explicar los fenómenos del mundo natural y se identifican, por lo tanto, con los fantasmas de un tipo humano atosigado de religión.
Carnaval, carnelevare, aludía al comienzo del ayuno de carne de la Cuaresma. Sin embargo, se hace más evidente su sentido satírico-pagano, vigorizado por la dilatada tradición popular. Ya 4000 años atrás, en Babilonia, mientras se veneraba a Marduk, se subvertían las jerarquías y autoridades al punto de que los sirvientes llegaban a darles órdenes a sus amos (Por aquellos días, a uno de los reos se le concedía disfrutar de exquisitos manjares, vestir las prendas del monarca y cortejar a las esposas del harem. Hasta que al caer la tarde funesta del quinto día, dejaba de ser rey para ser castigado y condenado. Con la muerte del ‘falso rey’, el pueblo expiaba sus culpas, liberándose de toda la malicia e impureza. De este modo, el verdadero monarca comenzaba un nuevo periodo de su reinado, limpio y reconciliado con los dioses). También tenemos las Saturnales romanas. En el “Honorable Tribunal de las Máscaras”, de la pequeña aldea alemana de Grosselfingen, en el ámbito de la peste de 1439, “duendes” o “duendes de la peste” vestían de negro con largas sayas y una careta negra (cuyo significado práctico era protegerse del contagio) con bordados de tela multicolores y una capucha que recuerda cierta vestimenta de las cofradías religiosas medievales, entre cuyas labores estaba el cuidado a los enfermos y la sepultura a los muertos.
La etimología de goliardo divaga desde “clérigo que llevaba vida irregular” hasta “gente del demonio”. Tiene que ver con ciertos clérigos vagabundos y estudiantes pobres pícaros que, sobre todo por el auge de la vida urbana y el surgimiento de las universidades, proliferaron el siglo XIII en Europa. “Buscando a sus maestros”, bebían, amaban, robaban, jugaban, gozaban de la vida y rompían con el orden civil, eclesiástico e intelectual establecidos. Escribían un tipo de poesía viva y popular, semejante a los juglares, cantaban acompañándose de música, en un latín ―eso sí― muy influenciado por las nuevas lenguas que, poco tiempo antes, se implantaron en Europa. Carmina Burana, de origen bavaro, es un buen ejemplo goliardo del siglo XII.
Los goliardos suscribían el Carpe Diem (“Alegrémonos, pues,/ mientras somos jóvenes,/ que después de la alegre juventud/ y de la achacosa vejez/ nos poseerá la tierra”). Desventurados seres medievales, manifestaban el diluir de la vida que “pronto ha de acabarse./ Rauda llega la muerte/ y nos arrebata violenta/ sin perdonar a nadie”.
