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Agosto 18, 2026

Mejor que no, Madonna…

 Es el rumor inminente.  Apenas Madonna remece el mercado mundial de la música con alguno de sus vigentes, extravagantes e industriales discos saltan a la palestra dos comentarios que ya aparecen como manoseados clichés.

Uno, el ya clásico “cómo lo hace para mantener su vigor creativo” desplazando cualquier atisbo de caducidad en su historial. Lo otro, más común y francamente inoportuno, tiene que ver con el “ahora sí, esta vez sí que Chile está incluido en el tour”. No es más que relleno editorial, conocido también como el papel para envolver el pescado del día después…

Hace poco se publicó en un matutino las cifras aproximadas y bastante desfasadas de cuánto sale traer el show de la diva en suelo chileno. Si me dicen, por una parte, que sale más caro que la venida del Vertigo Tour de U2 en 2006 no escatimo en avalar el dato. Si a la vez, me hablan de dos millones de dólares en honorarios, también. Lo que faltó decir –y no es un item menor que digamos- es que entre los gastos de montaje de escenario, pago por transporte de equipos y estructuras –todo por barco, en containers que llegan a Valparaíso y se mueven en camiones hasta Santiago-, adicionando lo que se paga por traslado y alojamiento del staff completo que acompaña a la cantante, la promoción del evento, la contratación de personal que trabaje ese día, el marketing, la seguridad y otros no hablamos de menos de cinco millones de divisa verde comprometidos en la negociación.

¿Caro? Para nada. Es lo que se paga en países de primer mundo que por el sólo hecho de contar con una industria-soporte organizada justifican con creces la inversión. En Chile sí es materia de riesgo pero considerando que auspiciadores hay, medios pidiendo exclusividad también, público que paga los tickets más caros del continente igual sigue arrojando números azules. Más allá de lo engorroso y estresante del evento mismo, quien se atreva con semejante empresa tiene ganancias aseguradas.

Mi problema es otro. Tiene que ver con el show propiamente tal.

Y es que tanta es la expectativa que por años generó Madonna, tal la necesidad de apreciar su infartante espectáculo en este rincón del orbe que nos olvidamos por completo de lo esencial.

Si bien, las dos últimas entregas de la estadounidense –“Confessions On A Dance Floor” (2006) y “Hard Candy” (2008)-  fueron ampliamente reconocidas en todo el globo, ambos trabajos distan muchísimo de la evidente calidad musical que “la ex chica material” puede presumir desde su debut homónimo en 1983 a su última gran creación, el celebrado “American Life”, editado 20 años después.

Por rebuscado que parezca, la puesta en escena que ofrece Candy Tour, innegablemente apoteósica e indistintamente de lo atractiva que se asome, nos regalará un playlist de éxitos tan moderno que se ajusta más a un mega evento para adolescentes y veinteañeros que para su real público objetivo en Chile, ese que acaricia o supera las tres décadas y que vio pasar por sus oídos la potente imagen de “Like a Virgen”(1984), la versatilidad de “True Bue”(1986), la polémica sensibilidad de “Like a Prayer”(1989), lo lujurioso y rítmico de “Erotica”(1992), la dulzura y quietud de “Bed Times Stories” (1994) o la majestuosidad sonora y compositiva de “Music” (2000), su gran bofetada cuando muchos la daban por jubilada.

Grandes álbumes, con una enorme cantidad de singles, con parte de la memoria emotiva de generaciones pop que, con seguridad, verían por un tema de promoción, como sus ganas de escuchar “la canción que les marcó una etapa” queda subyugada ante el mercadeo, el mismo que de 20 o más canciones por show concentra la mitad en la última etapa .

En palabras más simples, si el recurrente deseo de ver a Madonna se cumple por fin a fines de este año, de seguro seremos testigos de una de las visitas más ilustres que nuestra cada día más nutrida agenda de macro-espectáculos recuerde. Pero no me nieguen que la gran mayoría de los que asista esa noche se va a quedaría con enormes ganas de corear alguna letra que por timing, quedará de seguro fuera de lista final.

Por eso mismo, mejor no vengas Madonna. Dicen que no es bueno dejar al público con “gusto a poco”…