La norma para la televisión digital (TVD) en Chile debía haberse zanjado hace años, acaso meses. Se trata del primer paso, que establece el marco tecnológico, para desarrollar este nuevo tipo de televisión. Pero el debate, si es que lo ha habido, se ha sumergido, opacado y contaminado. Poderes innombrables pero algunos de ellos muy visibles, han obstaculizado la determinación, que ha de hacerla el gobierno. Una espera de meses, años, que tal vez se zanje en estos días.
La definición de la norma no lo es todo en la determinación de la TVD terrestre, pero sin duda es un inicio. Porque, según ya se puede leer, no todas las normas son iguales. La estadounidense privilegia la calidad de la imagen; la europea, la multiplicidad de canales. Entre las dos la japonesa, según los ingenieros mejor que las anteriores pero más caras. La estadounidense la ha adoptado una decena de países, acaso; la europea unos cien; la japonesa Brasil, que desea expandirla por la región.
Ante esta decisión, no hay debate. Por lo menos no un debate público. Hay confusión, desinformación interesada, lenguaje críptico, que margina. La TVD se ha difundido hasta el momento como el plasma, la imagen digital, pero es mucho más que eso. Es, como han dicho especialistas, el mayor cambio en la televisión desde el paso al color. Porque no solo se trata de imagen y sonido digital, sino de la posibilidad de multiplicar señales. De los cinco o seis canales analógicos actuales, se puede pasar a decenas. Ese es un cambio, que apunta a los gestores, a los emisores, a los contenidos. Y es también un cambio que angustia a los que tienen hoy una buena tajada de ese mercado, que harán lo posible para mantener el statu quo.
En Chile no existen entidades independientes orientadas al estudio de los medios de comunicación. La excepción es el Observatorio de Medios Fucatel, dirigido por la especialista, académica y documentalista Manuela Gumucio. Fucatel, que es sin duda un espacio de reflexión sobre esta materia, ha organizado numerosas mesas de debate, expandido la discusión entre parlamentarios y en el mismo gobierno. Gumucio estima que la decisión sobre la norma digital está prácticamente zanjada, que es asunto de días, y que en juego está la europea y la japonesa. Pero éste será sólo el primer paso en un largo camino, que debería colocar, como nunca ha sucedido desde el retorno a la democracia, el debate de los medios en el centro de la agenda pública.
Desde la llegada al ministerio de Transportes y telecomunicaciones de René Cortázar la decisión sobre la norma se ha retrasado. Hay muchas versiones y rumores en el aire. ¿Qué es lo que se observa desde el Observatorio? Gumucio: “Yo espero que no se vean confirmadas ciertas suspicacias que ha habido en función que el ministro Cortázar, por su proximidad con los actuales concesionarios de televisión, tenga una mayor preocupación sobre la satisfacción de ellos en esta transición, que es más de corto plazo, que la de largo plazo, que es la de la ciudadanía chilena, en tanto que pueda contar con una mayor diversidad de emisores. Efectivamente, aquí hay un criterio principal que debería regir la decisión que es considerar que los privados se defienden solos, y al Estado le corresponde defender a la ciudadanía en general y a quienes no tienen recursos”.¿Qué importancia tiene para un país como Chile, con su actual estructura de medios, la instalación de la TVD?
Gedda: En Chile tiene una enorme implicancia. Significa que la televisión de libre recepción puede tener el escenario del cable, que es un escenario en teoría magnífico para mucha gente porque puede elegir entre unas 60 señales. Se abre para el 70 por ciento de la gente que no puede pagar el cable. Ese es el escenario político comunicacional. Cuando hay 50 canales disponibles, por qué no pueden emitir los evangélicos, la conadi, los mapuche, la CUT, diversas minorías, el mundo privado, el mundo público, los canales regionales. Se abre un enorme escenario de discusión, y de modificación del concepto tradicionalmente vinculante a la televisión, evidentemente un espacio monopólico, representativo de los poderes dominantes de la sociedad chilena.
Al considerar esa estructura, cualquier cambio puede ser complicado e, incluso, conflictivo…
Gedda: Ahora estamos en un escenario diferente. Muchas personas o entidades pueden en teoría acceder al espacio radioeléctrico. Obviamente es una discusión que no podía ser fácil, y que iba a ser atajada en múltiples instancias, porque la industria televisiva que conocemos, que representa a los grandes canales, por ejemplo Chilevisión, de Sebastián Piñera, Megavisión, de Ricardo Claro, La Red, es una industria televisiva que no le interesa abrir ese espectro. Tienen cifras azules después de años de invertir. Para qué aceptar que revuelvan el mercado y que entren más comensales a esta torta que manejan bien en términos económicos y además les da poder, en términos políticos. Piñera no se compró un canal que estaba con pérdidas, o Ricardo Claro tampoco perdió plata durante mucho tiempo. Se espera un alto dividendo de su negocio, que es el poder político finalmente. Control de la información, control del imaginario popular. Esa industria que concentra poder político y poder económico se resiste con todo a la apertura del espectro. Por lo tanto, ha habido un boicot real desde los poderes, expresados tanto transparentemente como de los poderes fácticos, que funcionan a escondidas, en retrasar la definición de la norma. En suma, de cualquier cosa que tenga que ver con la TV digital. La norma es parte del marco, define algunas cosas, no muchas, y sobre todo el marco. La regulación, el acceso.
PAUL WALDER
Publicado en Clarín por gentileza de Terra Magazine y del autor.
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