Al interior del engranaje de tal bajeza intelectual, son introducidos todos quienes con dos argumentos racionales plantean que tal vez las cosas en Chile no funcionan de esa manera tan perfecta que se nos viene explicando hace tiempo desde “arriba”. Para tratar de rebajarlos, se utiliza una terminología bastante pedestre y poco científica: “Ustedes son unos comunistas, unos rojos, unos come guagua”. La verdad es que tal palabrería encuentra su acicate en los dichos más “arregladitos” de los mega defensores del neoliberalismo (único sustento intelectual de la derecha), presentes en RN, UDI, La iglesia católica, El Mercurio y La Tercera, pero se deja al populacho vomitar toda la idiotez. Los empolvados diputados, senadores y representantes del conservadurismo tratan de cuidar un poco más el léxico, dedicándose a atacar de vez en cuando las metidas de pata gubernamentales, y declarando alabanzas toda vez que algún líder del moribundo partido comunista agoniza o pasa a mejor vida: la llana inexistencia (“Gladys Marín fue una mujer consecuente” o “Volodia a pesar de su visión política, fue un gran intelectual”). Ecce Hommo.
El devenir histórico demuestra que el comunismo ya no tiene pito que tocar en occidente. Mientras tanto, su exiguo y delirante corro de seguidores escinde un dualismo bastante particular: intelectuales octogenarios del viejo continente a las puertas de la nada, y mocosos enajenados que leyeron el manifiesto sentados en la taza del baño y que allí encontraron la Biblia (El Capital es comidilla erudita, “dicen”). Lo cierto es que o se es muy cretino como Hermógenes Pérez de Arce que ve en la Concertación a un grupo de marxistas (y cuando estos, acaso, más mercantilistas que RN), o se entiende de una vez por todas que la izquierda intelectual ya no hace de Marx y Engels -Aclaración: filosofía en sí y por sí aún trascendente, para quienes tengan la voluntad- la francachela de antaño, porque sencillamente hay por allí un Nietzsche, un Heidegger o un Derrida, y porque además todo el mundo está bajando música de internet ¡Por favor! De ahí lo poco que entendemos esas ridículas posturas que se empecinan en contemplar una cierta dosis de peligro en la disidencia intelectual; todo esto, cómo no, a la luz de la más inconmensurable y decadente estupidez. ¿Para qué tomar caldo de cabeza, si hay algunos cretinos de los que se arrancaron del país que hablan un español que nace de la tierra de Bergman y el Lumpen, mientras conducen relucientes automóviles gracias a la “Beca” Pinochet? Los valientes se quedaron en el país luchando, dando la vida por lo que era justo…
Y nosotros, se nos explica, somos decadentes, pueriles, “opinólogos”…
A grandes rasgos, el imaginario social contaminado por el aún-no-pensamiento de derecha, espeta su idiotez a cualquier sujeto que de forma todavía somera, trata de explicar al vulgo que en Chile la educación debería ser un derecho, que la salud hay que mejorarla, que basta ya de monopolios de la información (ya imaginamos las rabietas gubernamentales por el Caso Clarín: las tazas de baño en La Moneda seguro amanecieron tapadas) y que el impuesto al libro ayuda a prostituir aún más el intelecto… ¿Qué significa para el populacho de derecha, los términos “comunista”, “marxista”, “resentido” y “opinólogo”? Descifremos pues, tal enigma:
Comunista: Para el vulgo, en esta categoría entra cualquier sujeto medianamente crítico, pacifista, preocupado por los Derechos Humanos y amante de la lectura (Es decir, historia, filosofía y algunos textos de literatura, normalmente escritos por Shakespeare, Goethe, Sartre o Hesse). Los violentos y pseudo humanos continúan siendo los anarquistas, por suerte. El comunista sería algo así como un sujeto horrible: a guisa de ojos dos tomates –fuman porro todo el día-, por dientes colmillos de chacal, por guedeja una profusa y muy hedionda maraña de estopa. En síntesis, todo lo que no podría constituir el gusto griego cuyos únicos representantes chilenos viven de “plaza Italia pa’ arriba, constituyen un equipo de Polo o estudian Ingeniería Comercial, Civil o Filosofía en la Universidad de los Andes. El comunista es un pateta altamente peligroso que desafía la estabilidad social y ni siquiera cree en Dios. Como no le han trabajado un peso a nadie, suponemos que todos los desempleados del país son comunistas y de tal forma, cualquier sujeto que esté pagando impuestos ya es de la derecha. Lo más increíble, es que existen usuarios de la frase “ese gallo es un comunista”, mientras viven sumidos en la miseria; capeando obstáculos de toda clase para conseguir el ulpo con el cual alimentarán a la impredecible e irregular prole, y manejando un taxi colectivo pero con la satisfacción de todo aquel que adquiere en “tioskos” el diario Las últimas noticias (ni siquiera les alcanza para El Mercurio) y de que su pensamiento es el mismo que el de los patrones del fundo. Subliminal estupidez.
Marxista: En el imaginario social “Marx” es sinónimo de allendismo, reyerta, resentimiento y concupiscencia. Se dice que escribió un manifiesto y que está agusanándose en el Highgate de Londres. ¿Filósofo? ¿Qué es eso? ¿Se come? Algo marxista según Hermógenes Pérez de Arce, sería el gobierno de la concertación. En qué se basa, nadie lo sabe, pero no falta el imbécil de turno que se traga toda aquella sosería espetada por una más de esas aburridas y predecibles viejas locas de la dictadura…
Resentido: El resentido sería todo aquel que expresa el más inconmensurable desprecio hacia un sistema hostil y despiadado hecho “a la medida” de las apetencias gubernamentales y de todos quienes tienen el poder. Resentido sería el filósofo, el que quiere la verdad. El resentido sería el que odia que el resto “tenga plata”, que goce de su bienaventuranza, su dicha, su solaz. La utilización relativamente activa del cerebro nos transforma ipso facto en resentidos; nada de Dubito ergo cogito, cogito ergo sum.
Opinólogo: Hoy en día gracias al actual opio del pueblo, la farándula, se ha comenzado a utilizar la palabra “opinólogo” para designar al crítico y a quien a través de un exhaustivo análisis ha explicado que quizá el mundo no es tan inocente y que va más allá de una vida como mera voluntad y representación, inclusive. El termino Opinólogo significa en rigor, estudioso de la opinión y fue acuñado por “alguien” de esa impredecible jungla llamada TV, para designar a quien sin más argumento y sustento que sus impulsos sexuales y primitivos, da su parecer respecto a las encatradas de la Cecilia Bolocco, la modelo y el futbolista de rigor. En la era del desencantamiento moderno, la opinión vale mucho más que la verdad: cualquiera opina y según el vulgo, tal percepción es válida. Así comprendemos que la señora Génesis de la esquina y Heisenberg pueden tutearse con la confianza de hocico a hocico que espeta medio mundo hoy en día. Entonces surge el opinólogo que para decadentes como Pamela Jiles, sería una suerte de representante del desafío popular hacia las superestructuras. Así, somos todos opinólogos entonces…
¿Somos comunistas resentidos? Ya lo creo…
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