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Agosto 18, 2026

¿Pensamiento independiente? ¿En Latinoamérica?

La realidad nos obliga plantear la posibilidad de un florecimiento intelectual en Latinoamérica, vinculado a la crítica y el análisis del devenir histórico del sujeto. Basta de sueños absurdos que oran respecto al “aporte” latino al conocimiento occidental: todo cuanto puede o podría ser investigado ya está carcomido por estudios de más de 2 mil años de antigüedad en toda la Europa culta ¿Qué se podría ofrecer desde nuestra región? Erudición pura suspendida en la suerte del mero acaso. Precisamos pues, inaugurar nuevos rumbos.

Siempre nuestros ojos se vuelven hacia “el viejo continente”, de forma consciente o inconsciente. En el estado de consciencia, albergando esperanzas en sentido extra moral que abogan por nuevos rumbos en la investigación filosófica, estética y científica (como si en el occidente del siglo XXI existieran necesidades aún sin satisfacer), y en el estado de inconsciencia planteando la posibilidad de establecer fenomenología, música, plástica y ciencia a nivel “local”, basándose en todo lo proveniente de las viejas usanzas que poco y nada explican las complejas dinámicas que tienen relación con Latinoamérica.

Primer error: Todavía forma parte del discurso espetado del “hocico para afuera” de toda la juventud universitaria chilena, el sueño de cambiar el mundo ¿A quién le interesa cambiar el mundo? En el país, casi todo el populacho está muy feliz comprando, adquiriendo, sudando al interior de un sistema de transporte concebido para atormentar aún más al usuario, “mirando” el último Reality Show de moda, engordando a base de la dieta nacional: televisión, prensa y pipeño. Cualquier anhelo de cambiar algo que se encuentra “bien” (aún de acuerdo a sus espantosas categorías) es una real perdida de tiempo… Por otro lado, jamás en Chile surgirá un arte y/o filosofía elevados, en la medida que el sistema está concebido para que sólo la fechoría, el vicio y la simpleza ocupen los espacios reservados para el pensamiento; sino basta sólo contemplar toda la hecatombe intelectual que difunde la cinematografía local, regentada, apoyada y tutelada por el gobierno con sus fondos de cultura que más bien deberían llamarse “superficies de la estupidez”.

Segundo error: los partidos políticos de izquierda en Chile son la decadencia misma “en sí y por sí”. Nada nuevo ofrecen a la juventud y en nuestro tiempo se sostienen gracias a la costumbre, a la necedad, a la mala conciencia. El Partido Socialista es la putrefacción máxima: comparte lides con la DC, agrupación política que apoyó el Golpe Militar ¿Contradicción? ¡Por el contrario! Es absoluta refutación, desprecio de sí, abandono de los ideales en toda su magnitud a cambio de establecer relaciones con el poder, teniendo como exponentes máximos a dos de sus secuaces: Ricardo Lagos y Michelle Bachelet. Con tal panorama, no son pocos jóvenes y futuros líderes del país los que se sienten desilusionados de la política, transformándose algunos en derechistas de cuchitril toda vez que su pragmatismo les hace pensar en los futuros “contactos” que tendrán y que harán posible la adquisición de la vivienda de ladrillo de princesa y automóvil todo terreno, mientras que otros debaten su ubicación en el predecible y muy neoliberal revival de las filosofías del pasado, comiendo heces de culebra en el caso de los budistas (cuya nulidad intelectual produce arcadas) y estropeando tapias y parques públicos si el pensamiento se inclina por el anarquismo (sin duda, la postura mediocre por excelencia). Este último podríamos llamarlo “el más intelectual” del rebaño, en la medida que consume a Nietzsche, Foucault y Derrida con el tupé de quien ha elevado “más allá la memoria”, pero la pestilencia y ñoñería de su muy vacía postura ideológica pronto les desilusionará y terminarán redactando sonetos a Francis Fukuyama sin ningún recato. Ecce Hommo Chilensis.

No se puede dividir el pensamiento juvenil en dos o tres corrientes de pensamiento ¡Por ningún motivo! Sin embargo, urge la revisión y análisis de la situación de nuestro continente, porque todo nuestro odio, cansancio y anhelos profundos son el estado mental y espiritual predecible en la medida que existen estructuras e instancias occidentales a las cuales despreciar, ridiculizar y criticar ¿Qué debemos hacer? Pues replantear el odio, indagar de manera aún más profunda en él, construyendo e inaugurando nuevos rumbos que descarten un aporte desde nuestra región para el avance intelectual y social de sociedades cuyas problemáticas ya están encontrando solución en oposición a Latinoamérica, donde la reparación y el surgimiento de corrientes de pensamiento es aún una tarea pendiente.

Basta ya de la naïf postura que pregona el cambio social en términos occidentales. Basta ya del sueño juvenil de “nuestros sueños quieren despertar al mundo”. Existen en todo el continente atropellos y violaciones centenarias hacia el sujeto que para occidente (en términos estrictamente hegelianos) ni siquiera es histórico, sino acaso un mero existente cuya pereza y estupidez inmanentes le impiden avanzar. La solución primaria sería destruir toda la modernidad para crear nueva axiología y del tal forma nuevas necesidades y expectativas, sin embargo nuestra labor por el momento debe estar centrada en soñar y actuar para Latinoamérica en sentido intelectual y moral, para rescatar las piezas de una faja riquísima en tradición, cultura y recursos naturales, antes de que sea demasiado tarde (según la ciencia, apenas quedan 10 años) y comencemos a contemplar nuestros rostros taciturnos en el espejo de nuestros ríos cubiertos de desperdicios, con toda nuestra imaginación hecha trizas y con el arrepentimiento de habernos conducido por la vida como pseudo burgueses o como van las cosas, en meros “hamburguesados”.