En los últimos cinco años el país asiste a un proceso intenso de concentración productiva, donde 3 productos cobre, molibdeno y celulosa representan el 66% del total del valor de las exportaciones chilenas, 4 cadenas de multitiendas explican las ventas del 70% del mercado y 3 instituciones financieras dan cuenta del 62% de las colocaciones del sistema bancario.
La competencia internacional de productos asiáticos es cada día más intensa, los costos de energía han aumentado y la competitividad del producto manufacturado chileno ha disminuido. Este cuadro macroeconómico ha resultado dañino para el desarrollo de la base productiva nacional y particularmente han sido las PYMEs de los sectores agrícolas e industriales las que han salido más perjudicadas. ¿Qué hacer?
Para volver a una senda de transformaciones productivas, basada en aumentos persistentes de la productividad total de factores y donde se agregue valor a nuestros recursos naturales, se requiere avanzar urgentemente en dos direcciones.
Primero, formular una política cambiaria que apunte a un equilibrio de largo plazo. Para ello es menester estimar el precio de los commodities en los próximos diez años y luego apuntar a una banda en el tipo de cambio real que esté definida a partir de una estrategia de desarrollo nacional. El riesgo de equivocarse en la estimación de estos precios sigue siendo menor que el costo de un funeral temprano para el sector productivo nacional.
Segundo, cada comuna, provincia y región deberá definir su propia política de desarrollo productivo territorial, teniendo en cuenta sus propias capacidades. En este sentido, los encadenamientos sectoriales de PYMEs podrán aportar economías de aglomeración, de especialización y de calidad que permitirán acceder mejor a las oportunidades que ofrecen los mercados globalizados.
Juan Carlos Scapini S
Director Ingeniería Comercial
Universidad Central
Santiago, 2 de mayo de 2008
