Los siglos han pasado, y aún no hemos encontrado la cura para nuestro sentido, dolores profundos, nuestro cansancio. O quizá no hemos profundizado en aquella ardua búsqueda y preferimos confiar el devenir de nuestra historia a sujetos cuya voluntad de poder encontró solaz y acicate en la debilidad y abrumadora pereza humanas. No podemos quejarnos si la realidad se ha fugado de la racionalidad y espíritu colectivos y ha ido a parar al reino de unos cuantos mequetrefes cuya naturaleza humana ponemos en tela de juicio: ellos han dictado, organizado, creado, sentido, interpretado y alienado: “de tal palo, tal astilla” decía el antiguo proverbio. Ecce Homo Chilensis.
Lo que desde el principio de los tiempos fue la dependencia del sujeto a las órdenes de un tirano (Latinoamérica ha experimentado muy bien en el campo) hoy día lo podemos ver representado en las sociedades contemporáneas absolutamente dependientes del sistema social informático: suicidios colectivos pactados a través de internet, almizcle y susurros desde una cámara, anarquistas electrónicos, matrimonios a distancia, todo muy primitivo, indigno y pedestre. Lo pueril y abominable es la creencia populachera de que las tecnologías dispuestas en la red “democratizan” los espacios, en la medida que cualquier sujeto puede espetar su verdad rebelada lo que sin duda es un símbolo de alarmante tontería más que una señal de buena conciencia social. ¿Qué me interesa la opinión del pestilente derechista pseudo modernizado que me envía invitaciones para formar parte de “Chile Primero”? (En realidad ya estamos “primero”, encabezando la lista de las naciones más ignorantes, saltimbanquis y primitivas del mundo moderno)
Sin duda Internet puede ser utilizado para fines estratégicos e informativos pero ¿No es el voyerismo y la perversión el dualismo que impulsa a una determinada voluntad “humana” para ventilar el universo íntimo, erótico e incluso escatológico? Nada más vomitivo y despreciable que toda esa orla de individuos pseudo humanos que manifiestan su sexualidad a través de un Fotolog, salpicando toda su majadería con un vocabulario mediocre, villano, que origina un discurso muy común en el universo de lo inferior. Ante todo los defensores de tales servicios, nada útil hacen por la humanidad y… ¡Cuándo hemos necesitado a más eunucos pululando si ya los representantes se dedican a conducir y regentar nuestra vida completamente sin sentido e idiota!
Ha surgido en nuestro tiempo, un discursillo con tufo a socialismo de caballerizas, que ora respecto a la oportunidad que tenemos hoy día para “bajar” –rebajar- música desde internet ¿Cuál música? Por supuesto, la misma cuya estructura sintética se corresponde con los métodos de producción capitalistas, como el rock y el pop (ya se huele una supuesta crisis financiera de las casas discografías, que podríamos llegar a creer sino supiéramos que ellos mismos han regentado las tecnologías que permiten “piratear” música), de tal forma la queja de los “artistas” creadores de música de tres minutos donde declaran alabanzas a la luna, no puede parecernos más jocosa y nauseabunda ¿Artistas? ¿De qué? De la estupidez, por cierto: les abruma que su creación tan profunda y galante, reivindicadora de los ideales feministas, machistas, marxistas o en el peor de los casos, anarquistas, navegue por Internet obligándoles a interponer querellas por sus “derechos autorales”. ¡Tamaña estupidez!
Los Blogs, Facebook, etc., tienen como único fin y trascendencia, anular a los seres humanos para transformarlos en datos y así medirlos y cuantificarlos: qué gustan, sienten, olfatean y desean. Sabido es que el pueblo chileno, otrora piño de mojigatos, patetas y usanzas traídas por la población más viciosa del viejo continente (al menos algo de risible identidad nos quedaba), se transforma hoy día en un mañoso “sujeto poca cosa” toda vez que el mercado ofrece nuevas fórmulas de auto aniquilación y les son negadas: protesta, exhibe dientes, planea estrategias, insulta, maltrata.
Nadie puede entender que nos está llegando el tiempo del ocaso. La inteligencia, la cordura y el pensamiento, tríada que “antaño” parecía preocuparnos, ahora no es nada más que palabras escritas en viejos libros y que nadie entiende su significado, antes que nada meros escritos en el viento…
