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Agosto 18, 2026

El triunfo de la voluntad

Es un panorama desalentador que prácticamente todos los sistemas filosóficos estén pasados de moda; no lo digo yo, lo demuestran los exegetas del campo. De tal forma se entiende que los mecanismos de producción posmoderna acuñen el término “moda” y bajo su área de análisis, se contempla todo acontecer vinculado al mundo intelectual contemporáneo. No se trata de un análisis Hegeliano donde observemos la filosofía como el mecanismo constructor de verdad para un periodo histórico-social determinado sino sencillamente por la inutilidad del pensar. Ya no devenimos porque somos devenidos…

Existe una clara crisis de sentido en nuestro tiempo; una humanidad reflejada en el espejo de la desidia y el silencio, hundida en la pereza y en el ocaso de la voluntad ¿Quién regenta nuestro devenir, el Yo o las estructuras de poder? Esa pregunta ni siquiera es preciso responderla, en la medida que el mercado y toda su tecnología son los mediadores directos en las relaciones humanas, al punto de que hoy día podemos ver matrimonios pactados a través de Internet y democracias virtuales tuteladas por los grandes poderes económicos que en esta realidad mantienen el sistema de esclavitud y alienación sublimes (aunque tal sublimidad en Chile ya ni siquiera existe: la libertad es reprimida sin ningún empacho)

Para el sujeto actual, Marx es una estupidez ¿Cuándo ha triunfado el comunismo? ¿De qué sirven las habladurías de tamaño “revoltoso”? Se ha transformado en una absoluta pérdida de tiempo el afán por buscar la tan anhelada y utópica “verdad”, en un mundo proclive al relativismo exacerbado, henchido de orgullo por el triunfo de la “opinión” como único mecanismo válido para ejercer la libertad ¿La opinión? ¿Cuál opinión? Pues aquella que espeta todo el populacho entrenado en la idiotez, cuya validez social es segura en la medida que existen Medios de Comunicación e Instituciones completas que acogen a toda esa oda a la simpleza. Ya no hace falta buscar respuesta a nuestras deudas profundas, nuestro cansancio, nuestra inexorable finitud, porque esas preguntas ya se encuentran contestadas por un mercado que se dedica a vender sueños, filosofía, religión y ciencia, siempre en la medida que tales estructuras-abortadas originen cuantiosas ganancias económicas.

Hay quienes se basan en el pensamiento proclive a la ingenuidad, y contemplan al sujeto como un ente capaz de emitir respuestas positivas frente a un mensaje ¡Error fundamental! No en el sentido de una incomprensibilidad del ser humano frente al mensaje pues éste maneja muy bien los códigos, sino porque quien emite “la orden” desde las cúpulas del poder conoce a priori la respuesta de su emisor, no en vano le ha entrenado el pensamiento desde el momento de su apertura al mundo ¿O es que los dueños del poder se dirigen a sus esclavos sin conocer sus siempre “originales” apetencias, deseos y anhelos profundos, mediando para tales fines estudios de mercado y encuestas de “opinión”? De ahí el Triunfo de la Voluntad de unos pocos, y el ocaso de la voluntad de todo el resto…

Latinoamérica conoce bien aquel “Triunfo de la Voluntad”, en la medida que prácticamente todo el continente se ha transformado en el patio trasero de Estados Unidos luego de permanecer ligado –hasta el día de hoy- al pensamiento, poderío y experiencia europea, con una rata fiel como es Chile, nación capaz de vender toda su riqueza al extranjero con el afán de contentar a los “papis” y mantener a una población entera sumergida en la idiotez y la injustica sin límites ¿Qué acaso mientras toda la población se devela filosofando respecto al destino de los protagonistas del Reality Show de moda, nuestros representantes ofertan en todo el mundo las posesiones nacionales que en última instancia sólo enriquecerán aún más a las 5 o 6 familias dueñas de absolutamente todo, de nuestro espacio público y privado?

Con ese panorama ¿De qué sirven las filosofías? Para nada. El existencialismo como tal ya se anula por sí mismo en la medida que sólo precisamos contemplar la realidad para darnos cuenta que nuestra vida carece de sentido, de objetivo final. La vida ya se explica por sí misma tras la adquisición de una estufa que mantendrá el calor del “hogar” lo que sin duda es útil para conservarnos saludables y así rendir en el trabajo: vivimos para regentar una ciencia “instrumental” cuyo fin es extender nuestra existencia ¿Para qué? ¿Por qué? ¡Cuán afortunados aquellos que todavía mantienen la fe! Su venerable y naíf torpeza es la única esperanza para el mundo de la destrucción: mantener viva la creencia en aquello que no existe es la señal clave de nuestra crisis y angustia.

Que las filosofías ya no tengan validez por cuestiones exógenas –pero jamás por sí mismas- es una realidad predecible, sin embargo la máxima puerilidad en nuestro tiempo es la costumbre ultra neoliberal que ora respecto al revival de filosofías del pasado. El Budismo ya ha surgido como alternativa para toda una orla de débiles que ponen sus ojos en costumbres centenarias provenientes de otros contextos, de tal manera la figura del asceta nuevamente está “en agenda” ¿Qué es el asceta en última instancia? Nada más que un resentido de la vida, un sujeto con un inconmensurable desprecio de sí, lo que lo impulsa a cometer crímenes contra su propia condición humana: “no come carne”, “¡Dios mío el karma!”, “La paz en el mundo”…

Y los hay occidentalizados. Hace poco leía una columna aparecida en El Mercurio, de un abogado que defendía el fallo del TC respecto a la píldora del día después amparándose en el derecho (¡Y es que todavía tenemos ley de Amnistía!) y la “Filosofía”, basándose en la metafísica aristotélica para explicar que desde el pensamiento filosófico el respeto por la vida está bien -su concepto vital por supuesto- y de tal forma esl fallo estaría bien bien (Por supuesto Marx, Nietzsche, Marcuse, Adorno, Foucault, etc., no son filósofos…)

Nuestra crisis de sentido parece no tener respuesta. En Chile la izquierda alguna vez quiso ocuparse del sufrimiento humano pero tal anhelo rápidamente fue destruido por quienes “defendieron el honor de la patria”. Hoy día tenemos presidenta socialista y un sinnúmero de lacayos, pero no debemos engañarnos: lejos de alivianar el padecimiento del sujeto “devenido” actual, nuestro gobierno tiene como única labor tutelar los mecanismos que influyen en el desencantamiento moderno y mantener la existencia hueca y sin sentido de más de 15 millones de personas ¿Y qué debemos hacer nosotros al respecto?

anibal.venegas@gmail.com