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Agosto 18, 2026

Homenaje a María Linarejos

María Linarejos Ruiz (1963-2008), originaria de Jaén, ha fallecido esta madrugada en la ciudad de Valdivia, sur de Chile.
 
Quien más que este escriba que hace sonar un clarín de amor sempiterno, que tantos intentaron acallar,
puede dar la infausta noticia, deshecho en hilachas de sangre mi corazón, inhumado en el de ella y su alma,
envuelto en la niebla, en el humus celeste desde donde vino en un sueño antenoche a anunciarme su marcha,

quién estaba en capacidad de sentir como ella,
ni yo ni nadie, ni las mafias de poder, de estafetas, de impostores, de comediantes de estampillas de letras de molde, aquellos que la odiaron e injuriaron, que la vejaron en su pureza y justeza a la vez que le negaron un mínimo espacio para que ella regalara las primigenias palabras, ésas que en su intuitivo arte, en sus versos que escribía en trance, en angustias suprahumanas, que siempre afirmó que el verdadero poeta debía “empeñar” su ALMA en “sí misma”, en la tarea de la lucha porque el mundo despertara, y conociera los inmensos secretos que le eran confiados desde el Universo Más Lejano, que está más allá de lo sabido. Sólo Ella.

María Linarejos sufrió en este país, sus labios eran “saciados” con el dolor, con el veneno de los canallas, pero ella devolvía solamente amor, amor a todo lo viviente, al que muerto en vida quisiera escucharla, con esa voz pastosita, de pastora de los bosques del Sur del fin del planeta, que abrazaba y besaba a los bosques sollozando, que amaba países de deleites, elixires célicos.
 
Nos ha legado catorce obras, dos de ellas publicadas con su esfuerzo personal en la miseria, con su sangre, con una pluma venal, dulce, que corría suave en susurros por las hojas con tinta verde, como musgo, semillando y sembrándonos de rizadas emociones, de sentimientos superiores y generosos.
 
“Lo que se adhiere al no olvido”, asolada de soledad ya, apartada no por sí, sino por los estafetas, y “Existencias Invisibles”…la más dolorosa paradoja poética premonitoria de su sino de artista, están en algunos lugares de este país del océano pacífico, y las olas la arrullan, la acunan, en miles de plumitas, como esos pavos reales que maravillaban su belleza, Belleza imperecedera, la suya.
 
Debo querellarme y hacer Justicia con La Maestra que pisaba entre rastrojos de difuntos, que tocó todas las puertas de este infrasuburbio inhumano, que a riesgo de su familia partió a España a luchar por lo suyo, y que la mafiosa letra oficial del fascismo no la dejó prender la rosa en los labios resecos de los “poetas” de su patria.
 
Enmudecida, condenada por la ternura, por los fachistas y revoltosos ansiosos de fama y dinero y poder, ha muerto María Linarejos Ruiz, tal su destino de vate verdadera, de dardo célico lanzado por los dioses a dar en nuestras sangres y quedarse en ella para siempre.
 
Lina, Oh la Sola, del soliloquio, mi amada hermana, me lega la responsabilidad de velar su pluma, para que no vuelva a morir, en el rescate de su espíritu para que este Sordo País y la Pútrea “Madre” España sean acusados de infamia y canallismo contra LA MÁS CONMOVEDORA, humana entre humana, diosa entre númenes.
 
Lina se ha esfumado, pero su cuerpo, que será ojos abiertos en los bosques de Valdivia, estarán mirándonos en su mítica estada en la tierra, en la leyenda que prosigue, porque Profeta de versos clariVidentes, va lanzada por el aire, ya perdida en lo no perdido, ad’Herida al no olvido, Existente ahora en su Invisibilidad.
 
Lina, amada compañera, mi lira, de tus lecciones de cuerdas de sangre, te despido, hermana, te beso el cuerpo despojado y encomiendo una oración imposible, un ruego a las potesdades y las edades que en ti nunca tuvieron lugar.
 
Loor a MARÍA LINAREJOS RUIZ, loor y gloria AL ALMA Más qu’ herida, a una llaga en que ella transmitió su poesía, y el sino se cumple para la genia, vida breve y fecunda.
 
El que tenga un oído súper sónico, aquellos de cera arrancada, que Escuche su voz para levantarnos a todos de las cal en que nos hallamos sepultados, de su impecable existencia QUE DEBEMOS APRENDER A VER. A VER.
 
Nos vemos, Lina, querida, nos VEMOS, ah mi amada hermana. Nos vemos, te estoy viendo reír a las puertas del Hospital de La Tierra, tocando a rabiar mis locas cuerdas.
 
Mauricio Otero