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Agosto 18, 2026

Por un breve tiempo

Creí poseer el mundo por el solo hecho de mirarlo. Esa ilusión me hizo feliz. Los fenómenos allí ocurridos se reflejaron en mi vista y tuve el noble propósito de hacer de ellos un fiel relato, cuestión que simplemente fracasó, pues entonces no disponía de las palabras adecuadas.


Entre aquel paisaje y mis ojos, la verdad sea dicha, se interponía un gran abismo.


A modo de allanar el camino, quise colmar con objetos ese vacío interminable. Y lancé por largo tiempo hacia él, miles, de todas formas y tamaños.


Tal era la visión de las cosas,  solo había ecos  retumbando en el aire desierto.

          

Sin saber ni como, con el tiempo distinguí  cada cosa por su propio sonido. En adelante no fue necesario tener a la vista la cruda realidad.


Al emitir las voces pertinentes, se daba por supuestos los hechos que estaban ocurriendo.


Decía flor, cordillera, ave, guerra. Lo que se me pasara por la mente nombraba. Y comenzaba la acción. Todo parecía perfecto, salvo que con el pasar de los años, las palabras experimentaron alteraciones.


Así fue, que un concepto determinado devino en otro cualquiera, produciéndose una confusión insalvable.


Tomando en consideración el desarrollo de los sucesos resolví mejor la vuelta al punto de partida.


Pero el paso del tiempo no es en vano, permite avanzar, nunca retroceder.


Y como Adán expulsado del paraíso, crucé el umbral con la idea de reencontrarme con el hilo conductor. Con la llave que hiciera posible descifrar el texto de los sueños.