A pesar de los obstáculos y de las limitaciones de la coalición, los gobiernos de Concertación han realizado una obra apreciable. Es un desatino desconocerla. También lo es creer que lo hecho es suficiente, y luego concluir que el camino hacia adelante es el mismo de los últimos veinte años porque no hay otro y hay que conformarse.
El conformismo no se aviene con la condición de socialista. Es cierto, la política es un ámbito donde las posibilidades no las determina sólo la voluntad. Pero no hay política socialista sin tensión utópica, sin un horizonte de grandes esperanzas.
¿Nos satisface lo logrado? Pensamos que no. Debemos mirar al futuro, renovar un proyecto para Chile y proponernos un renacimiento del Partido Socialista para potenciar su valiosa herencia de lucha, de creatividad y de honestidad política.
El XXVIII Congreso debe levantar una propuesta de entendimiento con todos los sectores sociales y políticos de centro y de izquierda, que también atraiga a por lo menos una parte de los millones de chilenos y chilenas, especialmente jóvenes, que por rebeldía o desconfianza no ejercen el sufragio.
Termina un ciclo, se inicia uno nuevo. De parte nuestra se precisa un giro destinado a reconstruir coincidencias en la izquierda, indispensables para acrecentar la fuerza social y la participación, y a generar un amplio entendimiento que aísle al poder económico concentrado y sus representantes políticos. No es una idea nueva. En los últimos diez años varios socialistas la han planteado. Hoy es oportuna e ineludible.
La base de este nuevo pacto democrático y popular debiera ser un proyecto de país que recoja las esperanzas y justas aspiraciones del mundo popular. Sólo una iniciativa que enfrente los grandes retos de hoy y que aglutine a fuerzas mayores que las que hemos convocado hasta ahora, será capaz de derrotar a la derecha. Para lograrlo no basta un proyecto de poder. Se requiere un nuevo proyecto político para el país.
Al menos tres materias pudieran ser el punto de partida: una, realizar las tareas pendientes contenidas en el Programa presidencial de 1989, como por ejemplo terminar con la exclusión política, perseverar en hacer justicia en materia de derechos humanos y revertir la espiral de desigualdades. Dos, definir una política de defensa y recuperación de nuestras riquezas básicas y naturales, entre ellas el cobre. Tres, impulsar la gestación de una nueva Constitución que, aprobada mediante el voto ciudadano, haga plena la democracia y establezca los derechos políticos, económicos y sociales de todos los chilenos y sus mecanismos de protección.
Proponemos que el Partido Socialista sea el articulador de este nuevo pacto y que el Congreso encomiende a la dirección partidaria que será electa en abril próximo plantear estas ideas a todas las organizaciones sociales más significativas y a los partidos Demócratacristiano, por la Democracia, Radical Social Demócrata, Comunista, Humanista y otras agrupaciones y movimientos de izquierda sin representación parlamentaria.
Jorge Arrate
Ex presidente del Partido Socialista
Sergio Aguiló
Diputado
