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Agosto 18, 2026

Homenaje a Patricia Verdugo

Patricia murió a las 22:30  del domingo 13 de enero en el décimo piso de la Clínica de la Universidad Católica. Había dicho muchas veces que no quería morir, que quería seguir escribiendo, “Quiero ser abuela!”, pero a medida que el cáncer fue ensanchando su estómago y encorvando su cuerpo,  tuvo que perderle el miedo a la muerte, empezar a poner todo en orden y preparar la separación de sus tres hijos. No alcanzó a enterarse que una hora antes su hijo Diego y su polola habían sido arrollados por un auto que al no respetar  la luz roja  se incrustó directamente en el puesto del chofer matando instantáneamente a Carla que la había acompañado esa tarde.

Señor Presidente:

 “El caso de los detenidos desaparecidos no corresponde ni a invenciones propagandísticas ni a muertes por enfrentamientos. Se trata de chilenos y chilenas que fueron secuestrados y luego desaparecieron”. 

Con estas palabras nuestra homenajeada Patricia Verdugo Aguirre junto a Claudio Orrego, registraron en 1980 páginas irrefutables y el doloroso testimonio de los familiares cuyo dolor aún en estos días es una herida abierta, dolor que como expresaba Patricia, “sólo sanará con la verdad y la justicia, pues lo contrario será mañana vergüenza colectiva de todos los chilenos por haber sido incapaces de asumir esta tragedia con elevación y coraje”.

Patricia Verdugo, curso sus estudios en la Escuela de Periodismo de la Pontificia Universidad Católica de Chile donde se graduó a los 21 años de edad. Desde 1969 hasta el golpe militar de 1973 se desempeñó como asistente de Relaciones Publicas de la Escuela Militar; entre 1974 y 1977 en la revista Ercilla, entre 1977 y 1986,  en la revista Hoy, y durante 1986 y 1990, trabajo en la revista Apsi.

Patricia Verdugo, era una mujer de una extraordinaria fortaleza, pues convivió con el terror y el dolor gran parte de su vida, como demuestra una entrevista que relata su experiencia el día del golpe de estado “…al atardecer, comenzamos a destruir revistas, discos, documentos. Ya éramos presa del terror y entendíamos que había comenzado una pesadilla de persecución…

” esto es el preludio del horror, pues, años mas tarde su amado padre, don Sergio Verdugo Herrera, constructor civil, dirigente sindical, democratacristiano, desapareció un frío atardecer de invierno de 1976. Su cuerpo fue encontrado en el río mapocho.

Patricia estuvo amenazada de muerte y cuando le preguntaron donde le gustaría vivir respondió que en Nueva York o en la Isla de Pascua, pero “soy mapuche por estructura psicológica y Chile es mi tierra”. A pesar de sus dolorosas perdidas, Patricia nunca abandonó ni su trabajo ni su país.

Pero su gran legado profesional, es el periodismo investigación, pues, es autora de varios libros de esta índole, entre estos el ya citado “Una herida abierta”, sobre detenidos desaparecidos, en coautoría con Claudio Orrego; “André de La Victoria”, sobre el sacerdote francés André Jarlán, muerto en 1984 por una bala disparada por la Policía, que reprimía una manifestación opositora; “Rodrigo y Carmen Gloria: quemados vivos”; “Operación siglo XX” en coautoría con Carmen Hertz, sobre el atentado que en 1987 sufrió Pinochet e “Interferencia Secreta”, entre varios otros, el más íntimo “Bucarest 187”, tal vez el más difícil y duro para ella, en que da cuenta de la desaparición de su padre.

Su mayor éxito editorial lo consiguió con “Los zarpazos del Puma”, publicado en 1985, sobre la llamada Caravana de la Muerte, una misión militar que recorrió Chile semanas después del golpe del Estado que instaló a Pinochet en el poder, en septiembre 1973. Esa caravana recorrió el norte y sur de Chile a bordo de un helicóptero Puma, ejecutando a su paso de forma sumaria a 72 prisioneros políticos.

El libro, que inicialmente circuló de forma clandestina, se convirtió posteriormente en un gran éxito editorial. Pero, más importante, el texto fue adjuntado a la investigación que en 1998 abrió el juez Juan Guzmán Tapia en contra de Augusto Pinochet, en la primera querella que se presentó en los tribunales chilenos en contra del ex dictador, quien fue procesado y estuvo bajo arresto domiciliario por este caso.

Como bien señala Eduardo Galeano “la justicia y la memoria son lujos exóticos en los países latinoamericanos, nos han acostumbrado al desprecio de la vida y la prohibición de recordar”, es por eso, que el verdadero significado de “Los Zarpazos del Puma” más que reparar dolores propios, fue la primera vez que alguien se atrevió a hablar fuerte y claro –de la Caravana de la Muerte, de las violaciones sistemáticas a los Derechos Humanos, de la necesidad de hablar para poder denunciar, pues denunciar en dictadura, era cosa de valientes. Y ese camino eligió Patricia Verdugo Aguirre; el camino de la defensa de los derechos humanos, el camino que ponen exaltan otra vez, los versos de Solyenitzin y que la misma Patricia lo cita y que remarca el sentido de la investigación: “Hubiese podido descansar, relajarme, respirar, pero el deber para con los muertos no me da tregua: ellos murieron, tú vives.  Cumple con tú deber a fin de que el mundo sepa todo aquello”

Su compromiso la lleva en 1983 a asumir la presidencia del Colegio Metropolitano de Periodistas y también junto a Olivia Monckeberg y María Rozas crean el movimiento mujeres por la vida, un movimiento capaz de mostrar el descontento y protesta de la mujer chilena por las graves violaciones de los derechos humanos.

El reconocimiento a su brillante ejercicio de la profesión la lleva a ser traducida en varios idiomas, y a recibir en el año 1993 el galardón en Estados Unidos con el Premio María Moors Cabot, el mayor reconocimiento que se le otorga a un periodista extranjero. Luego, en 1996, recibe  el Premio de la Academia Chilena de la Lengua y en 1997 el Premio Nacional de Periodismo. El año 2000, es reconocida con el premio otrogado por LASA  (Latin American Studies Association). En 2004 fue nominada por el movimiento de mujeres chilenas para el Premio Nobel de la Paz, en una iniciativa mundial que incluyó a mil mujeres.

Pero Patricia fue más que una periodista de excelencia, fue una persona valiente de esas imprescindibles, y merece no sólo este, sino todos los homenajes que sea posible realizar… pero existe el más importante y corresponde a toda la sociedad chilena, la verdad y la justicia por aquellos por los que siempre luchó.

Honorable Cámara de Diputados:

Quisiera citar parte de las palabras de Odette Magnet, su gran amiga, al momento de despedirla y que nos retrata tan bien de quien estamos homenajeando:

 “Cierro los ojos y regresa el eco de tu risa, capaz de despertar a los muertos, contagiosa, que nacía desde abajo, subterránea, y subía en borbotones alegres en una cascada de agua fresca. Pero que nadie se llame a engaño porque bajo esa apariencia menuda y frágil, latía una guerrera, la más fiera y valiente que hayamos conocido nunca. Tu voz era suave, tu trato gentil pero cuando abrías la boca para afirmar, para preguntar, para denunciar, para aclarar y advertir había que ponerse el cinturón de seguridad porque sin pedir permiso ni previo aviso, se abría paso la samurai, empeñada en librar la batalla, todas las batallas, la tuya y la de otros, hasta el final”.

Y sacaste tu voz, esa voz, que aprendimos a reconocer con el paso de los años. No estuviste sola: muchos nos reconocimos en el compromiso que exigía fin a la represión y respeto por el humano.

Perdiste, Paty, la última batalla. La vida te torció, una vez más la mano…pero al final la victoria fue tuya y el privilegio nuestro… porque dejaste una huella profunda, marcada a fuego, porque tocaste la vida de tantos y tantas dentro y fuera de Chile, tu patria que tanto amaste… agradecidos por lo que fuiste y por lo que te negaste a ser.
 
            A nombre de la Bancada del PS, recordaremos tu sonrisa franca y tus ojos bien abiertos.  
 
            Decimos Patricia Verdugo, Presente!
 

           *Discurso de la diputada Isabel Allende en la Cámara de Diputados. El texto está dirigido especialmente a  la “querida familia de Patricia, sus hijos, amigos, colegas, Edgardo Marín, Luís Matte, ex Ministro del Presidente Salvador Allende”.