Si los precios se han ido a las nubes en algunos sectores no es porque el banco central haya inyectado, desde el verano pasado, más liquidez para salvar del desastre a los bancos privados, sino por razones específicas de los mercados del trigo, de la leche, de la energía, de la vivienda y de la gran distribución.
De modo que el alza de los precios de las materias primas agrícolas y energéticas pesa sobre los costes de producción de las empresas que las utilizan. Estas últimas repercuten esta alza sobre sus propios precios afin de preservar sus beneficios. Algunas se aprovechan incluso para aumentar sus márgenes, como en el sector agroalimentario y la gran distribución. Los economistas dicen que este tipo de inflación, que viene de los costes de producción, es de origen estructural y en ningún caso monetario.
Para cada tipo de inflación, una solución estructural apropiada
Qué hacer entonces frenta a este tipo de inflación? Frente a una inflación estructural, una política que influencie la formación de los precios de los sectores concernidos se estima apropiada. Por ejemplo, la inflación debida a los costes salariales que prevalecía en los años 70 fue vencida por las políticas de rigor salarial, que prosiguen aún con exceso.
El alza de los precios de la energía, por su parte, necesita una reflexión para salir del “todo petróleo”. El compromiso del sector público en favor de las energías renovables debe transformarse en una prioridad nacional. Para luchar contra el alza de los precios del trigo y la leche, hace falta una puesta al día de la política agrícola común.
La política de vivienda debe a su vez ser repensada. Finalmente, por bienvenida que sea, la apertura a la competencia en la gran distribución parece ilusoria habida cuenta de los acuerdos oligopolísticos ya constituídos. Habrá que venir a un cierto control de los precios al detalle, o inventar un servicio de interés general de la distribucion.
¡Sobretodo que no intervenga el banco central!
Frente a este tipo de inflación, de origen no monetario, la peor de las soluciones sería que se mezcle el banco central. Su primer reflejo sería apretar la política monetaria para reducir la demanda que piensa estar en el origen de la inflación, cuando el crecimiento europeo ya es el más débil del mundo. El nivel excesivo de las tasas de interés mantendria una crisis del crédito a la hora en que los bancos sufren la desventura de los subprimes. Provocaría una nueva apreciación del euro frente al dólar, fenómeno del cual hasta las empresas alemanas comienzan a sufrir. Recordemos que ayer un euro se cambiaba contra 1,50 dólar.
Aquellos que reclaman la apertura del prohibido debate sobre los objetivos de la política monetaria no son unos demagogos. Si no llegan hasta ahí, eminentes economistas, reunidos en torno al premio Nóbel Robert Solow, acaban de lanzar un llamado por una verdadera política macroeconómica en Europa. Tenemos el derecho de esperar que este debate se abra al fin, con el inicio de la presidencia francesa de la Unión Europa en julio próximo.
El proverbio del día : «¡En Francia no tenemos petróleo, pero tenemos ideas!»
“Marianne2” – 28/02/2008 – traducción del francés de Luis Casado
