En política, se dice, “una semana es mucho tiempo”. Sin embargo, todo parece indicar que Obama será el candidato presidencial demócrata y muy probablemente el próximo inquilino de la Casa Blanca. No solamente se impuso con holgura en Hawai, estado en que nació, y cuya campaña fue dirigida por su hermanastra, Maya Soetoro (su padre es indonesio), quien es casada con un canadiense de origen chino. Una nueva demostración de que Obama materializa el tan alabado mito de que los Estados Unidos son un crisol de razas (melting pot).
También venció en Wisconsin, un estado blanco, en el que se impuso 58% a 41%. Y lo logró erosionando las bases sociales de Clinton. Casi la alcanzó entre las mujeres blancas, y la sobrepasó, con creces, entre los varones blancos y, en menor medida, entre los que se declaran demócratas, los católicos blancos, los miembros de sindicatos, y los votantes maduros (de 50 a 60 años de edad) y con ingreso medio-bajo (de 30 a 50 mil dólares al año).
Además, en las primarias de Wisconsin, donde los votantes pueden elegir por que partido votar, en la demócrata lo hicieron 1.110.000, mientras que en la republicana sólo participaron 409.000 ciudadanos, es decir, menos de los que votaron por la derrotada Clinton. Al respecto hay que tener presente que en la final presidencial de 2004, Kerry ganó a Bush, en ese estado, 1.490.000 a 1.478.000 votos.
En otras palabras, mientras los demócratas tuvieron un participación récord, los electores republicanos desaparecieron, al igual que en los otros estados en que han habido primarias y asambleas partidistas. Y este dato es más importante en este caso. Wisconsin es uno de los estados en que se concentran los llamados “demócratas por Reagan”, es decir, obreros blancos, sin cuya conversión los republicanos carecen de toda opción.
A ello se añade que, en enero, Obama logró sumar a su caja electoral 36 millones de dólares, gracias a más de 300 mil contribuyentes, cifras que no tienen precedentes en la polìtica norteamericana, y que contrastan con los 13,5 millones que obtuvo Clinton y los 12 millones de McCain.
¿Cómo se explica que el bergantín Obama no corta el mar, sino vuela?
En EE.UU. hay un profundo descontento con los resultados de la política económica “libertaria”, a la Milton Friedman, y la militarización de la política exterior, que encabezan Bush, la plutocracia y los neoconservadores.
McCain también es halcón y obseso con el terrorismo de los extremistas islámicos, que solamente tendría una solución militar. En materias económicas, su aspecto más débil, se limita a repetir un discurso en contra de los impuestos y el Estado. Además es un personaje irascible, lo que es muy raro entre los políticos norteamericanos, e incluso algunos de sus colegas republicanos en el Senado lo han calificado, textualmente, de termocéfalo.
La respuesta de los dos principales candidatos demócratas es el tradicional social liberalismo, financiado con la derogación de las franquicias tributarias otorgadas a los ricos; un aporte que es atribuible a John Edwards, quien se retiró del proceso electoral.
No obstante, Obama también nos recuerda un dejo del Nuevo Trato roosveltiano. Propone, por ejemplo, bancos de fomentos para el desarrollo de energías no convencionales renovables y la reconstrucción de una deteriorada infraestructura física en razón de la disminución del gasto fiscal.
Recordemos que durante la segunda posguerra, la dosis de planificación de la economía se limitaba a las consecuencias civiles de los gastos en investigación y desarrollo financiados por el presupuesto de defensa. Y que la seguridad nacional se invocó incluso para construir la red federal de autorutas. Los bancos de fomento no eran parte del lenguaje político.
En política exterior, Obama insiste, a pesar de las críticas de Clinton y McCain, de que conversará y negociará no solamente con los amigos sino también con los enemigos y que la seguridad de su país depende de la conciliación e institucionalización internacionales, que deberían liderar. Propicia un reencuentro con el mundo. No renuncia a la legítima defensa, pero si rechaza las acciones militares preventivas; también las disfrazadas de anticipaciones, como fue el caso de Irak.
En otras palabras, McCain y, en menor medida Clinton, fundan sus proyectos en una cultura del temor, propia de una era conflictiva, en un mundo que sería cada día más hobbesiano y sobre el que penderían armas de destrucción masiva en manos de terroristas suicidas.
Obama, en cambio, nos recuerda más bien la famosa frase de Franklin Delano Roosevelt, cuando fue elegido presidente en 1932, “Lo único que debemos temer es el temor mismo”. Piensa que el mundo, al igual que los nacionales de países de verdad en desarrollo (China e India, por ejemplo), es más bien una promesa que una amenaza, un reflejo incluso de su historia personal.
Y esa es precisamente la distancia entre la juventud y el ocaso de vidas fracasadas. Al parecer, Estados Unidos ahora se inclina por la primera.
Además, en las primarias de Wisconsin, donde los votantes pueden elegir por que partido votar, en la demócrata lo hicieron 1.110.000, mientras que en la republicana sólo participaron 409.000 ciudadanos, es decir, menos de los que votaron por la derrotada Clinton. Al respecto hay que tener presente que en la final presidencial de 2004, Kerry ganó a Bush, en ese estado, 1.490.000 a 1.478.000 votos.
En otras palabras, mientras los demócratas tuvieron un participación récord, los electores republicanos desaparecieron, al igual que en los otros estados en que han habido primarias y asambleas partidistas. Y este dato es más importante en este caso. Wisconsin es uno de los estados en que se concentran los llamados “demócratas por Reagan”, es decir, obreros blancos, sin cuya conversión los republicanos carecen de toda opción.
A ello se añade que, en enero, Obama logró sumar a su caja electoral 36 millones de dólares, gracias a más de 300 mil contribuyentes, cifras que no tienen precedentes en la polìtica norteamericana, y que contrastan con los 13,5 millones que obtuvo Clinton y los 12 millones de McCain.
¿Cómo se explica que el bergantín Obama no corta el mar, sino vuela?
En EE.UU. hay un profundo descontento con los resultados de la política económica “libertaria”, a la Milton Friedman, y la militarización de la política exterior, que encabezan Bush, la plutocracia y los neoconservadores.
McCain también es halcón y obseso con el terrorismo de los extremistas islámicos, que solamente tendría una solución militar. En materias económicas, su aspecto más débil, se limita a repetir un discurso en contra de los impuestos y el Estado. Además es un personaje irascible, lo que es muy raro entre los políticos norteamericanos, e incluso algunos de sus colegas republicanos en el Senado lo han calificado, textualmente, de termocéfalo.
La respuesta de los dos principales candidatos demócratas es el tradicional social liberalismo, financiado con la derogación de las franquicias tributarias otorgadas a los ricos; un aporte que es atribuible a John Edwards, quien se retiró del proceso electoral.
No obstante, Obama también nos recuerda un dejo del Nuevo Trato roosveltiano. Propone, por ejemplo, bancos de fomentos para el desarrollo de energías no convencionales renovables y la reconstrucción de una deteriorada infraestructura física en razón de la disminución del gasto fiscal.
Recordemos que durante la segunda posguerra, la dosis de planificación de la economía se limitaba a las consecuencias civiles de los gastos en investigación y desarrollo financiados por el presupuesto de defensa. Y que la seguridad nacional se invocó incluso para construir la red federal de autorutas. Los bancos de fomento no eran parte del lenguaje político.
En política exterior, Obama insiste, a pesar de las críticas de Clinton y McCain, de que conversará y negociará no solamente con los amigos sino también con los enemigos y que la seguridad de su país depende de la conciliación e institucionalización internacionales, que deberían liderar. Propicia un reencuentro con el mundo. No renuncia a la legítima defensa, pero si rechaza las acciones militares preventivas; también las disfrazadas de anticipaciones, como fue el caso de Irak.
En otras palabras, McCain y, en menor medida Clinton, fundan sus proyectos en una cultura del temor, propia de una era conflictiva, en un mundo que sería cada día más hobbesiano y sobre el que penderían armas de destrucción masiva en manos de terroristas suicidas.
Obama, en cambio, nos recuerda más bien la famosa frase de Franklin Delano Roosevelt, cuando fue elegido presidente en 1932, “Lo único que debemos temer es el temor mismo”. Piensa que el mundo, al igual que los nacionales de países de verdad en desarrollo (China e India, por ejemplo), es más bien una promesa que una amenaza, un reflejo incluso de su historia personal.
Y esa es precisamente la distancia entre la juventud y el ocaso de vidas fracasadas. Al parecer, Estados Unidos ahora se inclina por la primera.
